FICHA TÉCNICA



Título obra Fe de erratas

Autoría Agustín Meza

Dirección Agustín Meza

Elenco Gustavo Muñoz, Harif Ovalle, Isabel Romero

Iluminación Carolina Jiménez

Espacios teatrales Teatro Santa Fe

Referencia Bruno Bert, “Provocación escénica”, en Tiempo Libre, núm. 993, 20 mayo 1999, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Provocación escénica

Bruno Bert

Es claro que el teatro de denuncia social debe reestructurar sus formas. Aquel que sirvió en las décadas pasadas cayó en el panfletismo o perdió eficacia por el poco cuidado de sus componentes artísticos. Hoy los dramaturgos y directores deben encontrar nuevas formas de reiterar la denuncia ante la injusticia, porque ésta, por supuesto, nunca pasa de moda ni tampoco pierde actualidad.

Entre los dramaturgos de nuestro país que han transitado este camino con bastante eficacia, está Willebaldo López. Hacía cerca de diez años que no nos presentaba un nuevo trabajo (Tereso y Leopoldina creo que fue el último), aunque recientemente se repuso Cosas de muchachos, en una puesta muy dinámica y renovadora.

Ahora acaba de estrenar La primera dama, incluida de la Temporada de Autores Mexicanos Contemporáneos, que está auspiciando la Sogem. En ella ocupa tres papeles, ya que como le es habitual, no sólo es el autor del texto, sino también el director (con la colaboración de Felipe Oliva) y uno de los dos únicos intérpretes.

Como todos los materiales suyos que conozco, la anécdota está estructurada de manera naturalista, con gran claridad bastante sentido del humor y un decidido compromiso de denuncia hacia la realidad política que nos rodea. Aquí, anecdóticamente, toma a un gobernador y a su esposa el día en que deben dejar el cargo pc _ haber concluido el periodo de gobierno. Él es un individuo inseguro e inescrupuloso y ella una especie de líder oculto, enferma de necesidad de poder. Los dos pertenecen al partido político que gobierna al país. El protagónico, como lo sugiere el título, está en la mujer, que organiza todo un complot de alto nivel a fin de permanecer en el puesto cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Como es natural, se trata de un material que intenta mostrar el ámbito de corrupción en el que se mueven las capas políticas y el tipo de individuos que componen sus estamentos. Todos conocemos a fondo ambas cosas, porque los periódicos y medios informativos de los últimos años lo han difundido con las tintas más negras y las imágenes más expresivas. Y ésta es la primera piedra con la que choca el dramaturgo: es lugar común que la realidad siempre supere a la ficción y esos personajes se nos hacen mucho más ingenuos que sus homólogos reales.

No nos agregan nada, más bien se quedan cortos, a pesar de los crímenes y la corruptela.

El otro problema radica en que el autor —al igual que el personaje— se muestra indeciso, y no asume ni una decidida comedia ni una pieza en todo su peso. En el primer caso esto le daría mucho más vuelo para imaginar y proponer, no debiéramos estar atados a un cierto sentido de la verosimilitud y podría inventar las burlas más crueles y los desbordes más inusitados, al mejor estilo del humor popular político del viejo México. En la segunda opción las tintas debieran ser más oscuras, las circunstancias de la anécdota más creíbles, el contexto menos absurdo, los perfiles mucho más afinados.

Esta ambigüedad nos da una media agua donde ni terminamos de reír ni de horrorizarnos, y naturalmente la denuncia como tal pierde eficacia, lo mismo que la obra. Se vuelve algo que ya hemos visto otras veces, y de una manera mucho más tibia y menos imaginativa a cómo se las juega la realidad.

Hay habilidad para el diálogo y fluidez en la construcción, pero no es suficiente. Lo mismo sucede con el con texto escenográfico de Félida Medida: ilustra correctamente, sin aportar su propio comentario al asunto.

El protagónico está interpretado por Joana Brito, con fuerza y rasgos que, tal vez casualmente, me recuerdan a una verdadera primera dama que conocí de manera personal hace ya varios años. Su esposo —Willebaldo López en la ficción— se muestra dúctil, aunque tal vez excesivamente débil y pelele a manos de su mujer. Ambos, sin embargo, tienen un desempeño muy digno y grato de ver en muchos momentos.

En definitiva, un trabajo de nivel medio que nos reencuentra con un dramaturgo que supo aportar interesantes elementos al teatro mexicano, sobre todo en los sesenta y setenta, pero que tal vez hoy necesite una puesta al día formal en la estructura, tanto de sus textos como de su sistema de puesta.