FICHA TÉCNICA



Título obra Ecos y sombras (de la vida de la sordera)

Autoría Alberto Lomnitz

Dirección Boris Fridman, Carlos Corona y Luz Emilia Aguilar

Elenco Hernán del Riego, Joana Brito, Luis Rábago

Escenografía Hugo Heredia

Iluminación Hugo Heredia

Música Eugenio Toussaint

Notas de Música Maximiliano Torres y Alejandro Campos / músicos en vivo

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Bruno Bert, “Interesante resonancia”, en Tiempo Libre, núm. 1042, 27 abril 2000, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Interesante resonancia

Bruno Bert

El teatro que expresa a las minorías debe necesariamente ser de calidad. Sólo el nivel de su propuesta en lo que a lenguaje artístico se refiere, permite que la atención del público se involucre además eficazmente con el tema tratado. De no ser así gana lo panfletario y perdemos todos. No son muchos los grupos de pertenencia que expresan su problemática a través de la escena y con la profesionalidad requerida. Uno de ellos es el de los sordos, que desde hace varios años cuenta con una organización teatral, "Seña y verbo", compuesta por actores mixtos, que ya ha montado seis trabajos con una interesante resonancia y un apreciable nivel.

Ahora, dentro del Festival del Centro Histórico, pudimos ver el estreno de Ecos y sombras, supongo que de creación colectiva, como siempre bajo la dirección de Alberto Lómnitz. De los materiales que recuerdo, tal vez sea el más complejo y ambicioso y está totalmente dedicado a plantear la problemática de esta comunidad en función, por un lado, de la manera en que ésta es vista en el espacio social, y por el otro mostrando la polémica entre los que defienden el uso del lenguaje de señas como el más válido para ellos, contra aquellos que prefieren el oralismo y plantean que los sordos deben aprender a hablar, subrayando la inferioridad de matices de pensamiento a la que obliga la primera de estas opciones.

Desde el punto de vista conceptual, resulta efectiva la transmisión de la problemática, ya que la mayoría de las personas sólo tenemos una muy vaga idea del mundo y las dificultades de los sordos. No es fácil saber de las exclusiones familiares que acarrea y la angustia que puede provocar esta marginación. Tampoco está muy difundida esta doble alternativa de oralidad o gestualidad.

La obra se sirve de una anécdota más o menos compleja para ilustrar todo esto, y propone la historia de dos familias vecinas: una integrada por una madre que, hace ya muchos años, ha sido abandonada por su esposo al advertir que sus dos hijos son sordos y ha debido criarlos en soledad y tal vez con bastantes errores; y la otra por un director de orquesta que súbitamente pierde el oído a pocos días del estreno de una obra que le pertenece y que por supuesto no podrá dirigir en esas condiciones. Esto permite tener un narrador que maneje la voz, en la persona del director de orquesta, y también la inclusión de tres actores mudos —dos hombres y una mujer— que contraponen su manera de expresarse a lo que sería la "normalidad" para la mayoría de los espectadores.

Tal vez, desde un punto de vista estrictamente dramatúrgico, el material tiene algunos puntos débiles, como casi siempre que el teatro se supedita a una cierta instrumentación didáctica. Sin embargo, tanto Lómnitz como el equipo trabajan con una gran seriedad, buscando que el propio lenguaje teatral tenga la mayor consistencia y no sea sólo un puente de transmisión ideológica.

Creo que lo consiguen en gran medida. En parte con la incorporación de dos músicos en vivo —Maximiliano Torres en el contrabajo y Alejandro Campos en el clarinete— que dan fluidez al ensamble de escenas y contrapuntean el especial silencio de la sordera; en parte también porque todos los intérpretes, aún con distintos niveles de desempeño, asumen muy profesionalmente su tarea, empezando justamente por los que son sordos. El elenco está encabezado en este caso por Luis Rábago, un excelente actor, que aquí aún parece no tener totalmente maduro su papel, pero que seguramente irá ampliando su registro al paso de las funciones. Mientras tanto el oficio salva. Interesante la propuesta de escenografía e iluminación a cargo de Hugo Heredia, que amplia, multiplica y termina unificando el espacio, como una continuación de la propuesta conceptual donde se plantea la necesidad de una total integración entre los que oyen y los que no, a partir de una mayor amplitud de criterios por parte de familiares y médicos.

Un material que merece apoyo y un grupo que madura artísticamente mientras difunde un conocimiento que no siempre está disponible para todos nosotros.