FICHA TÉCNICA



Título obra De la naturaleza de los espíritus

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Ana Ofelia Murguía, Esteban Soberanes, Gabriel Porras, Hernán Mendoza, Laura Padilla

Escenografía Angel Ancona

Iluminación Ángel Ancona

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, “Testimonio lúcido”, en Tiempo Libre, núm. 1010 16 septiembre 1999, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Testimonio lúcido

Bruno Bert

Tal parece que una de las características de estos tiempos de transición es la recuperación de lo antiguo para integrarlo con lo nuevo de manera visible, marcando la heterogeneidad como constitutivo propio de los estilos en vigencia.

Esto se da en la arquitectura, pero también en el teatro, y tal vez un ejemplo de ello es De la naturaleza de los espíritus, la última obró de Héctor Mendoza estrenada recientemente en el teatro El Granero, bajo su propia dirección.

En los años treinta y cuarenta —es decir antes que Mendoza comenzara a producir— el teatro que gustaba al público de clase media y que sufrió un quiebre definitivo con el influjo de la Segunda Guerra Mundial, era aquel que tenía a la palabra como soporte fundamental. Un teatro amable, sea comedia o drama, según se le calificaba entonces, en donde el deambular de los actores no ponía en peligro la clara comprensión de los textos y sus significados. El teatro era un placer esencialmente en el plano de las ideas, y si se gustaba de la complejidad ésta debía ser entregada a partir de una trama bien sólida y organizada. Fue la época de oro de un teatro paralelo a la literatura de Agata Christie, que incluso incorporó algunas de sus obras, con ese suspenso característico que a todos encantaba sin inquietar a ninguno más allá de lo que el "decoro" imponía. Naturalmente, también existían algunos grandes autores, pero eran aquellos que iban a contracorriente.

Ese tipo de literatura dramática naufragó bajo los bombardeos y los movimientos de tropas e ideologías. Lo que emergió después es justamente la historia reciente de las transformaciones del teatro contemporáneo. Hoy, agotadas las vertientes más evidentes de estos últimos cincuenta años, se da un enlace con los afluentes anteriores, sobre todo aquellos con un cierto sabor a popular y vinculados con el humor.

Al asistir a De la naturaleza de los espíritus, una comedia tributaria de aquellas viejas tradiciones, recuerdo que éste es un momento en donde todo vuelve a mezclarse en aras de los sabores y densidades que tendrá la escena de la próxima década. No es un fenómeno que sólo involucre a México, sino que también lo hallamos en varios países latinoamericanos, simultáneamente con otras expresiones, que en lugar de hurgar en el pasado se lanzan a sintetizar lenguajes y preocupaciones tributarios de los nuevos medios de comunicación. Posiblemente tanto unos como otros son sólo un puente entre territorios más sólidos enclavados en el ayer inmediato y en un mañana todavía nebuloso.

Aquí Mendoza juega al mismo tiempo a la ironía sobre su propio material, un tanto de suspenso y a una vaga evocación de lo que podría transformarse en un thriller sin llegar a él. Corno los fantasmas que evoca, tiene poca densidad aunque se la pueda ver y tocar. Es frío y distante, como corresponde al tiempo del que es convocado. Tal vez, aquello que más pue- de atraernos es su capacidad para mantener nuestro interés durante los dos actos, aunque en ellos —como lo fue con Agata Christie— no pase demasiado ni en tanto calidad literaria, juego de ideas, manejo de espacio o trabajo, de actores.

Una vieja casa abandonada, una trágica historia de amor, un crimen pretérito, una serie de malos entendidos, una médium, un montón de seudo discusiones "filosófico-científicas", y el sentido del humor. En fin... todo el antiguo recetario puesto al día. Está bien, creo que es sano ese volver la mirada hacia atrás para poder luego girar y ver un poco más lejos. Máxime si lo hace un autor y director de talento como lo es Mendoza.

El diseño de espacio e iluminación —muy adecuado a lo vago del material— es de Angel Ancona, y los actores principales son Ana Ofelia Murguía, como la brujita-psicóloga, en una construcción más bien de circunstancias; Hernán Mendoza en un protagónico sin demasiadas exigencias y Laura Padilla encarnando de manera interesante a una asesinada cantante de ópera.

Evidentemente no se trata de algo que pueda conmover la cartelera de este año que declina, pero no deja de ser un testimonio bastante lúcido de la evolución del maestro Mendoza, y de toda una literatura con planteos similares en este descartable "final de los tiempos".