FICHA TÉCNICA



Título obra La terapia del suicidio

Autoría Patricia Rivas

Notas de autoría Basada en textos de Anne Sexton

Dirección Patricia Rivas

Elenco Patricia Rivas

Espacios teatrales Foro Antonio López Mancera de la EAT

Referencia Bruno Bert, “Material volátil”, en Tiempo Libre, núm. 1034, 2 marzo 2000, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Material volátil

Bruno Bert

Bucear en la figura de quien ha sufrido perturbaciones mentales es al mismo tiempo fascinante y peligroso. Y mucho más si esta persona es poeta, ya que entonces la noción de normalidad se ve absolutamente entrecomillada. Agregarle a esto tendencias suicidas, con uno de los intentos finalmente logrado, es ya encender una hoguera de dificultades, y también generar un polo de atracción muy fuerte para un creador teatral que desea al mismo tiempo escribir una obra sobre ese personaje y encarnarlo como actor dentro de la misma, a la manera de monólogo.

Estoy hablando de La terapia del suicidio, de Patricia Rivas. Aquí, esta particular teatrista de la que ya hemos conocido otros inquietantes trabajos, asume el papel de Anne Sexton, una poeta norteamericana que se suicidara a los 45 años en 1974. Al parecer fue una importante escritora, a la que le fue dado el premio Pulitzer a fines de los sesenta por un libro con un título que, para el caso al menos, parece bastante emblemático: Live or die. Lamento no haber encontrado materiales suyos que me hubieran permitido juzgar de primera mano su literatura, pero supongo que alguno de los textos dichos en escena por la actriz, pertenecen a la propia Sexton. Si es así, se trata de una escritura bastante crispada, con ensoñaciones metafísicas en donde Dios, como a Bergman en alguna de sus películas, se le presenta como una enorme ausencia o un terrible ojo. O incluso de una manera priápica, obscena y desmesurada.

Patricia Rivas parece poner el índice, sobre todo, en la identidad indisoluble que para esta mujer tuvo el arte con la vida. Vivir, escribir, pensar, accionar, sufrir en género y metáfora a través tanto de los días como de las páginas. Unidad terrible y desoladora que han cargado algunos grandes del arte casi como una condena insoportable. Al tiempo que ellos mismos se vuelven imposibles para todos los que los rodean. El alcoholismo, la compulsión sexual y una fuerte tendencia a lo depresivo que reiteradamente la volcaba en expresiones suicidas, hicieron que su trato fuera muy difícil, su vida sumamente asfixiante y sus estancias en instituciones siquiátricas bastante frecuentes.

Patricia Rivas, en este breve espectáculo de menos de una hora, intenta como autora, directora y actriz acercarnos a Anne Sexton fundiéndola con sus preocupaciones personales, éticas y de lenguaje. El teatro como una ceremonia que permite jugar con los vectores del tiempo y del orden para generar algo que podría parecer una áspera poesía visual. La propuesta tiene un gran impulso, sin embargo los resultados quizás no alcancen la altura que podríamos esperar, justamente porque es un material muy volátil y de difícil aprehensión en secuencias de imágenes que puedan mantener la altura poética, ser contundentes y transitar por una serie de lugares comunes sin apegarse a ellos. Sólo por momentos se logra este objetivo y en el resto del tiempo existe como una carencia, para que el espacio vacío y el par de objetos convocados —un sillón, una camilla- adquieran la dimensión aterradora de soledad, de angustia, de compulsión, que el texto deja entrever.

El trabajo de la actriz es interesante pero no suficiente para otorgar por sí solo esa consistencia global que el material necesitaría.

Posiblemente otras voces, de talento claro, sumadas por ejemplo al diseño de espacio e incluso al manejo de situaciones, rompiendo visualmente la estructura del monólogo, permitieran este paso que no termina de darse. Creo que logramos captar de manera más efectiva sus conflictos personales, que la manera en que éstos se asumen literariamente; allí debemos hacer un esfuerzo para brincar al campo de lo analógico-teatral, que es donde naturalmente podrían ensamblarse con nuestras propias imágenes.

De todas maneras, La terapia del suicidio nos pone como espectadores sobre un camino de recorrido personal interesante aunque podría ser más intenso. Lo demás, seguramente podremos verlo como consecuencia de un proceso de maduración en algún otro espectáculo próximo de esta misma creadora.