FICHA TÉCNICA



Título obra La isla

Autoría Athol Fugard

Dirección Alonso Ruizpalacios

Elenco Pedro Armando Rodríguez, Christian Baumgartner

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Peso discursivo”, en Tiempo Libre, núm. 1013, 7 octubre 1999, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Peso discursivo

Bruno Bert

En la Gruta del Centro Cultural Helénico se está presentando una obra de Athol Fugard (1932), autor sudafricano raramente montado en nuestros escenarios. Se trata de un dramaturgo muy fecundo que produce desde fines de los cincuenta, siempre interesado en la realidad sociopolítica de su medio. Recuerdo de él (nunca lo he leído) un material que llevara escena hace ya unos años Roberto D'Amico: La lección de la sávila, que sirvió no sólo para representar a Fugard, sino incluso a la misma República de Sudáfrica, que en aquel tiempo (creo que el 88) aún no tenía embajada entre nosotros. Luego, ya con Nelson Mandela en el gobierno, y por la misma vía de D'Amico, que trabajó como actor en ambas puestas, pudimos apreciar El camino a La Meca (94).

Ahora, bajo la dirección de Alonso Ruizpala cios, se presenta aquí La isla,un material de principios de los setenta que hace parte —junto con Sizwe Bansi ha muerto y Statements after an arrest under the Immorality, de una de una de las trilogías, tal vez la más importante, de las compuestas por este autor.

El material es para dos personajes. Presos ambos, encerrados en una isla carcelaria, uno de ellos de por vida y el otro que se entera en escena de la posibilidad de una pronta salida. Comparten prisión e intentan representar en un festejo interno de la cárcel la historia de Antígona, con lo que esto tiene de libertario en su rechazo a la arbitrariedad de los órdenes establecidos, su justo desafío a la ley.

Por supuesto, aparece el tema de la negritud, de la injusticia, de la segregación, y también de la esperanza y lo épico (aquí dado por la figura de la heroína griega y por el nivel ético de ambos personajes) por debajo de la angustia y la soledad. Es un material, en este sentido, perfectamente congruente con las tendencias no sólo sudafricanas sino sobre todo latinoamericanas de aquel momento. Un teatro político y combativo, que esquiva lo panfletario, ese lastre tan frecuente entre nosotros por aquellos años. Una imagen de dignidad y defensa de los encarcelados, que bien pudiera pertenecer a Benedetti si tuviera una raíz sureña en lugar de africana.

Aquí la calidad literaria se impone y matiza la intencionalidad reinvindicativa, haciendo de esta obra un material que trasciende, así sea parcialmente, una circunstancia histórica aunque la englobe. De allí que aún podamos gozar de ese texto sin sentirlo demasiado viejo. La edad se le nota más bien como un enclave estilístico, como una forma reconocible en el tiempo y que tiende a ser superada por otras alternativas de narración dentro de la literatura dramática de sesgo político.

La puesta nos presenta un espacio atractivo en su angulosidad y en las posibilidades que esto implica, con su juego de adentro-afuera, su diferencia de niveles y una secuencia inicial capaz de prometer un sólido trabajo.

Sin embargo, a pesar de la habilidad del director para generar imágenes en el espacio prácticamente desnudo de la celda, y de crear un ritmo sostenido en las interacciones, la obra tiende a cobrar un peso discursivo que la va arrastrando lentamente a lo largo del trabajo. Sentimos poco a poco que todo está limpio, que el trazo es correcto y el texto bordeando ideas absolutamente claras y justas... pero que no alcanza, y el material se queda como un paso atrás de lo que podía haber sido una instigación al pensamiento y la emoción.

Tal vez en esto influya, junto con el texto y sus características formales, un tanto el trabajo de los actores —Pedro Armando Rodríguez y Christian Baumgartner— que poseen una indudable fuerza y un admirable compromiso, pero que casi siempre se nos muestran como externos y más transmisores de ideas que de emociones. Su labor es seria, pero en lo personal siento que insuficiente como para conmover al espectador, que va sufriendo ese distanciamiento con el trabajo del que hablábamos antes.

En definitiva, que se trata de una propuesta manejada con dignidad, pero sin el suficiente poder creativo como para constituirse en un acontecimiento especialmente digno de mención dentro de nuestra temporada.