FICHA TÉCNICA



Título obra Las historias que se cuentan los hermanos siameses

Autoría Martín Acosta y Luis Mario Moncada

Dirección Martín Acosta

Elenco Ari Brickman, Mario Oliver, Romina Garibay

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Fluidez y fertilidad”, en Tiempo Libre, núm. 981, 25 febrero 1999, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Fluidez y fertilidad

Bruno Bert

Siempre han existido afinidades electivas entre creadores, configurando equipos que incluso llegaron a ser memorables históricamente hablando, pero éstos son tiempos en donde esa modalidad encuentra un más amplio desarrollo, sobre todo entre las generaciones jóvenes. Ejemplo de ello en nuestro teatro es la mancuerna entre Luis Mario Moncada como autor y Martín Acosta como director. Una fraternidad de visiones que se ha plasmado en varios trabajos y que ahora da como resultado Las historias que se cuentan los hermanos siameses, que se presenta los lunes en el Foro La Gruta bajo autoría de ambos.

Buena parte de la riqueza de una obra seguramente se encuentra en su capacidad de contener una pluralidad de lecturas. A menor sentido unívoco, mayor posibilidad de participación de parte del espectador, que puede acercarse al producto desde su subjetividad y completar el discurso según sus personales motivaciones e historia. En Los siameses estas alternativas de interpretación son evidentes. En primera instancia la obra se presenta totalmente alejada de cualquier intencionalidad naturalista en su estructura narrativa. Es un cuento, con la calidad de un ambiguo apólogo (sin moralinas y muy fin de siglo), que a su vez contiene otro. Al estilo de las narraciones medievales de oriente, y que luego Shakespeare tanto usó en su teatro.

De allí que el lugar en que se desarrolla la acción es el espacio vacío, apenas enmarcado estenográficamente, casi como una página en blanco, donde autores y director trazan las líneas que nosotros habremos de reubicar en su esencia según nuestra propia sensibilidad e imaginación. Incluso están las "acotaciones al margen", dirigidas directamente al público y muchas veces en el afuera inmediato —en el margen, justamente— del espacio escénico.

Dos siameses, que lo son por abierta convención teatral y no por intento de ilusión escénica, nos narran una historia de amor, encuentro y desencuentro. Pero ¿qué nos simbolizan ellos mismos más allá de la translúcida consistencia de la convención? ¿Quién es ese hermano siamés del que no podemos desprendernos ni aún por operación, con el que compartimos secretamente nuestra pareja y con el que en definitiva nos contentamos en las ideas, el contacto y el afecto? Claro, allí están las contestaciones personales. Puede ser la relación entre autor y director en un proceso de obra, con el público como el tercero, al que dirigimos nuestro amor, aunque tengamos la tentación masturbatoria de volver el producto hacia nosotros mismos en exclusión imposible del externo. Puede ser una historia homosexual e incestuosa donde esas dos palabras pierden su significado porque reunidas forman lo "monstruoso", siendo que el arte, por definición para serlo, debe contener esa monstruosidad sin la cual es puro adorno. Puede ser... banal o trascendente según pueda usted leerlo.

La dirección de Martín Acosta reafirma una línea de trabajo intimista, despojada en cuanto a objetos pero muy rica en tanto imaginación y una excelente capacidad de manejo de espacio y actores en todo lo que evoque lo minimalista. Creo que aquí su labor conjuga imagen y palabra como una unidad que por momentos se vuelve indiferenciada, marcando una gran interpenetración creativa con Luis Mario Moncada.

Tanto se dibuja con el texto como se crean imágenes conceptuales a partir de la conjugación de los cuerpos y las acciones. Claro que esta cualidad es propia del teatro, pero sin embargo no es frecuente encontrarla con esta fluidez y fertilidad.

Los intérpretes son Mario Oliver, Ari Brickman y Romina Espinosa. Tres sólidas interpretaciones con esa justa dosis entre lo entrañable y evidente, personaje de ficción que caracterizan buena parte de las obras trabajadas por Martín Acosta. En definitiva, un trabajo para ver, ya que se trata de uno de las más sólidas propuestas que tenemos actualmente en temporada.