FICHA TÉCNICA



Título obra Ahitestás

Autoría Dolores Heredia y Daniele Finzi

Dirección Dolores Heredia y Daniele Finzi

Espacios teatrales Centro Cultural Helénico

Referencia Bruno Bert, “Brumas, zagas y poesía”, en Tiempo Libre, núm. 979, 11 febrero 1999, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Brumas zagas y poesía

Bruno Bert

En arte la identidad siempre habla de madurez y de potencialidad creativa. Son muchos los que crean espectáculos, pero en pocos de ellos podemos hallar un estilo que realmente los identifique y en el que el artista se mueva como un microcosmos personal que nos entrega casi como un don. De allí que grupos teatrales como el de Daniele Finzi y el "Teatro Sunil", sean capaces de generar de inmediato a un conjunto de incondicionales. Aquellos que se sienten atraídos por la órbita poética de este particular teatrista suizo que ahora está nuevamente entre nosotros con Aitestás.

Este es apenas el segundo espectáculo que veo de ellos, aquí en México, pero también asistí a una demostración de trabajo que hace unos meses realizaron durante un festival internacional en Perú. Es la suma de estos encuentros que me permite ver en el trabajo de Daniele Finzi una dualidad importante: si bien cada espectáculo tiene un valor autónomo, parecen en general estar recorridos esencialmente por las necesidades e historias personales de su autor. La suma de sus trabajos no solamente puede construirnos una biografía artística sino también vivencial y humana. No desde el punto de vista documental, dado que este creador se halla completamente alejado de un naturalismo representativo, sino más bien una ruta náutica de sus sueños. Con la arbitrariedad de tiempos y espacios que estos manejan e inclusive, como en este caso por ejemplo, sin ninguna linealidad narrativa, más aferrado a la música que al cuento tradicional.

El espacio es cualquier lugar, un yermo donde nieva y en donde sólo hay un gran portal de hierro forjado. Sólo eso, la puerta. Con un actor de un lado y una actriz del otro, recordándome un cuadro de Magritte o una ilustración de El libro de los libros, si tomamos un referente gráfico temporalmente más cercano. Y allí se concentran todos los horizontes posibles, todos los adentro y afuera, todas las búsquedas y encuentros, con una capacidad de síntesis que compensa una cierta tendencia de Daniele a perderse reiteradamente en ciertos recursos narrativos de los que echa mano una y otra vez. El clown y su arte está en el corazón mismo del espectáculo, pero muy lejos de ningún tipo de ortodoxia formal, sirviendo de fuente de recursos y sugerencias para el director y los actores, que adecuan a una forma propia esos orígenes.

Es interesante que la pareja —Daniele Finzi y DoloresHeredia— que además lo es también en la vida real, haya dedicado este trabajo a "los hijos que tendrán", y que ésta aparentemente efímera herencia consista en recuerdos, sueños, pequeños mitos, alguna que otra manía... una cuna hecha de un pasado cargado de afecto, respeto e ilusiones. Y también de una capacidad para hacer fértil el mestizaje de las culturas, diversas y simultáneas en un grupo donde existe más de una nacionalidad, y por lo tanto más de un pasado que conjugar. Alimento nada despreciable para el que llega, sobre todo calculando la dificultad para el sueño y la esperanza de la generación de estos padres o futuros padres, que por el momento generan como hijos a sus obras. Hijos bastardos —que eso es lo que ellos han significado con la palabra reinventada de "aitestás"— capaces de ser compartidos por nosotros con esa misma ternura que siempre se haya presente cuando un clown trabaja, porque hace parte de sus recursos de lenguaje.

Y se habla de aventuras. En primer instancia la de la misma pareja, que parece huir en la noche para verse a través de esa reja que al tiempo es unión y distancia, a pesar de la familia y los pueblos distintos a los que pertenecen, dispuestos a arrancarles el corazón y la cabeza si se enteraran. Y también de esos pueblos y de sus propios antepasados. Pero es interesante el hecho mismo del que hablan, porque la poética de la imagen aquí se ve complementada por el valor de la palabra no sólo como vehículo narrativo, sino como espacio del sueño que nace convocado por la voz. Una voz que juega y susurra mientras el cuerpo asume la provocación y nunca permite la posibilidad de la identificación. Debemos compartir el juego, debemos crear a partir de la ficción. La capacidad lúdica no se encubre, sino que se descubre para evidenciar la fragilidad de lo que recibimos, tan débil, tan efímero y sin embargo potente y trascendente porque se ha vuelto arte.

Este grupo trashumante ("Sin raíces. Hemos caminado toda la vida. Jamás nos detendremos", expresa el programa de mano) estará entre nosotros unas pocas semanas. Los gustadores de las brumas, las zagas y la poesía seguramente hallarán este trabajo a su medida.