FICHA TÉCNICA



Título obra La viuda alegre

Elenco Ana de Glavari

Música Franz Lehar

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Notas Comentario y anécdotas sobre Franz Lehar y Esperanza Iris, en torno a la opereta La viuda alegre

Referencia Armando de Maria y Campos, “Se repone en el teatro Arbeu La viuda alegre. Recuerdo de Lehar -cuando Hitler le ordenó reformara La viuda-; confesiones de Esperanza Iris, su máxima intérprete”, en Novedades, 11 enero 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Se repone en el teatro Arbeu La viuda alegre. Recuerdo de Lehar -cuando Hitler le ordenó reformara La viuda-; confesiones de Esperanza Iris, su máxima intérprete

Armando de Maria y Campos

El año 1949 pasó a mejor vida –en el teatro Arbeu– e hizo su entrada el de 1950 arrullado por la música al compás de frívolas melodías vienesas. Leo Fally Franz Lehar ahora, con La princesa del dólar, El conde de Luxemburgo y La viuda alegre; mañana, tal vez, Oscar Strauss... Un público, no muy numeroso, es cierto, continúa gozando con esta música que habla de un mundo que aunque parezca mentira existió, con sus grandes damas cortesanas coquetas traviesas y elegantes, sus galanes recamados de oro, sus tapices artísticos, mullidas alfombras, polifacéticas arañas de Bohemia, intrigas, amores, celos... vals, vals, vals.

Al arrullo de la opereta el teatro en México vivió horas largas, inolvidables. Y aún las vive, cuando escucha La viuda, El conde o La princesa... Cerrados casi todos los teatros de la metrópoli durante la primera semana teatral del año, han sido La princesa del dólar y El conde de Luxemburgo las únicas atracciones teatrales que ha podido gozar la ciudad abatida por la rebelión de los choferes. Esta noche aparecerá en el escenario del vetusto coliseo la grácil figura de Ana de Glavari para repetir su frívola y contundente sentencia: "¡Así están las cosas, y basta!..."

Qué lejos estaba de pensar el adolescente Franz Lehar, cuando dejó su villa natal húngara de Komorn para estudiar música en la ciudad bohemia de Praga, que un día la gloria lo besaría en la frente y su fama volaría de escenario en escenario y de público en público, llevada por las voces de hermosas mujeres que cantaban la música fácil, gaya, sentimental y pegadiza de La viuda alegre o de Eva. Lily Elsie, Ethel Jackson, Margaret Moris, Amparo Romo, María de la Fraga, Esperanza Iris, Eugenia Zúfoli, Consuelo Hidalgo, Marta Eggerth, Pepita Embil...

Una criolla mexicana, Esperanza Iris, tocada por el dedo del dios de la gracia paseó durante más de veinte años la música de Franz Lehar por toda América y llegó con ella hasta España, al mismo tiempo que crecía en una modesta, oscura aldea de Austria, un pintor de rótulos –Adolfo Hitler– que algún día habría de llegar a ser el dueño de una maquinaria infernal de guerra. Cuando Hitler llegó a ser amo de la Europa bélica, recordando La viuda alegre que había oído en sus mocedades, mandó llamar al autor de las deliciosas melodías, y al recibir la ordenada visita de Lehar en las aquilinas alturas de Berchtesgaden, el déspota pidió al artista que modernizase La viuda alegre de acuerdo con un plan que el mismo Hitler bocetó escena por escena, introduciendo actores y actrices, escenarios de fantástica pompa y cegadores efectos de luz. Obediente a las órdenes del todopoderoso Hitler, Lehar modernizó su obra y La nueva viuda alegre fue estrenada en Berlín. Pero el triunfo escénico no acarició ni un solo instante la frente hitleriana sombreada por el mechón seminapoleónico. Fue la primera derrota del Führer, sufrida a manos de una compatriota imaginaria que supo burlarse de las pretensiones al genio artístico del tirano con un aire de vals.

Franz Lehar asistió al fracaso de Hitler. El poderoso führer murió; a poco el rey de la melodía operetística también abandonaba el mundo en una casita de la calle de su nombre, en el pintoresco pueblecillo austriaco de Bad Yshol. Las creadoras de sus heroínas han desaparecido también, algunas definitivamente, otras muertas únicamente para la escena. Una, sin embargo, permanece cerca de las candilejas que la iluminaron como Anna de Glavari, como Angela Didier, como Eva, como Frasquita: Esperanza Iris, amiga lejana y admirada de Franz Lehar. Ayer estaba en una solitaria butaca del Arbeu, sombra entre las sombras que invadían al viejo teatro durante un ensayo de La viuda alegre. Me habló melancólicamente, como si se hablara a sí misma:

–"Estrené La viuda alegre en la población de Ponce, Puerto Rico, el 9 de agosto de 1909, y seguí representándola en la ciudad de San Juan, capital de la isla, con éxito clamoroso. Pero fue hasta estrenarla en La Habana ese mismo año, cuando la bella opereta alcanzó para mí relieves de apoteosis. Después, con ella como base de mi repertorio vienés recorrí el mundo de habla española y portuguesa, considerando siempre a La viuda alegre como mi mascota artística.

–"No sabría decir cuántas veces la representé en los escenarios de América y de Europa, pero seguramente pasan de las tres mil. La primera vez fue con Modesto Cid y con Josefina Peral. La última ocasión fue aquí, en mi teatro, el domingo 18 de abril de 1948, con mi esposo el barítono Paco Sierra. Para mí, escuchar los compases de La viuda alegre es sentir que un torrente de vida me inunda, por los recuerdos de los férvidos aplausos de los públicos de las veinticuatro naciones en que la interpreté.

–"Desde el año de 1909 su música va conmigo; la canté riendo en días felices; la canté llorando en días de dolor. Siento que me vuelve la juventud cada vez que la oigo. Lo mismo que toda la música de Franz Lehar; la de Eva, la del Conde de Luxemburgo, la de Frasquita, la última de este compositor que canté, porque ya me encontraba retirada oficialmente del teatro cuando estrenó El país de las sonrisas, cuya acción se desarrolla en China.

–"Fuera de esta opereta, que Lehar con amor más que de padre, de abuelo del género vienés, estimó como la mejor de sus obras, hice todas las del gran músico húngaro. El conde de Luxemburgo, que ahora canta mi esposo Paco Sierra, justo es decir que muy bien, la estrené el 15 de julio de 1910 en el teatro Payret, de La Habana; Eva la estrené aquí, en México, el 25 de octubre de 1913, la noche que inauguré el teatro Ideal, y en octubre de 1922 estrené en mi teatro, Frasquita, con éxito enorme.

–"La música de Lehar me hace feliz. Cada vez que hallo una ocasión propicia canto, por lo menos, trozos de La viuda, o de Eva, y ¿por qué no he de ser sincera?, me deleito oyendo a mi esposo Paco cantar El conde de Luxemburgo."