FICHA TÉCNICA



Título obra Héroes del día siguiente

Autoría Irineo Paz

Notas de autoría Alejandro Ainslie / adaptación

Dirección Alejandro Ainslie

Elenco Luis Rábago, Ana Celia Urquidi, José Sefami, Luis Artagnan

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, “Complicidad de estrategias y valores”, en Tiempo Libre, núm. 987, 8 abril 1999, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Complicidad de estrategias y valores

Bruno Bert

El siglo XIX no ha sido muy fructífero en grandes dramaturgos, al menos en nuestro país. Así que es más que raro hallar en las carteleras una obra que corresponda a ese periodo.

Como es natural, la excepción se da en los espacios universitarios, con un teatro que se piensa a sí mismo en su función histórica y cultural. Allí es donde se está presentando Los héroes del día siguiente, de Irineo Paz, bajo la dirección e Alejandro Ainslie. Paz (1836-1924) que por supuesto es el abuelo de Octavio, fue un escritor prolífico que abarcó muchos géneros y sólo esporádicamente pasó por el teatro, con un par de obras que al parecer no suscitaron gran entusiasmo entre sus contemporáneos: comedias y sainetes con fuerte contenido social en tiempos del nacimiento de ese tipo de expresión, luego tan arraigada en la cultura popular mexicana. Supongo que el interés por su rescate y puesta se debe, por un lado, a la natural labor de salvaguarda de nuestro patrimonio cultural, propia de una Universidad; y por el otro al hecho que la ironía que juega el texto puede tener una cierta actualidad dentro de nuestro panorama político. Digamos que actualizando ropas y giros aún podemos hallar, en estos tiempos de cambio, tipos muy similares en la rebatiña de prebendas ante los nuevos nombres del poder político.

Estilísticamente la comedia no presenta innovaciones formales en relación a otros trabajos similares de su época, pero hay que admitir la habilidad del autor para el diálogo, un buen desarrollo de la trama y un conocimiento de lo que el teatro exige a un texto para que éste se muestre vivo no sólo para quien lo lee sino sobre todo para el espectador.

Supongo que ha existido una adecuación del mismo destinada a este montaje, creo que a manos del propio director, porque no se encuentran en él ni las largas parrafadas acostumbradas entonces, ni la sobreabundancia del tono retórico. Pero eso se agradece, para poder gustar lo esencial, aligerado de lo que pudiera pesarnos sin contribuir demasiado.

Anecdóticamente toma a dos o tres politicastros, entre los que incluye a un militar, de esos que acostumbran soplar para donde el viento corre y a cambiar de dirección apenas las circunstancias aconsejen lo contrario. Los ubica ante un golpe de estado que lleva al poder a otro bando, a los que ellos se adhieren de inmediato reclamando ubicaciones en las funciones de Estado bajo el supuesto de antiguas e inexistentes adhesiones a la causa. La burla es amplia en su alcance y no sólo se refiere a estos "héroes del día siguiente", sino también a sus familias, aquí las mujeres son las que verdaderamente traman y dirigen, incluso a los representantes del nuevo poder, que de inmediato conceden lo solicitado, en una evidente complicidad de estrategias y valores. Un aire de recuerdo a las fórmulas y personajes de la comedia clásica nos dice que Paz aunque fuera un escritor circunstancial de teatro, era también una persona de amplia cultura e información.

El montaje de Ainslie es sólido, ágil, con muy buena comprensión del material que tiene entre manos y de las reglas necesarias para que el rescate que hace no se vuelva arqueológico. Phillipe Amand, en la escenografía e iluminación, se alía con él y crea un espacio que no intenta el salón burgués sino el despliegue de la teatralidad abierta en las convenciones del siglo XIX, previas a la imposición del naturalismo escénico.

Los actores son Luis Rábago, Ana Celia Urquidi, José Sefami, Alvaro Carcaño, Avelina Correa, Luis Artagnán y María de la Luz Zendejas. Un equipo que se apropia del escenario con soltura, que maneja los tiempos con la ligereza que impone la comedia, y sobre todo que juega el humor y la ironía de los textos con mucha gracia.

En definitiva, lo que nació como un trabajo de circunstancia, con un valor efímero y coyuntural, es montado con la prevalencia de esa misma idea. Como todo el teatro político de tandas y de carpa, destinado a hacer reír un momento para olvidarlo al día siguiente... a menos que cien años después alguien lo rescate, como en este caso.