FICHA TÉCNICA



Notas El autor menciona los aspectos en los que se observan nuevos rumbos en el teatro al cambio de siglo

Referencia Bruno Bert, “¡Siglo XX... a escena!, II”, en Tiempo Libre, núm. 1025, 30 diciembre 1999, p. 30.




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Referencia Electrónica


Teatro

¡Siglo XX...a escena! / II

Bruno Bert

En la nota pasada mencionamos a vuelo de pájaro las grandes líneas que siguió el teatro mundial de este siglo, pero ¿nosotros, cómo estamos recibiendo el que viene? Podemos enumerar los puntos fundamentales de ese encuentro con los tiempos nuevos y luego desarrollarlos brevemente.

Es evidente que en primer término se encuentran las transformaciones que se están produciendo en el campo de la producción; muy de cerca le siguen los arrabios que se operan actualmente en el sistema de los lenguajes teatrales.

Tampoco puede dejarse de mencionar la aparición de toda una camada de nuevos dramaturgos, y a esta misma generación pertenece la significativa incorporación de mujeres en papeles menos tradicionales. Por último (y esto sólo por espacio, ya que evidentemente la lista podría ampliarse) debemos tener en cuenta la necesidad de generar nuevos públicos para este teatro que se transforma social y artísticamente.

Los cambios de la producción son obvios pero no por eso menos traumáticos para la comunidad teatral. Se acabó, no hay más dineros del Estado, se terminó tanto el derroche como la responsabilidad básica de proteger la cultura como inversión social y no como pagaré a treinta días. Lo poco que queda es como un fruto apetecible en un árbol raquítico con multitud de hambrientos tratando de alcanzarlo. De allí el absurdo de mega producciones informes como La muerte se fue a Granada. Aquí, lo que necesariamente se está fraguando es una nueva mentalidad que tendrá que evidenciarse en formas distintas de acercarse al fenómeno creativo. Quizás sea al momento de tomar elementos de aquello que en Sudamérica se llama "teatro independiente" y generar una corriente similar pero naturalmente de impronta mexicana.

Estos cambios de base inciden, junto con los otros factores que mencionamos arriba, en una progresiva transformación de los lenguajes teatrales. Naturalmente que estos cambios coexisten con la continuidad de todas las fórmulas anteriores en una cartelera tan extensa como la nuestra, pero es claro que el sistema de lenguajes recibe la influencia tanto de la realidad del entorno como las proposiciones formales de otras latitudes y las asimila a nuestras propias circunstancias. El teatro más joven de México es un ejemplo de estas nuevas estéticas, que conllevan un pensamiento que se une a corrientes de otros países. Y en esto influyen claramente los nuevos dramaturgos que —recuperada la importancia de este rol y modificada la forma habitual de trabajo para la escritura— se suman a las tres generaciones anteriores aún activas. Cuatro estratos: Emilio Carballido-Sabina Berman-Luis Mario Moncada-Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, los nombres pueden ser otros, claro, pero las generaciones son esas. Nuevas preguntas, otras maneras de formulárselas, en autores que con frecuencia asumen también la dirección y transforman sus textos en imágenes. Hombres y mujeres, porque la escritura y la dirección reciben el aliento y la personalidad de estas últimas en un número mucho mayor al de años anteriores: Carmina Narro, María Moren, Sandra Felix, Elena Guiochins, Silvia Pelaez, Maribel Carrasco... un pensamiento y una manera de accionar en lo escénico que va dando un carácter muy personal a este teatro que hoy vemos. Yo no son sólo los problemas de la mujer, sino el mundo visto desde su óptica, lo que implica un indudable crecimiento y maduración.

Por último tenemos el tema del público. Al respecto creo lo que se está produciendo es un nuevo encuentro entre este y el teatro. Pero es una cita selectiva: así como los edificios teatrales estallan en pequeñas salas y en éstas se turnan con variadas obras, así el público global se atomiza y empieza a darse como la generación de un nuevo espectador. No todos los ámbitos están vacíos, no todos los espectáculos tienen sólo diez espectadores en platea. Empieza a nacer un público distinto, sobre todo entre la gente más joven, que busca y comparte aquellos espectáculos de los que realmente gusta. En definitiva, que el "fin de los tiempos" en realidad nos toma aquí en México en pleno proceso de transformación, creando un teatro nuevo en medio de las ya viejas crisis sociales y económicas. El discurso público ya no es creído, ni en lo local ni en lo internacional, pero aparece un cómo decir las cosas que importan de una distinta manera. Si en lo político todo "cambia" para quedar igual, en arte no sucede así y las transformaciones son reales y de raíz. Cierto que las épocas de parto son dolorosas, contradictorias y no exentas de peligro, pero se ve vida nueva surgiendo en los escenarios en medio de tanto cadáver insepulto. Una vez más ¡Salve Theatrum Mundi!