FICHA TÉCNICA



Título obra El censor

Autoría Anthony Neilson

Notas de autoría Carlos Bonfil / traducción

Dirección Jorge Vargas

Elenco Laura Almela, Arturo Ríos, Alicia Laguna

Escenografía Edyta Rzewuska

Iluminación Edyta Rzewuska

Vestuario Edyta Rzewuska

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Artefacto escénico”, en Tiempo Libre, núm. 1030, 3 febrero 2000, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Artefacto escénico

Bruno Bert

La amenaza de la censura siempre nos es desagradable, porque nos remite a un estado paternalista y autoritario que se otorga a sí mismo el derecho de saber qué debemos vero leer y qué no. Sin embargo, podemos dar un paso más allá y usar el tema para conocer la realidad de nuestro entorno desde otra perspectiva. Es el caso de El censor, la obra del inglés Anthony Neilson, que se estrenó a fines del año pasado y que ahora se repone en La Gruta, del Helénico.

Son apenas tres personajes: el censor, su esposa y una directora de cine a quien se le prohibió un film acusándolo de pornográfico. Todo parece tener una sólida plataforma de comprensión: los esposos practican unsistema de pareja abierta, aunque esto no agrade demasiado al marido y violente allá mujer; la actitud del censor frente a la película prohibida en razón de muy claras y numeradas escenas con felatio, penetración, masturbación, etcétera. Sin embargo, la directora, la Srta. Fontaine, no parece aceptar las decisiones, e intenta demostrar que su obra no es pornográfica, sino que quien la ha juzgado no sabe ver más que lo evidente.

Y esta discusión sobre la pornografía, el sexo, la realidad, el matrimonio y todo lo aledaño se vuelve una demostración, práctica de sus teorías que echa por tierra larigidez del censor, aunque no termine por abrir realmente su comprensión. La mujer avanza, propone, invade, toca, incita, se ofrece... y a él le resulta más cómodo leer esto como una situación simple de "soborno en especie" que entender realmente el trasfondo: ¿pero, entender qué? Surge la intuición y también un malestar que agrieta y deshace las seguridades anteriores, desbordando un mar de insatisfacciones latentes y explicaciones antes etiquetadas y seguras.

La lectura anecdótica no es totalmente clara y al espectador le quedan varios cabos sueltos por resolver al término del trabajo. Puede que parte de esa ambigüedad sea una forma de compartir la posición del censor. De leer lo obvio y desestimar los caminos paralelos y los cruces. Pero también podría suceder que haya algunas fisuras en la dramaturgia.

Algunos escamoteos y falsas pistas que emulan los signos de otros géneros y que debilitan un poco un producto que en sí resulta muy interesante.

Esa ambigüedad le permite al autor sugerir procedencias, dejar notar algunas influencias, casi como pequeños homenajes, y manejar el conjunto como un producto en busca de complicidades y sobre entendidos. Cosa que cabe perfectamente en la línea del argumento y en el desarrollo del mismo. De todas maneras sigo tentado a pensar en pequeñas (y a veces no tanto) debilidades que se intentan ignorar por alusión.

El espacio, lo mismo que las luces y el vestuario, está diseñado por Edyta Rzewuska de manera muy sencilla, efectiva e incluso un poco pobre. Como congelando a cada uno en su lugar, un tanto claustrofóbicamente. Sólo la mujer sale a un mundo evidentemente muy conflictivo, pero mucho más amplio. La dirección, de Jorge Vargas, se despega del naturalismo, con un cierto gusto por los tipos que se empleaban, por ejemplo, en las mejores películas del cine negro de los cuarenta. Esto, que al principio lo vemos sólo por la rigidez de los tipos empleados, luego, poco a poco, lo vamos aceptando como lenguaje. Posiblemente hubiera otras alternativas, pero la elegida es efectiva en tanto es un desapego para la doble lectura que debemos hacer. Los actores son Arturo Ríos, Laura Almela y Alicia Laguna. Los dos primeros son los protagónicos, excelentes en sus recursos, tratando de aprovechar esa rigidez propuesta seguramente desde la dirección. Hay un cierto abandono del tercer personaje, que lo hace decaer en cuanto a unidad e incluso fuerza.

En definitiva, una obra interesante; potencialmente rica en sugerencias y bastante polémica en el sentido más enriquecedor. No se eleva como un material de envergadura, sino que prefiere reptar un poco, apegada a la sombra y los olores de los sótanos. Me gusta eso de "artefacto escénico" como lo presenta el programa de mano, aunque el término admita otras vertientes. Se trata de un trabajo de "Línea de sombra", grupo no muy prolífico, pero con antecedentes valiosos sobre todo por sus intentos de exploración.