FICHA TÉCNICA



Título obra Edipo Rey

Autoría Sófocles

Dirección José Solé

Elenco Patricio Castillo, Cristina Michaus, Óscar Narváez, Leandro Martínez, Sergio Rey

Escenografía José Solé

Iluminación Ángel Ancona

Vestuario José Solé

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Bruno Bert, “Primavera griega”, en Tiempo Libre, núm. 1053, 13 julio 2000, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Primavera griega

Bruno Bert

Los griegos se han puesto de moda. Era hora, aprovechemos el momento para ver algo de todo lo que no fue sino literatura durante las últimas décadas, tan parcas para remontar a los clásicos de ese origen.

Hasta el presente, el preferido había sido Euripides, hecho comprensible porque de los tres grandes trágicos es el más cercano a nuestra sensibilidad por el perfil que les da a sus personajes y el tratamiento de sus tramas. Pero ahora José Solé nos trae a Sófocles, con la más famosa de sus obras: Edipo Rey, en una versión bastante más suntuosa, con un muy nutrido elenco participante. Desde La Orestíada —hace ya unos quince años— no veía a este importante director acercarse a materiales de este tipo, que él maneja con gran destreza y una particular libertad. Creo que valió la pena esperar.

Una de las ventajas que tiene Edipo Rey, es que la mayoría del público que se acerca ya conoce perfectamente la anécdota de lo que va a presenciar, el tema del asesinato del padre y el incesto con la madre ha trascendido épocas, estilos y gustos. Eso lo libera, y le permite concentrarse en las maneras de transmisión y en la calidad de la puesta. De todas formas, en previsión de públicos menos informados, el maestro Solé precede el montaje con un prólogo que cuenta la historia de la familia, lo que habitualmente se llama el "ciclo de la casa real de Tebas", integrándolo formalmente con el resto aunque diferenciándolo lo suficiente como para se advierta que no hace parte de la obra original de Sófocles.

No vale la pena extendernos mucho sobre el texto del autor griego, pero podemos recordar como curiosidad que alguna vez se creyó que lo de "Rey" era un agregado al nombre original de la obra, que sería simplemente Edipo, y que hacía mención a la importancia de la pieza y no al rango del protagonista. Sin embargo no obtuvo el primer premio en su estreno ante los griegos, elemento que tal vez quedó compensado por el hecho de ser la tragedia preferida de Aristóteles, que la usa como ejemplo en su preceptiva. Es decir que indudablemente es uno de los puntos más altos de la dramaturgia tanto griega como universal.

Solé, al que además se le debe el diseño de la escenografía y el vestuario, prefiere un espacio evocador a la reproducción de lo que presuntamente usaron los griegos en sus representaciones al aire libre. Naturalmente la acción sucede en la plaza donde se encuentra enclavado el altar, frente al palacio de los reyes tebanos, presididos por las estatuas de los dioses. Pero todo se halla texturizado —el suelo con hojas, los muros por el paso del tiempo y las ropas por las telas y colores elegidos— de manera tal que la grandiosidad distanciadora del género se encuentra amortiguada por la calidez del entorno. Creo que ésa es una de las grandes habilidades de este maestro: conociendo perfectamente a los clásicos y habiendo trabajado mucho dentro de lo que tradicionalmente se llama "teatro comercial", sabe hallar un equilibrio que favorece el montaje de Sófocles o de Shakespeare sin traicionar el prisma original pero agregando aquello que permite al público en general la apreciación y el gusto por lo que se le entrega. La asistencia, generalmente bastante nutrida, suele aplaudir de pie, y se lleva a Edipo como algo entrañable. No es poco, aunque irrite a algunos un tanto puristas.

Tal vez el punto más débil en este caso son las actuaciones, porque es difícil manejar al mismo tiempo el tono de la tragedia y darle a éste un aliento emotivo cercano al melodrama, como el que subyace en casi todos. La tensión entre ambas polaridades vuelve por momentos demasiado gritada la escena. Sobre todo en el protagónico, encarnado por Leandro Martínez, que debe hacerse cargo de un personaje cargado de ira. Yocasta, con una menor presencia, se encuentra a cargo de Cristina Michaus, más equilibrada en su trabajo. Oscar Narváez es Creón, manejando una posición actoral intermedia entre los anteriores. Interesante el trabajo de los coros por la dinámica que imprime a toda la puesta y que también se encuentra a cargo del maestro Solé.

En definitiva, aprovechemos esta primavera griega que seguramente será breve y no suele darse con frecuencia.