FICHA TÉCNICA



Título obra Actos incidentes

Autoría Moisés Kaufman

Dirección Francisco Franco

Elenco Alejandro Calva, Miguel Rodarte, Luis Miguel Lombana, Pablo Gershanik

Escenografía Laura Rode

Espacios teatrales Foro El Telón de Asfalto

Referencia Bruno Bert, “Ecos del hombre del clavel verde”, en Tiempo Libre, núm. 999, 1 julio 1999, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ecos del hombre del clavel verde

Bruno Bert

A veces uno se pregunta si un tema es capaz de envejecer. Creo que no, que los hitos fundamentales del pensamiento humano no pierden actualidad, lo que envejece es la forma de tratarlos. Eso es lo que permite que cíclicamente veamos con agrado historias que conocemos de sobra. Desde Romeo y Julieta hasta Edipo Rey, incluyendo una gran cantidad de materiales y biografías. Como la de Oscar Wilde, por ejemplo, que es justamente la materia que hoy nos interesa.

La calidad literaria de este escritor es indudable, y también su inteligencia y hasta erudición en temas literarios. Seguramente fue el portavoz del decadentismo finisecular inglés. Sin embargo es claro que su condena por homosexualidad fue la causa fundamental que ha hecho de él una figura que trasciende a sus propios textos en una lectura contemporánea. Y el ejemplo palmario de ello es que —al menos en el medio latinoamericano— se montan muchas más obras sobre Wilde que de Wilde.

Claro, el peligro es contar lo ya contado antes por creadores talentosos a través del teatro, el cine o la televisión. Detrás de cada nuevo estreno sobre los juicios de Oscar Wilde se van acumulando materiales relativamente recientes de bastante impacto. Entonces, como decíamos al principio, el desafío es narrar de nuevo lo mismo pero desde, perspectivas novedosas tanto en lo formal como en lo conceptual.

Moisés Kaufman, autor y director con interesantes antecedentes, es el escritor que en este caso adapta los tres juicios de Oscar Wilde al teatro, con el nombre de Actos indecentes. Ese material fue llevado a escena en el foro de Telón de Asfalto por Francisco Franco.

El texto se nutre básicamente de dos vertientes: las cartas y la literatura del escritor inglés, y las actas de los diversos juicios. Lo restante más bien son elementos de nexo y adaptaciones textuales a un lenguaje de carácter teatral. Esto hace, por el carácter periodístico legal de los fragmentos del juzgado y por el valor casi de orfebrería de los textos habituales de Wilde, que la proposición auroral pase esencialmente por la palabra y toda la obra esté impregnada por un decir omnipotente. La palabra, como creadora y destructora de mundos, enfrentándose prácticamente a sí misma. Interesante la propuesta porque encarna a un mundo —el Victoriano— que jugaba a la negación del cuerpo y las pasiones, pero un tanto pesada y farragoso en sus resultados. Sobre todo cuando repite fragmentos que ya hemos escuchado muchas veces y no nos presenta una visión nueva o un ángulo ignorado. Siento que lo único levemente diferente a lo habitual es el haber evitado una condena explícita y reiterativa sobre la figura de Lord Alfred Douglas. En lo demás, en nada varía de las diversas visiones anteriores.

Francisco Franco intenta un contraataque en el plano de lo visual, sobre una escenografía austera pero bastante efectiva y coherente de Laura Rode. A veces eso se vuelve un tanto complaciente a la taquilla, como los desnudos del principio, o a una dinámica que intenta un ritmo muy veloz que aligere esa constante y nebulosa lluvia de palabras. Su trabajo implica un verdadero combate donde hay conciencia del valor de lo teatral sobre el peso de lo textual y reiterado. Y lo que más interesa es esa dinámica de lucha, aunque con frecuencia la escena se vuelva una pirotecnia de movimientos no estrictamente justificados ni necesarios. Pero logra mantener la atención la mayor parte del tiempo, lo que de por sí no es poco. Hay que admitir que con un libro como el de Kaufman, el director debe ser un verdadero espadachín, para que tanto él como los actores y el público no queden atravesados por tanta palabra ya oída y repetida.

El elenco está compuesto por una decena de actores —todos hombres—interpretando una multitud de papeles. Los únicos que no se duplican son Alejandro Calva como Wilde y Miguel Rodarte en el rol de Alfred Douglas. Buen trabajo el del primero, que reúne una muy verosímil, apariencia física y construcción de personaje. Nunca vemos a Wilde, siempre está ante nosotros la imagen que él construyó para sí mismo. No tan afortunado el joven amante, que se desliza mucho más hacia un naturalismo que desencaja un poco con el contexto. Los demás tienen un rendimiento que no siempre es parejo y que los hace ser efectivos en algunos papeles y bastante menos en otros. Y en esto sucede lo mismo que con la suerte de muchas escenas, interesantes y logradas las menos, un tanto accesorias la mayoría.

En definitiva, un esfuerzo empeñoso e interesante sobre todo para aquellos que no hayan visto mucho sobre el martirio del hombre del clavel verde.