FICHA TÉCNICA



Título obra El viaje de los cantores

Autoría Hugo Salcedo

Dirección Sandra Félix

Elenco Horacio Arango, Agueda Cortés, Lubia Ricoy, Patricia Vázquez

Espacios teatrales Biblioteca de México

Referencia Bruno Bert, “Compromiso”, en Tiempo Libre, núm. 1014, 14 octubre 1999, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Compromiso

Bruno Bert

El tema de los ilegales, la agonía de su traslado, las causas de esta migración clandestina, el mundo particular en que se ven obligados a vivir, es llevado a nuestro teatro con mucha menos frecuencia de lo que cabría suponer dada su gravedad y peso. Un hito claro en este tipo de dramaturgia es por supuesto El viaje de los cantores esa obra de Hugo Salcedo que se estrenara hace diez años bajo la dirección de Alberto Norzogaray. No por casualidad, creadores ambos de provincia.

En España obtuvo el premio "Tirso de Molina", y renovó la polémica sobre el hecho ocurrido en el 87, cuando 18 mexicanos murieron asfixiados en un vagón de ferrocarril herméticamente cerrado, que en lugar de dejarlos en Estados Unidos los llevó a la muerte.

Ahora, esa obra se repone en la Biblioteca de México por Sandra Félix (Polvo de mariposas, Tres mujeres altas, etcétera) con un grupo de estudiantes que toma clases con esta directora en esa misma institución, en la cual es maestra desde hace diez años. Un teatro no profesional que ha despertado el interés del público provocando que de una, pasaran a ser dos las funciones que se dan los días sábados por la tarde, con entrada gratuita. Asisten mayormente adolescentes y jóvenes que aplauden generosamente el trabajo. Aquí Sandra Félix agregó al texto de Salcedo y al principio del espectáculo, un testimonio actualizado, que nos permite ver que el problema es tan vigente ahora como cuando se estrenó el original: a nadie es ajeno el hecho pero es bueno recordarlo.

El espacio teatral es simplemente una de las grandes habitaciones coloniales de la Biblioteca. Se han cegado sus ventanales y se dispone y predispone el lugar con apenas unas mamparas que se desplazan ensanchándolo o restringiéndolo. Los espectadores, unas sesenta personas por función, están sentados en unas simples gradas que en el momento del viaje se hayan en inmediata continuidad con los personajes: apiñados todos, público y actores, en el supuesto vagón de tren. La luz, a pesar de lo poco disponible técnicamente hablando, juega un valor fundamental recortando sombras, creando climas, manejando la oscuridad como un valor dramático presente siempre en la narración. No tengo el texto de Salcedo a la mano, pero me parece recordar que el tiempo del encierro era un poco más largo que el actual: lo suficiente como para crear conciencia de claustrofobia entre los que están compartiendo la experiencia. O tal vez era una cuestión de puesta, no lo recuerdo muy bien, pero de todas maneras posiblemente se hubiera podido extender en el actual montaje ese espacio agónico para una mayor efectividad del mismo.

Los muchachos, entre varones y mujeres, son alrededor de catorce o quince. La edad promedio está entre los dieciocho y veinte años, y naturalmente debemos puentear esta circunstancia a nivel personajes, pero eso no es difícil, porque es claro que si falta oficio hay entrega y un camino ya recorrido en el espacio de aprendizaje. Parece que Sandra Félix no sólo es una excelente directora sino también una buena maestra de actores.

Es interesante ver que no se trata de un teatro amateur sino de una puesta estudiantil, y en ningún momento sentimos ese leve cansancio o ese poco de fastidio que producen las buenas intenciones cuando no van acompañadas de un mínimo de solidez expresiva. Hay inmadurez, claro, pero también un saber decir un texto, un moverse en el espacio, un convocar un mínimo de verosimilitudes. Lo cual no es poco por cierto.

Creo que estamos en tiempos de redefinir la función y la forma del teatro de carácter testimonial y político. Aquello que apasionó hace veinte años y causó hartazgo en la última década, cae de nuevo al borde de lo necesario, pero preñado por un nuevo teatro, y las preocupaciones formales que corresponden a nuestro tiempo. Es interesante entonces este convocar temas sociales por parte de directores que, como en el caso de Sandra Félix, tienen en sus puestas profesionales, un alto nivel de calidad y de preocupación estética, con un estilo que comienza a dar muy ricos frutos. De ellos nacerá un teatro mexicano que trascienda los lugares comunes que se han ocultado por años tras estas propuestas de compromiso real.