FICHA TÉCNICA



Título obra La loca de Chaillot

Notas de Título La folle de Chaillot (título en el idioma original)

Autoría Jean Giraudoux

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Notas Con motivo del estreno de La loca de Chaillot el autor comenta sobre Jean Giraudoux y su labor como burócrata al escribir la obra teatral homónima

Referencia Armando de Maria y Campos, “Hablemos de Giraudoux a propósito del estreno de su obra La loca de Chaillot”, en Novedades, 18 enero 1950.




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Novedades

Columna El Teatro

Hablemos de Giraudoux a propósito del estreno de su obra La loca de Chaillot

Armando de Maria y Campos

Hablemos de Giraudoux antes de que todos los que en México escriben sobre teatro empiecen a hablar de Giraudoux, ahora que el famoso autor de Siegfried (1928), Amphitryon 38 (1929), Judith (1931), Intermezzo (1933), Tesa ou La nymphe au coeur (1934), La guerre de Troie n'aura pas lieu (1935), Electre (1937) y Ondine (1939), va a estar en el candelero de la actualidad teatral mexicana con motivo del estreno en el teatro Fábregas, de esta ciudad, de su pieza póstuma La loca de Chaillot, de la que nuestro público minorista que está a la caza de sucesos teatrales conoce ya alguna escena, mejor dicho, el corto monólogo que hace más de año y medio recitó en una saleta del Palacio de las Bellas Artes la actriz francesa Ivonne Scheffer, en ocasión de la breve temporada que en unión de René Rolland nos ofreció con trozos de Huis clos de Sartre, de La ligne de cour de Puget; de Medée de Anouilh, y de On puge bebe de Feydeau. Entonces la Scheffer recitó el corto monólogo de Irma Lambret, la única muchacha que aparece en escena en esta obra que es como una profesión de fe que resume toda la delicadeza y la poesía del gran autor teatral.

Cuando en el año 1928, Giraudoux llevó a escena su primera obra –Siegfried– los críticos declararon que "eso no era teatro". Sin embargo, el público de Giraudoux fue cada vez más numeroso; hasta se puede decir que fue el único autor de estos últimos quince años que obtuvo al mismo tiempo que la aprobación de la "élite" el amplio éxito deseado por todo autor que no desdeña la popularidad de las mayorías que tanto contribuye a equilibrar el presupuesto personal. Con motivo de que durante la última gran guerra desempeñó Giraudoux un alto cargo en la oficina de Información de la Francia ocupada, su persona, más que su personalidad como escritor, adquirió una aureola de víctima de la espantosa conflagración mundial, que mucho contribuyó a colocar su nombre de letras en un sitio de excepción. Sin embargo, media un abismo entre Giraudoux autor de teatro y Giraudoux burócrata de la guerra, por lo menos a creer lo que de este último opina otro gran autor, el inglés W. Somerset Maugham, que también sirvió a su patria como hombre de letras durante la guerra y que conoció a Giraudoux en su propia salsa burócrata.

Andaba Somerset Maugham por Francia –según refiere en su libro Estrictamente personal– buscando datos para unas informaciones de carácter confidencial que le pedía el Ministerio de Informaciones inglés, sobre el espíritu que prevalecía en Francia antes de la caída de París. Somerset Maugham fue a la oficina de informaciones francesa y vio cómo trabajaba Jean Giraudoux, jefe de esta oficina. "Los franceses siempre han demostrado un grande y loable respeto por las letras –escribe–. Jean Giraudoux, que era jefe de la oficina, aparte de de ser diplomático, era un destacado literato; creo que fue una buena idea haber confiado la censura y la divulgación de noticias en manos de escritores de renombre. Pero en la práctica resultó todo un fracaso. A los franceses les agradan las frases bonitas, y los intelectuales que fueron designados para hablar por la radio les prodigaban a sus oyentes una buena dosis, sin contar con que una horda de funcionarios vagaba sin dirección, porque Giraudoux, persona amable, bondadosa e inteligente, no tenía capacidad alguna de organización. A pesar de los esfuerzos hechos para desplazarlos, consiguió desarticular todos los complots incubados contra él. La oficina de Giraudoux resultó, en consecuencia, un hervidero de intrigas". Si bien con estas referencias se destiñe un poco la silueta de "héroe de la resistencia" que se ha querido trazar del gran autor francés, cuánto gana en cambio la transparencia espiritual del gran comediógrafo.

