FICHA TÉCNICA



Título obra La sombra del gato

Autoría Norma Barroso

Dirección Demian Bichir

Elenco Leticia Huijara, Evelyn Solares, Martín Altomaro

Escenografía Mónica Raya

Iluminación Mónica Raya

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “¿Y la magia?”, en Tiempo Libre, núm. 988, 15 abril 1999, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¿Y la magia?

Bruno Bert

Los teatristas, de la generación menor a los treinta y cinco años, gustan con frecuencia de explorar los distintos papeles que pueden asumir en la tarea creativa. Eso nos permite conocerlos como dramaturgos, actores, directores y hasta escenógrafos, formando alianzas fértiles en posibilidades, aunque naturalmente no siempre puedan demostrarse talentosos por igual en todo lo que hacen.

La observación viene a cuento por una obra que se está presentando en el Foro Shakespeare: La sombra del gato, de Norma Barroso, montada bajo la dirección de Demian Bichir. Actores ambos, que tienen a este espectáculo como su opera prima en dramaturgia y dirección respectivamente.

El material aborda la relación entre un preso, que está purgando una condena de ocho años, posiblemente por su vinculación con un asesinato, y una joven que hace una serie de visitas a la cárcel con la intención de leer poesía a los internos.

Entre ambos nace una forzada relación, entre erótica y afectiva, con un desemboque trágico hacia el final, que podemos ir presintiendo desde mucho antes. No es clara la intención de la anécdota. Podría lanzarnos a la descripción de la vida diaria de los presos, pero eso sólo ocurre de manera un tanto tangencial. Cabría profundizar entre dos distintas concepciones de vida (dos éticas y dos clases sociales) en esa pareja tan desigual, pero también esto se encuentra apenas esbozado. E incluso hasta sería posible fantasear sobre ciertos determinismos, ya que la madre del muchacho es una ausencia permanentemente presente a través de la magia. Ella parece ser el hilo conductor, quien provoca la situación y también la que le da término, frente al intento de abandono de la mujer. Un filón interesante al que sin embargo no se le hace crecer lo suficiente como para que tome un primer plano.

Así, la escritura se basa en un núcleo más o menos explorado —las circunstancias de soledad y erotismo en la prisión— haciendo converger en él una serie de posibilidades que enriquecen pero no completan el diseño que la escritora nos propone. Es como si Norma Barroso hubiera hallado la fuente de su discurso, pero no totalmente el cauce por donde desembocar las ideas y la intención.

Por su parte, Bichir toma este material y aunque lo desarrolla prolijamente, se queda en un primer estadio en su manejo, conformándose con lo que la superficie del texto y la anécdota nos brinda, sin bucear más a fondo. En este sentido es extraño que la magia, invitado que debiera ser sustancial, no logra traducirse en la puesta, aligerándola de un naturalismo que por momentos la vuelve pedestre e ilustrativa. Tampoco contribuye Mónica Raya, que resuelve el espacio a través de una escenografía que resulta más práctica que expresiva. Creo que ese recurrir a la eficiencia más que a la creatividad es lo que también le sucede al director, posiblemente preocupado por un ingreso claro y legible en este nuevo papel.

Los protagónicos están asumidos por Leticia Huijara y Martín Altomaro. Los dos emparejan sus actuaciones, formando una unidad, pero a juzgar por el texto ésta podría seguramente potenciarse más, insinuando todo ese cono de deseos y repugnancias, acercamientos y rechazos, implícitos pero no siempre presentes en el cuerpo de los actores. Evelyn Solares es ese poder permanente que sólo nosotros podemos ver, pero que juega casi a la omnipotencia, si no en el entorno carcelario, al menos en el caso de la pareja.

El Foro Shakespeare ha perdido parte de su personalidad desde la muerte de su fundador, ese gran luchador que fue Héctor Fuentes. Puede que la presencia más frecuente de nuevos creadores —como en este caso- vuelva a ese foro imprescindible a sus cauces originarios donde se combinaba riesgo y seguridad y donde los que dan sus primeros pasos se hallan junto a materiales ya experimentados, en una combinación que permite al público bucear alternativas maduras y recientes por igual.

En definitiva: no se crece sino a través de la experiencia, y creo que vale la pena apoyar a los que a pesar de tener un nombre en espacios económicamente más seguros, asumen el desafío de aprender.