FICHA TÉCNICA



Título obra F@usto, V 3.0.

Dirección Carlos Padrissa

Grupos y compañías La Fura dels Baus

Espacios teatrales Teatro Metropolitan

Referencia Bruno Bert, “Ludici@d y gr@tuid@d”, en Tiempo Libre, núm. 1001, 15 julio 1999, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Lucid@d y gratuid@d

Bruno Bert

Cuando nos encontrarnos frente a un grupo al que podernos llamar "histórico", en función tanto de su antigüedad como de la trascendencia de sus obras, no observamos solamente el espectáculo que nos presenta, sino que también intentamos sentirnos a la sombra de un tiempo.

Por circunstancias fortuitas nunca tuve la oportunidad de hallarme frente a La Fura deis Baus. He visto fragmentos de videos, una cantidad de fotos y leído bastante sobre ellos. Pero eso ayuda poco, y más tratándose de una organización que pone a lo espectacular, a la imagen desbordada y la violencia en el eje de su acción. Evidentemente o se los ve o estamos fuera del juego para cualquier tipo de juicio. Tuve finalmente la oportunidad de asistir a F@usto, V.3.0. en la enorme sala del Metropolitan.

Era extraño que el demorado encuentro se realizara en ese espacio convencional, después de tantas imágenes en calles, galerones, grúas gigantescas en medio de avenidas superpobladas, rapeleando edificios abandonados o destruyendo automóviles a golpe de maza. En el escenario estaba montada una gran estructura metálica que podía hacernos imaginar las posibilidades que pudiera dar al actor y al grupo en sus acrobacias formales y en la apelación al espectáculo, al concierto popular, a los programas masivos de televisión. La Fura deis Baus, para los menos enterados, es un grupo español —catalán para mayores datos— que se formó hace unos veinte años generando un fuerte impacto no sólo en el teatro de su país sino en la escena mundial. En sus raíces estaba, entre otros componentes, la voz de Julián Beck, el creador del Living Theatre, cuando en los sesenta vociferaba que todo teatro intelectual debía morir, y sostenía que había que ampliar el campo de las conciencias descubriendo nuevas formas de experiencia y de conducta, que afectaran al público tanto en su mente como en su cuerpo. Ecos a su vez de las proféticas palabras de Antonin Artaud.

En sus inicios, emiten un "Manifiesto Canalla" donde se autodefinen como una organización delictiva dentro del panorama teatral del momento. En todas sus acciones provocan el desconcierto y obligan tanto al público como a la crítica a elaborar nuevos parámetros para poder juzgar un teatro que en muchos casos sólo aparece como un acto de provocación, como un estallido de energía avasalladora. Pero esto es historia. Ahora tenemos al grupo en el Metropolitan reflexionando sobre el Fausto de Goethe y la cibernética.

Dos o tres cosas llaman la atención. La primera es la omnipotencia del objeto que contiene, moviliza o transporta a los actores a lo largo del trabajo. Es como una ortopedia permanente. Es como si el esqueleto del hombre fuera externo y ajeno, sobre todo metálico, reservándose el interior para una desagradable papilla de sangre, vísceras y emociones confusas. La segunda es la dimensión: el hombre y su construcción, el hombre y su entorno, el hombre y sus miedos o deseos, el hombre y el universo o los dioses... una permanente polaridad que relativiza al ser humano hasta lo insignificante, hasta lo ridículo y luego lo redimensiona y no necesariamente con piedad ni hacia sus actos, ni sobre su trascendencia. Claro, aquí estamos hablando de Fausto, pero se ensambla perfectamente con una postura y una estética de larga trayectoria.

Y por último es la confluencia entre el pensamiento y el acto. El teatro concebido como una herencia histórica, compleja, primitiva, fetichista, devoradora, que hace de los hombres ejemplares burlones de los antiguos sacerdotes en ritos degradados en medio de una tecnología que los consume en lugar de realizarlos.

No me importan los nombres de cada uno de ellos. El grupo es un aparato, muy bien construido, con total conciencia de sí mismo, con total eficacia y también con algo del cansancio y el hastío que Fausto expresa en sus primeras palabras. Una ludicidad y una gratuidad que sabe perfectamente sus mecanismos y empieza a distanciarse. Creo que el nuestro fue un encuentro tardío. He podido constatarlos —con admiración en muchos puntos— pero ya lejos de un interés vital y comprometido con tanta imagen y pirotecnia. La tribu sabe su trabajo pero el tiempo no ha pasado en vano ni para la experiencia ni para las "arrugas".