FICHA TÉCNICA



Título obra Despertar de primavera

Autoría Frank Wedekind

Dirección Andrea Pasioto

Grupos y compañías Grupos La Mama Experimental Theatre Club (Italia) y Mexihcco Teatro (México)

Espacios teatrales Claustro de Sor Juana

Referencia Bruno Bert, “Itinerario de un despertar”, en Tiempo Libre, núm. 978, 4 febrero 1999, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Itinerario de un despertar

Bruno Bert

En los espacios del Claustro de Sor Juana se está presentando por muy pocas funciones un espectáculo que es resultado de una colaboración internacional entre grupos. Por parte de nuestro país el Me xihc co, Teatro, creado por María Morett y Alvaro Hegewisch en el 91; y representando a Italia/ Estados Unidos La Mama, Experimental Theatre Club, el Famoso grupo al que diera vida en 1961 Ellen Stewart y que tradicionalmente es considerado como una de las más importantes organizaciones teatrales off Broadway de Nueva York. La Mama tiene una organización vinculada y con el mismo nombre en Italia. El coordinador de este grupo italiano, Andrea Paciotto es el que ha tenido en sus manos la puesta en escena de la que nos estamos refiriendo.

Se trata de una bastante particular versión de Despertar de Primavera, la famosa obra que Frank Wedekind (1864-1918) compusiera hacia fines del siglo pasado, y por la que tuviera que esperar cerca de 15 años para estrenarla por lo escabroso crudo de la temática según la consideración de sus contemporáneos. El problema de la sexualidad, sobre todo en la adolescencia, y la forma que era encarado este tema en la sociedad burguesa de su momento fue algo que preocupó a Wedekind en varias de sus propuestas dramatúrgicas, siendo también motivo para múltiples controversias con la censura que siempre obstaculizaba cada uno de sus estrenos. Posiblemente Despertar de primavera sea una de sus obras más rescatadas, porque puede ser adecuada a nuestro momento histórico y montada escapando a un naturalismo que la encorsetaría en la sociedad victoriana de su época. El propio Wedekind prepara sus materiales tratando de superar el naturalismo imperante pero en crisis, abriendo posibilidades hacia un expresionismo que lo tiene, junto con Strindberg, entre sus primeros creadores a través de caracterizaciones abiertamente grotescas y simbolistas.

La anécdota transcurre entre estudiantes púberes, varones y mujeres, que están entrando en la adolescencia sin la más mínima orientación por parte de su entorno tanto familiar como escolar en lo que hace a su sexualidad. Más bien en ellos se da la clara marcación de una doble moral, que es el sinónimo de aquella época y también de buena parte de la nuestra. El material está teñido de un tono pesimista y trágico en donde todo lo que debiera ser signo de vida y crecimiento se ha transformado por medio del entorno en preanuncio 1e represión y muerte.

Aquí el director cuenta con una adaptación del original realizado por María Morett, muy pertinente y ajustada, y opta por hacer de su montaje un espectáculo itinerante que comienza en las afueras del claustro, para trasladarnos luego por cinco espacios del mismo, cerrando con la escena simbolista de la tumba del niño suicida en los techos inconclusos de los nuevos anexos. Su propuesta resulta muy atractiva y sumamente dinámica sobre todo en la primera mitad del trabajo, donde vamos comprendiendo a los personajes, a su contexto social y familiar y al pensamiento y las preocupaciones reinantes entre los niños y los adultos. Tanto la adaptación como la puesta acentúan notoriamente los rasgos expresionistas contenidos en el original y le agregan técnicas de composición vinculadas sobre todo a un teatro que tuvo gran auge entre los setenta y ochenta y que posiblemente provenga de los maestros de Paciotto, un director que debe estar por los treinta o treinta y cinco años. La segunda mitad, se hace más densa, narrativamente más lenta, con una cierta reiteración en el lenguaje y con traslados un tanto excesivos en distancias a pesar que los lugares elegidos resultan coherentes a las acciones que se desarrollan. De todas maneras, como en el teatro de calle y espacios alternativos, existe una presencia casi constante de música en vivo, al parecer compuesta para el espectáculo por Rodrigo Mendoza, que teje un importante complemento al sostén visual y que ayuda a aligerar esta etapa un tanto más baja del trabajo.

Los actores forman un grupo de alrededor de doce personas y tienden a romper la línea de protagónicos para, aun sin dejar de destacar a los personajes principales, acentuar en el trabajo lo coral, tanto en lo estético como en los substratos ideológicos. Enrique Cueva asume a Melchior Gabor, Armando Macchi a su amigo Moritz Stiefel y Guillermina-Campuzano a Wendla. Esto para poner nombre a los que guían la historia y lo hacen con calidad, pero lo correcto es destacar un desempeño muy homogéneo en todo el elenco.

En definitiva, si no le disgusta caminar y desplazarse al interior de una obra, posiblemente esta versión de Despertar de primavera pueda resultarle una opción bastante atractiva.