FICHA TÉCNICA



Título obra La vida difícil de una mujer fácil

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Álvaro Espinosa

Elenco Alicia Encinas, Augusto Palma, Sebastián Ponce, Dino Flores

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Ofelia

Referencia Bruno Bert, “La vida inverosímil de...”, en Tiempo Libre, núm. 1023, 16 diciembre 1999, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La vida inverosímil de…

Bruno Bert

El tiempo es implacable con el producto de los hombres. La mucha fama de ayer no es garantía para un hoy siempre propenso a revisar todos los valores y costumbres. Y así, una barrera de sólo treinta años se vuelve ventana hacia una era plena de dinosaurios extintos. La obra de Luis G. Basurto, fallecido hace apenas diez años y en vida un hombre de enorme prestigio como dramaturgo, puede ser un ejemplo palmario: cada vez es menos lo que hoy sigue interesando de ella en cuanto a elemento vivo, aunque se reconozca el valor que pudo haber tenido en su momento histórico preciso. De hecho el famoso salero que Cellini cinceló para Francisco I es una obra que todos admiramos tras la vitrina del museo, pero la sal y la pimienta lo abandonaron para siempre desde hace mucho.

Hoy acaba de reponerse de este autor La vida difícil de una mujer fácil, un material que lleva una clarísima impronta de fines de los sesenta o principios de los setenta, bajo la dirección de Álvaro Espinosa.

Es una suma de sketches sobre la vida de una prostituta. Ni la figura de la misma nace de la realidad, ni tampoco sus acciones. Todo es una elucubración mental del autor y de su clase social, una burguesía que en definitiva siempre sostuvo que la prostitución es un mal necesario que debe estigmatizarse en lo social, pero aprovecharse en lo práctico: zonas rojas bien cuidadas para beneficio de la salud del usuario... y una literatura romántica que la ubica (al igual que a los obreros, a los que tan eficientemente explotaban) casi en el espacio de la santidad, desde Margarita Gautier hasta esta obra de Basurto.

Según toda una larga lista de autores, ellas ejercen este oficio por placer personal y amor a los hombres: dan a cada uno lo que necesitan: al marido mandilón y reprimido la posibilidad de una noche de libertad; al macho estereotípico la intuición de que es un afeminado; al homosexual la posibilidad de reencontrar la virilidad o reconciliarse con su anomalía; al político corrupto el lanzarse al juego de la verdad y a los placeres del sadomasoquismo... en fin, una verdadera servidora pública destinada a mantener el equilibrio en el orden establecido y vigente, que además gana mucho dinero, vive de acuerdo a sus principios y al final —en esta obra por ejemplo— se acuesta, libre y desnuda como corresponde a la estética de ese momento, con un "cómplice de Cristo", que es como Basurto ve a los hippies de esa época.

Falsa es la visión e hipócrita la moral implícita, aunque pretenda ser honesta y liberal. Sobre todo porque en lugar de ser realmente burlona siempre bordea lo didáctico. Tal vez en el momento de su estreno esto era menos visible, porque se ponía en primer plano lo que en aquel entonces era transgresivo en un teatro "familiar" como es éste. Desde hablar de homosexuales en términos reivindicativos, hasta terminar desnudos en la cama.

Es difícil hablar de la dirección porque ésta no existe. David Antón, el escenógrafo, crea un espacio inverosímil como toda la obra, al estilo mueblería de barrio con dormitorio en venta, y en ella Álvaro Espinosa hace mover a os actores de una manera absolutamente primaria e incluso torpe por momentos. Y digo actores, pero las deficiencias en este renglón son casi gigantescas, en parte por os intérpretes mismos y en otra debido a la carencia de una mano que los guíe y oriente.

El elenco se encuentra encabezado por Alicia Encinas, con un cuerpo indudablemente espectacular y un desempeño actoral muy limitado, aunque con mucho impulso y lo poca entrega. La acompaña Martha Elena Cervantes, fue da mucho más la imagen de una tía simpática de una comedia de Alfonso Paso, que una prostituta excitada por in adolescente amanerado. De los demás es poco lo que se puede decir, aun sabiendo que sólo abordan estereotipos que nunca pasan de protopersonajes.

En fin, un material no muy alentador a pesar de llevar nombre de Basurto. Una pena, porque sería importante que el teatro Ofelia fuera creando una costumbre en el público, así sea de un buen teatro ligero.