Quien un lustro antes había escrito La guerre de Troie n'aura pas lieu, imprimiéndole un alto vuelo de lírica bondad, no podría creer en la horrorosa realidad que ya era, que sí "tenía lugar" la guerra de Hitler. "En vísperas de una guerra –escribió Giraudoux a propósito de esta pieza–, dos jefes de los dos pueblos en conflicto se reúnen sin testigos en una apacible aldea, sobre una terraza a orillas de un lago, en el rincón de un jardín. Admiten que la guerra es la calamidad más grande del mundo; y la mirada puesta sobre los reflejos y las ondulaciones de las aguas, reciben sobre los hombros los pétalos de las magnolias; los dos son pacíficos, modestos, leales; se observan mutuamente. Se miran... Y no encuentran en el rostro del otro ninguna seña que justifique el odio ni que llame al amor humano... los dos se sienten realmente llenos de paz. Y se separan estrechándose las manos y sintiéndose hermanos. En sus carros se dan vuelta todavía para dirigirse una sonrisa. Sin embargo, al día siguiente estalla la guerra". Claro que no hay comparación entre la supuesta guerra de Troya y la desencadenada por la Alemania de Hitler; pero es evidente que el autor de la bella comedia nada tenía que ver con el jefe de la oficina de informaciones francesa. Como buen compatriota, cumpliría con su difícil comisión burocrática, pero... en el telar de su imaginación creadora empezaría a tomar forma, a andar por los laberintos del acto ideatorio, La loca de Chaillot, que no alcanzaría a ver iluminada por las misteriosas luces de la batería...

La fecha del 19 de diciembre de 1945 será –lo es ya– una de las más destacadas en la temporada teatral parisiense, pues fue en la noche de ese día cuando se levantó el telón del teatro Athenée, por primera vez sobre la obra póstuma de Giraudoux La folle de Chaillot, drama, o poema, o farsa cuya protagonista se perfila émulo de don Quijote, puesto que su locura está al servicio de la virtud. Parece como si Giraudoux ofreciera parte de su testamento espiritual a través de las gracias de un pensamiento altivo, pero sinceramente apiadado de las miserias humanas.

No he de revelar nada del argumento de La loca de Chaillot antes de su estreno en México; deseo limitarme a ambientar sus primeras representaciones. Y nada mejor para ello que traer a este párrafo ecos del éxito que alcanzó en Nueva York –su título en inglés: Mad woman– cuando aún era representada en París. Atkinson, crítico del New York Times, escribió: "La comedia es original, inspirada y de alta mentalidad; es una obra de arte de creación. Ahora sabemos cuánto perdió el mundo con la muerte de Giraudoux". Barnes, del New York Herald Tribune, dijo: "Una fantasía de profunda imaginación y una rara belleza teatral. Miss Martita Hunt, dio una magnífica versión de la loca condesa francesa".

La loca quijotesca de Giraudoux, como el Quijote loco cervantino, empieza a cruzar los caminos del mundo. En un teatro de Tokio se ha estrenado la versión inglesa de La loca de Chaillot. El público que asistió al estreno, formado en su mayor parte por el ejército de ocupación, pudo presenciar una obra que, siendo "un éxito de Broadway", llega a los escenarios de oriente antes de que baje del cartel de Nueva York. Aún hay más: la temporada teatral en Israel, iniciada por la compañía Habimah, ha sido iniciada con La loca de Chaillot. Y, cosa curiosa, también figuran en el repertorio de la temporada Don Quijote y Cirano de Bergerac, además de la nueva obra de Carl Zukmayer Bárbara Blomberg; La muerte de un vendedor de Miller; Cándida y Hombre y superhombre de Shaw; Escuela nueva de Roger Ferdinand, y El arco iris de Finian.

Estamos, pues, en vísperas de un auténtico suceso teatral.