FICHA TÉCNICA



Título obra Erótica de fin de circo

Autoría Israel Cortés

Dirección Israel Cortés

Elenco Jerildy Bosch, Silvia Carucillo, Doménico Espinosa

Escenografía Jorge Ballina

Música Agustín Bernal

Notas de Música Iraida Noriega / voz

Vestuario Jerildy Bosch

Espacios teatrales Teatro de las Artes

Referencia Bruno Bert, “Profundo sentido plástico”, en Tiempo Libre, núm. 1008, 2 septiembre 1999, p. 22.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Profundo sentido plástico

Bruno Bert

Siempre genera una sensación de asombro constatar palpablemente el crecimiento, el desarrollo de un ser. Es como asistir a un acto de magia. Sea el hecho repetido y sin embargo singular del crecimiento de la simple hoja de una planta, del complejo desarrollo físico de un niño o, lo que es más fascinante, ver las etapas de maduración de un proceso creador. En este caso estoy hablando específicamente, del trabajo de Israel Cortés, un director al que le conozco apenas tres puestas pero con tales diferencias de crecimiento y maduración expresiva entre ellas como para crear admiración.

Algunos recordarán que hace un par de años fundó, junto con Agustín Bernal, un destacado jazzista, y Jerildy Bosch, una creativa bailarina y coreógrafa, el Circo Raus, un circo "de cámara", que inauguró con un interesante espectáculo que se llamó El funámbulo. Hoy nos presenta un segundo trabajo dentro de esta línea: Erótica de fin de circo, que motiva las palabras del principio.

El teatro de este siglo se ha caracterizado por extender ampliamente sus fronteras e incorporar abiertamente influencias de artes y actividades periféricas pero colindantes. El circo es una de ellas, y tal vez lo que más aportó, por debajo de la imagen y los tópicos, es el sentido del riesgo y la calidad que otorga la precisión. Esos dos elementos, riesgo y precisión, son hoy constitutivos esenciales de cualquier espectáculo que pretenda un nivel artístico. Pero claro que no alcanza con eso, sino que tiene que volverse el esqueleto del trabajo, aquello que sostiene los músculos, la sangre y la piel, esa cubierta tersa, sensitiva y erótica, tan agradable al tacto visual en el caso del teatro. De lo contrario sólo tenemos, como es habitual en el buen circo, habilidad por sí misma, incluso virtuosismo, pero no necesariamente arte.

En Erótica de fin de circo hallamos la conjunción entre habilidad y expresión, y aquí la función artística emerge sin hacer desaparecer el elemento circense. Sólo lo enriquece y complementa, sobre todo con un profundo sentido plástico. En ese aspecto, la tarea del director se enriquece con mucha eficacia con la excelente propuesta escenográfica de Jorge Ballina, la iluminación de Víctor Zapatero y la música en vivo a cargo de Agustín Bernal (contrabajo), Tony Cárdenas (batería) y Emiliano Marentes (guitarra), y la bellísima partitura vocal de Araida Noriega, una aportación sustancial dentro del trabajo, porque transforma lo que podría ser un comentario sonoro a la acción en una de las hebras constitutivas de la misma, con el mismo valor de las acciones que realizan los acróbatas y actores.

El trabajo de estos últimos es notable, siete u ocho profesionales de excelencia, quienes son capaces de teñir sus evoluciones con una carga de sugestión que suele ser privilegio del actor. La calidad de un contacto, la fluidez en la construcción y deconstrucción de una imagen que luego puede volver a repetirse con variantes, la capacidad de lo irónico y lo lúdico sin pérdida de magia... una labor que asombra por los mundos que devela y por la seguridad de sus oficiantes. Casi no hay palabras, y sin embargo existe un universo conceptual, sólo que sometido al rigor de una poética, a la transformación de una metáfora, a un fluido manejo de lenguajes donde cada hecho y cada imagen adquiere valor en la pluralidad de su lectura y en el perfecto trazo de su signo.

Por supuesto no estoy avanzando sobre el plano anecdótico, simplemente porque creo que ése es apenas una breve puerta hacia un mundo de una tal riqueza de sugestión como para sea cada espectador el que haga su propia historia... si es que la necesita. Creo que Erótica de fin de circo no es exactamente un espectáculo de teatro, es sólo un espejismo de frontera, allí donde el teatro se funde y se transforma en una infinidad de otras posibilidades. Pero en eso consiste el arte, en su capacidad de compartir con nosotros la sugestión de nuevos mundos. Indudablemente se trata de un espectáculo que representaría a México con gran eficacia en cualquier foro internacional. Ojalá tenga la oportunidad de hacerlo.