FICHA TÉCNICA



Título obra Última llamada

Autoría Cazés, Ilya

Dirección Sergio Galindo

Elenco Emilio Guerrero, Alfonso Cárcamo

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Más que una obra, una excusa”, en Tiempo Libre, núm. 1048, 8 junio 2000, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Más que una obra, una excusa

Bruno Bert

El espacio del foro Sor Juana fue reinaugurado después del largo receso por la huelga (al menos en su primer parte, que aún no parece terminada la cosa) con una obra de autor nacional de un claro carácter experimental. Me refiero a La última llamada de Ilya Cazés, bajo la dirección de Sergio Galindo.

El autor es actualmente secretario académico del CUT y acaba de hacer un pequeño papel en una de las últimas puestas de José Ramón Enríquez. Es decir, que se trata de un joven escritor muy vinculado a los procesos formativos y lo que ello exige tanto a actores como a dramaturgos. De hecho, tengo entendido que este material fue ya estrenado como trabajo de estudiantes hace algunas temporadas, aunque no tuve oportunidad de verlo entonces. No se trata de la misma puesta, ya que ahora se cuenta con un prestigiado foro de la Universidad, un conocido director y un plantel de actores profesionales.

La última llamada más que una obra es una excusa. Digamos que una excusa inteligente para jugar con los elementos que componen el teatro como tal, desde el texto hasta la relación con el público pasando por el manejo de un espacio que se hace y deshace ante la mirada del espectador. Es claro que los antecedentes que mencionamos para el autor dan la clave de este juguete escénico. Un arco de complicidades que posiblemente pueda disfrutar (o fastidiar) a cualquiera, pero que lo hace por partida doble si los cómplices de platea son gente involucrada con lo teatral desde cualquiera de las perspectivas posibles además de la tradicional de espectador.

La excusa anecdótica es la carencia de obra, lo cual implica un doble guiño que a veces resulta muy afortunado y en otras un tanto ingenuo, no sólo en el sentido de recurso, sino también en tanto experiencia. Pensemos que desde Pirandello hasta nuestros días son variadas las "obras inexistentes o imposibles" que han servido de base a más o menos afortunadas representaciones. Aquí, un accidente de tránsito ha dejado varada a la compañía a 50 kilómetros del teatro y el autor exige que no se suspenda la obra sino que se improvise otra a partir de los faxes que vaya mandando por el camino a medida que se le ocurra alguna trama. El único actor presente deberá acudir a la complicidad de un técnico para llevar a escena este capricho sobre aquello de que la función debe continuar, en una relación directa y estrecha con un público que ya ha entrado en sala y al que se menciona de manera abierta y explícita.

Naturalmente, este desmantelar de toda la estructura dramática le permite a Gazés esbozar por un lado tuna línea muy lúdica; jugar por otro un ping-pong de sobre entendidos dedicados a cualquiera y cada uno de los róles convencionales del teatro; permitirnos un poco de filosofía o mejor, de poética filosófica al estilo de Paz o de Borges, y por último ahorrarse prácticamente toda la producción, ya que no hay absolutamente nada en escena. No es poco, aun si no siempre el juego resulta igualmente afortunado y por momentos a fuerza de humildad no se vuelve un tanto soberbio.

Es claro que la dirección de Galindo es fundamental, sobre todo porque no se deja sacar nunca del juego, cosa que sería relativamente fácil en un caso como este, e insiste en un ritmo que sólo se corta bajo necesidades de la misma obra, provocando caídas bastante fuertes aunque supongo que intencionadas, aun en sus consecuencias negativas en relación a la atención del espectador.

Los actores, esta especie de jugadores de alto riesgo, son apenas dos: Emilio Guerrero para el actor, y Alfonso Cárcamo como el técnico. El primero toma la posta inicial, el segundo la central y los dos cierran con una bella imagen final que no sé exactamente si se debe al autor o al director, pero que resulta muy efectiva como rúbrica de tanto esbozo sobre el valor de la realidad y el espacio de la fantasía.

En definitiva, un espacio universitario, un teatro largamente cerrado y un juego de llaves y cerraduras simbólicas para reabrirlo. Sea mayor o menor el gusto que produzca, es un material pertinente que seguramente hallará sus adeptos, sobre todo entre el público de CCU sus espectadores naturales.