FICHA TÉCNICA



Título obra Medea, el mito

Autoría Rocío Carrillo

Dirección Rocío Carrillo

Elenco Gabriela Reynoso, Roberto Ríos Raki, Leticia Garza

Escenografía Juan Manuel Marentes

Iluminación Mario Mendoza

Vestuario Juan Manuel Marentes

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Mezcla de influencias estilísticas”, en Tiempo Libre, núm. 997, 17 junio 1999, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Mezcla de influencias estilísticas

Bruno Bert

La figura de Medea no podía faltar entre las convocadas con motivo del fin del milenio. Simplemente porque ella es parte constitutiva de todo aquello que significa muerte y renacimiento, sacrificio y retorno. Y tal vez lo interesante es que en esta ocasión, los convocantes no son las organizaciones oficiales sino un grupo alternativo que ha presentado variados trabajos en nuestro medio; además, la versión no respeta ninguno de los textos tradicionales —desde Euripides a Anouilh— sino que se recompone con trozos y sugerencias de varios. Maestra en fragmentar cuerpos y alentar huidas, esta Medea renace de otras que se han dado a lo largo de la historia del teatro en su fuga hacia el siglo XXI.

El experimento se lleva a cabo en los espacios del Santa Catarina, un teatro de la universidad, tradicionalmente dedicado al riesgo creativo, en un ámbito de cámara con gran cercanía de los espectadores al hecho escénico. Allí, en ese pequeño foro semicircular, Rocío Carrillo, la creadora del espectáculo y directora del grupo "Organización Secreta (Confabulación Teatral)", dispone el ámbito como si fuera un rincón de un basurero tecnológico. Las paredes se revisten de pinturas punk, donde la combinación de rostros y calaveras diseñadas con aerosol se vuelve referente de violencia actual y lazo con los viejos dioses de la muerte. Así, Hécate se confunde con las imágenes que podríamos hallar en la chamarra de un joven banda habitante de barrio marginado. El suelo se halla sembrado de televisores destruidos y tres de ellos —en función y sustituyendo actores— se encienden periódicamente dialogando con Medea a lo largo del espectáculo.

Sólo hay tres personajes vivos en escena: Medea, su nodriza transformada en media hermana y Jasón. La directora ha mantenido el eje anecdótico central, es decir el abandono, las discusiones de la pareja, la venganza y la muerte de los hijos, y en este caso hasta de la propia Medea en la escena final. Es decir que el discurso se articula posiblemente sobre tres ejes: uno tiene que ver con lo femenino, con la relación de pareja y en última instancia con lo sicológico. Es el más explotado y donde más aparece la influencia de Anouilh. El segundo se vincula con la tragedia y la visión clásica de la misma. Con el sentido del héroe y su función, la escritura del destino y la participación de los dioses. Allí naturalmente son Euripides y Corneille los que seguramente han dado su aporte, y es donde se intenta un cierto distanciamiento con ese predominio emotivo e intimista del primer cauce. Y por último, un manejo de la apetencia del poder —en relación al Estado, pero también vinculado a la pareja— y la violencia, que es el que más cercano nos resulta y que adquiere tonos kitsch hacia ese final de difícil verosimilitud dada la mezcla de influencias estilísticas.

Creo que una de las principales virtudes del producto es su aliento e intensidad. Y una de sus debilidades posibles es la multiplicidad de intenciones contenidas, que a veces entran en colisión entre sí. Cada época histórica tiende a dar prioridad a una visión particular del mismo fenómeno. De allí la existencia de tantas Medeas desde los griegos a hoy, anecdóticamente similares, pero en definitiva muy distintas. Rocío Carrillo intenta una síntesis contemporánea y lo logra parcialmente, por esa dificultad de reasimilación de los segmentos del pasado. A pesar de que la fragmentación sea justamente una característica del actual lenguaje escénico.

Los actores son Gabriela Reynoso, en el papel de Medea; Leticia Garza Joa, como Lisa y Roberto Ríos Raki, asume a Jasón. Interesante el trabajo de las dos mujeres, que intentan ese equilibrio entre las zonas de distancia y los momentos intimistas; entre la imagen de la semidiosa y la mujer despechada. Un poco más rígido el único intérprete masculino, con menos capacidad de matizar y convencer.

En definitiva, un trabajo de empeño, con sus tropiezos y aciertos, en un espacio propicio para la búsqueda.