FICHA TÉCNICA



Título obra Luisa Fernanda

Autoría Federico Romero y Guillermo Fernández

Elenco Pepita Embil, Florencio Calpe, Francisco Sierra (Paco), Charito Leonis Floren (Torcuata), Víctor Torres, Alfonso Torres, Consuelo Monteagudo

Música Federico Moreno Torroba

Grupos y compañías Compañía de zarzuelas española y operetas vienesas de Pepita Embil

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “La temporada de zarzuela y opereta en el Arbeu. Plenitud de Paco Sierra. Una magnífica Luisa Fernanda por la Embil y Florencio Calpe. Se canta La Princesa del Dólar como no se oía desde los tiempos de Luisa Vela y Emilio Sagi-Barba”, en Novedades, 6 enero 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La temporada de zarzuela y opereta en el Arbeu. Plenitud de Paco Sierra. Una magnífica Luisa Fernanda, por la Embil y Florencio Calpe. Se canta. La princesa del dólar, como no se oía desde los tiempos de Luisa Vela y Emilio Sagi-Barba

Armando de Maria y Campos

Luisa Fernanda –comedia lírica en tres actos, libro de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, música de Federico Moreno Torroba, estrenada el 26 de marzo de 1932, en el teatro Calderón, de Madrid– es el nombre de la protagonista de esta afortunada pieza española, y es también la consecución de un ambiente. La "gloriosa" del 68 no fue una revolución antimonárquica, ni siquiera antidinástica: a derribar el trono de Isabel II fueron del brazo un caudillo borbónico –Prim–, un decidido republicano –Figueras– y montpensieristas más o menos embozados como el duque De la Torre, Adelardo López de Ayala y Córdova. (No estaban ausentes los alfonsinos –Cánovas entre ellos–, que habían de practicar la virtud de la espera, hasta que su fruto deseado madurase). Sin la revelación del conde Reus como hombre de energías y obstinaciones al servicio de su fobia por la dinastía derrocada, la duquesa de Montpensier –María Luisa Fernanda–, habría reinado y quizá merecido el consejo de loas y gracias que su persona, antaño, y a su memoria, todavía ayer, suscitaban en Sevilla. El regocijo con que el pueblo español recogió los amores del rey Alfonso con la infanta Mercedes, hija de Luisa Fernanda, como el sentimiento que produjo su temprano óbito, que inspiró uno de los más ingenuos poemas populares que se cantaron en coros infantiles, ¿no eran tácito homenaje a la infanta que no pudo ser reina? La zarzuela Luisa Fernanda –que ahora se canta en el Arbeu, por la Compañía de Pepita Embil, con Paco Sierra y Florencio Calpe–, recoge unas estampas madrileñas, con un estrambote extremeño para el desenlace, de la corte en cierne de Luisa Fernanda, que no llegó a ganar. Una serie de daguerrotipos castizos de los sucesos que precedieron al acontecimiento que culminó en Alcolea forman el fondo de la trama, muy zarzuelera, en la que intervienen Luisa Fernanda, señorita pobre enamorada; la duquesa Carolina, aristócrata intrigante y sensual; Vidal Hernando y Javier Moreno, enamorados con diversa fortuna; el inquieto Vidal y el pintoresco don Florito, etc., etc., y entre esta galería de tipos, el amor de la protagonista, como el Guadiana, eclipsándose, reiluminándose, entre dudas y resoluciones, hasta que cumple su destino. El del río es el mar. El de Luisa Fernanda es el amor de... Bueno, ¿qué voy a descubrir al lector, que de fijo conoce esta bellísima zarzuela que ya pasa de las 5,500 representaciones?

Lo que ahora importa es destacar la excepcional interpretación que le dan en el Arbeu, Pepita Embil, Paco Sierra y Florencio Calpe, secundados por la Leonís, los hermanos Torres y Consuelo Monteagudo. Hace seis meses me referí en particular a la Embil y a Calpe; ahora es de estricta justicia afirmar que el Vidal Hernando de Paco Sierra es el mejor que se ha oído en México y uno de los más destacados de aquí y de allá. Paco Sierra se encuentra en plenitud de su afortunada carrera de gran cantante, enamorado de su profesión, disciplinado, estudioso y lleno de respeto al público. Si en algún día se pensó que cruzaba la escena cogido de la mano, guiado por los difíciles, escabrosos caminos del arte teatral, ahora ya camina solo, rico en experiencia no obstante su juventud madura, dominando en absoluto su órgano vocal de timbre varonil y lleno de calor y de color, actor también, de magnífica presencia y dueño, además, de equilibrada simpatía. Todo lo reúne este actor y cantante que se halla en la mitad precisa de su carrera artística, y con facultades para ascender todavía. No sé el destino que alcanzará la temporada de opereta y zarzuela que se desarrolla en el Arbeu, pero cualquiera que este sea, se recordará porque en ella Paco Sierra pisó la escena mexicana como el mejor barítono del género de que pueda ufanarse la escena española en América y en la Península. Si no fuera bastante su magnífico Vidal Hernando de Luisa Fernanda, lo consagraría también la admirable interpretación que logró del Fredy Wherburg de La princesa del dólar, la otra obra que ahora se canta en el Arbeu, también con Pepita Embil –una estupenda Alicia–; con Calpe –magnífico barón de Slick–, y con Rebeca del Vivar, joven debutante, linda mujer, y graciosa tiple cómica "a gran voz", como se decía en tiempos de Luisa Tetrazzini...

Y a propósito de Luisa Tetrazzini, la eximia soprano italiana vino a México en el apogeo de su gloriosa carrera artística, en 1905, precisamente en el Arbeu. Venía de Nueva York, de cantar a cincuenta dólares la luneta. En México había crisis –como ahora–, y la Tetrazzini cantó una Dinorah de Meyerbeer –tengo el programa de esa función delante de mis ojos– a un peso cincuenta centavos la luneta. Que esta anécdota dolorosa y deprimente para nuestro público, les sirva de consuelo, y de estímulo, a Pepita Embil, a Florencio, a Paco Sierra, que si bien es verdad que han venido cantando estas últimas noches ante escaso auditorio –culpa, quizá, de la falta de "fotingos"– los aplausos, coreados con ¡vivas! y ¡bravos! han de haber sonado en su corazón con un timbre más grato que el de nuestros "morelos" de dudosa plata. Y al verídico testimonio de quienes estas últimas noches han acudido al Arbeu me remito.

Ya en plan de noticias, y sin salirme de la calle de El Salvador, es oportuno informar al lector que al lado de la Embil y de Sierra, de Calpe y de Rebeca del Vivar, el público adicto al género zarzuelero y operístico, oirá muy pronto a la bella vedette vienesa del género de Lehar y Fall, Margarita Maris, también en radiante plenitud, como mujer y como cantante, y a una nueva gran tiple mexicana, Ernestina Garfias, que viene a ocupar el lugar en que un día brillaron María de la Fraga, Adda Navarrete, María Romero, Carmen García Cornejo, Consuelo Cabrera, Clarita Sánchez y Evangelina Magaña, todavía ayer, y si aún quisieran, Celia García, Irma González y Oralia Domínguez, que podrían ser las grandes tiples de estos géneros, y de la talla de Chole Goyzueta o Josefina Peral, si no estuvieran envenenadas por el mentiroso, irresponsable, pero, ay, qué bien remunerado, arte del micrófono...