FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre de la mancha

Autoría Dale Wasserman

Dirección Rafael Sánchez Navarro

Elenco Susana Zabaleta, Eugenio Montesoro, Carlos Cobos, César Rivero, Enrique Chi, Roberto Blandón, Pía Aun, Xavier del Valle

Coreografía Ema Pulido

Música Mitch Leigh

Notas de Música Joe Darion / letra

Espacios teatrales Teatro del Centro Cultural Telmex

Referencia Bruno Bert, “Hechizo visual”, en Tiempo Libre, no 1047, 1 junio 2000, p. 22.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Hechizo visual

Bruno Bert

El teatro, evocador de sueños y aventuras, no podía dejar fuera de sus muros a Don Quijote, y de hecho ha sido llamado a escena en muchas oportunidades. De todas ellas, la compuesta por Dale Wasserman (el autor de Atrapados sin salida), con música de Mitch Leigh y letra de Joe Darion tal vez sea una de las más conocidas, porque constituyó una comedia musical de gran éxito que a más de treinta años de su estreno (lo fue en Estados Unidos en 1965) aún continúa gustando al público que la aplaude sin reservas.

Ahora la podemos disfrutar aquí, de manos de los productores de La bella y la bestia y El fantasma de la Opera, un grupo que lucha por imponer en nuestro medio las comedias musicales "a la Broadway", lo que da a todas un cierto sello de identificación, que se caracteriza por montar producciones de gran coste; despliegue evidente de tecnología; escenografías monumentales y en permanente cambio; un brillantísimo y variado vestuario e infinidad de actores que cantan, bailan y actúan de manera muy profesional.

La obra de Wasserman simplemente se inspira, y de una manera muy libre, en la vida de Cervantes y en distintas escenas del Quijote. Toma al primero cuando le toca conocer la cárcel e inventa un "juicio" de los internos contra el recién llegado, lo que le permite a éste y a su secretario "defenderse" teatralmente, representando —con la participación entusiasta de todos los detenidos que asumen los distintos papeles de la obra— los momentos más lúcidos del Quijote, cuyo manuscrito original los presos intentaban sustraerle.

Ni qué hablar entonces de los marcos diseñados. El primero y permanente representa a un mismo tiempo el lúgubre y ruinoso edificio de la cárcel a escala monumental (una especie de Piranesi en unicel) y al portal que enmarca los cuentos de aventuras que irán narrándose, con su sabor a viejo y a camino. Luego, a lo largo de las más de dos horas de trabajo, alternarán los telones y los trastos, muchas veces cambiados a la vista, como si de dar vuelta una página se tratara, creando el patio de la venta, las cocinas, el campo con los molinos de viento, el solar del castellano... como siempre en estas producciones, la escenografía y las transformaciones casi instantáneas de tan monumentales aparatos representan uno de los pilares fundamentales de la atención y maravilla de un público que puede tener cualquier edad aunque la producción se dirija preferentemente a una mentalidad preadolescente, como una gran parte de los programas de la televisión, por ejemplo.

Otro de los soportes está dado en los vestuarios. En el caso de El fantasma de la Opera había más excusas para cambiar una y otra vez a los actores haciéndoles ensayar o representar unos minutos de tal o cual partitura exótica. Eso debió ser la delicia de vestuaristas y escenógrafos. Aquí, a pesar de la monumentalidad, predominan los presos y los campesinos, así que deben aprovechar muy lucidamente una escena de moros o el falso combate del Caballero de los Espejos para sembrar el escenario con ropajes de gran imaginación, mezcla de las Mil y una noches y la Guerra de las Galaxias. Y por supuesto lo logran con abrumadora pericia.

El último —o el primero, según queramos verlo— de los elementos fundamentales de sostén se halla en el amplio equipo de actores y bailarines que integra el elenco, algunos de los cuales —como Enrique Chi o Pía Aun, por ejemplo—vienen acompañando las distintas producciones de Ocesa. De ellos siempre hemos destacado ese profesionalismo a ultranza que les permite realizar cualquier papel de manera solvente, pudiendo cantar, bailar, zapatear, hacer malabares o lo que la obra exija al mejor estilo americano. En este caso, dado que los papeles principales siempre se hallan duplicados, nos tocó ver la función con Roberto Blandón en el papel de Cervantes/ Don Quijote y Pía Aun asumiendo a Aldonza/ Dulcinea. Muy bien para ambos, aunque se le haya marcado demasiada rigidez a él y excesiva estridencia a ella. Les acompaña un actor muy particular para Sancho Panza, que no tiene duplicado. Me refiero a Carlos Cobos, que como siempre asume muy solventemente su papel, aunque en este caso se le vea un poco asustado, un tanto impresionado más allá de las exigencias, no sé bien porqué.

Los demás son muchos y perfectamente asimilados a las necesidades corales que el trabajo exige. No se los ve en lo particular, se los admira como una parte integrante de ese todo que es el espectáculo, asombrándonos con su pericia en ese perfecto ajuste.

En definitiva, El hombre de la Mancha no es un espectáculo que depare sorpresas sino que confirma calidades y concepciones que ya habíamos apreciado en las producciones anteriores. Seguramente sabrá de encantar a los mismos espectadores.