FICHA TÉCNICA



Título obra Santa

Autoría Federico Gamboa

Dirección Lupita Sandoval

Elenco Fred Roldán, Gicela Sehedi, Ana Pimienta, Mariana Torres

Espacios teatrales Centro Cultural Roldán Sandoval

Referencia Bruno Bert, “Simplifica hasta la pobreza”, en Tiempo Libre, núm. 976, 21 enero 1999, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Simplificada hasta la pobreza

Bruno Bert

Para comenzar la temporada, adelantándome a los primeros estrenos, me acerqué a un trabajo que ya casi cumple con las 200 funciones y que no había tenido oportunidad de ver. Me refiero a Santa, en la adaptación de Fred Roldán, bajo la dirección de Lupita Sandoval.

El libro de Federico Gamboa (1864-1939) ya está cerca de cumplir cien años e indudablemente ha sido uno de los materiales literarios más exitosos y controvertidos de nuestro siglo, con muy variadas adaptaciones tanto al cine como al teatro. Sin embargo no deja de ser lo que siempre fue: un melodrama naturalista al estilo de Zolá (Nana es un modelo inevitable), moralista, bastante maniqueo y que hoy resulta un curioso producto de la época porfiriana, con claras intenciones de actualizar el pensamiento y las artes de México y ponerlas a la altura de Europa y sobre todo de Francia, gran referente del momento.

La anécdota, como seguramente muchos recordarán, se centra en la figura de Santa, una campesina seducida, preñada, abandonada y expulsada de su pueblo, que llega a la gran ciudad para iniciarse profesionalmente en un pequeño prostíbulo. De allí pasará al gran éxito, muy al estilo de la época, y luego de una serie de peripecias donde la figura pecadora será reina de la noche y la ciudad, sobrevendrá la enfermedad, cono natural castigo, y lamuerte miserable luego del olvido de todos y una larga y penosa agonía, como otra Margarita Gautier. La figura de la "gran prostituta", en el siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, tiene un ámbito muy preciso de desarrollo y ha merecido múltiples estudios sociológicos y sicológicos, que explican esa tremenda seducción que ejercieron en las capas medias y altas de las sociedades de ese tiempo, con su doble moral, su tremenda represividad y su gran sentido de la culpa. Hoy todo eso es curioso pero ya muy lejano, si no lo actualizamos o aligeramos de alguna manera.

Y eso es lo que ha hecho Fred Roldán en la medida de lo posible, volviéndolo un discreto musical. Esto permite pasar a un lenguaje que corresponda al presente, aligerar la trama dejando las líneas esenciales de la convención y cortar la línea moralista y sentimentaloide del discurso con canciones. Correcto, porque eso nos permite gustar del material sin tener que sufrirlo demasiado (si nos interesa la fidelidad al original, el libro se consigue en cualquier librería a muy bajo costo). Pero claro que toda ventaja tiene también su contratara. Y esto está planteado por las características del género elegido. El musical es, casi por definición, un género que implica un gran empeño visual y sonoro. Es lógico, si hemos transformado todo lo demás en apenas un soporte y una excusa, entonces lo que pasa a primer plano es la riqueza de los vestuarios, la originalidad de las coreografías, la fastuosidad de los escenarios y la calidad de las voces y los cuerpos lanzados no sólo a la actuación, sino también a la danza.

Pero ocurre que el espacio del Centro Cultural Roldán Sandoval es como un pequeño y acogedor teatro de cámara, mucho más cercano a los habituales foros de los teatros alternativos que a un espacio técnicamente adecuado para montar musicales. Entonces, la escenografía es prácticamente inexistente, los metros cuadrados con los que se cuenta no permiten casi desplazamientos coreográficos, no hay un equipamiento de luces que nos lleve a un juego de climas... en fin, que todo se queda a medias porque no hay posibilidades de otra cosa, ni por los niveles económicos, ni técnicos ni espaciales.

Lupita Sandoval y/ o Enrique Reyes (no queda claro en el programa quién es el director, o si lo son ambos, sumando el área musical y la teatral) logran dar ligereza y agilidad al ritmo del montaje, pero no consiguen definir un rumbo donde el espectáculo realmente se agote en todas sus posibilidades: como musical le falta buen trecho aunque en él se cante, y como obra teatral está simplificada hasta la pobreza.

Trabajan apenas seis actores. Gicela Sehedi es Santa. No tiene mala voz, pero su trabajo como actriz deja muchísimo que desear, sobre todo cuando fuerza las partes patéticas o llora las desesperanzas. Citlalixayotl es Elvira, la madrota. Muy interesante su propuesta, por momentos recuerda ciertas actuaciones de Tito Vasconcelos, pero carece de matices y el cliché, una vez presentado se vuelve monótono, enriquecería su trabajo una mayor exigencia de profundidad sobre la línea elegida. Ana Pimienta y Mariana Torres asumen a las dos prostitutas compañeras de Santa. Su desempeño es sostenido e interesante. Alejandro Jordán toma el papel de El Jarameño, el torero. No hay fuerza, toda su presencia es como una figura preparada desde el exterior, pero sin energía alguna que la sostenga, ni aun cuando grita o gesticula. Y por último Fred Roldán que toma el papel de Hipólito, el pianista ciego que ama a Santa sabiendo que nunca la tendrá. Su trabajo es interesante, su composición es correcta, pero le falta una dirección escénica real que dimensione al personaje en relación al contexto y lo baje un poco, sobre todo al final.

En definitiva, un foro lleno a principios de año resulta un buen augurio. Y más si se trata de un espacio alternativo. En cuanto a la obra, como vemos tiene sus limitaciones, pero se la puede ver como una opción digna dentro de nuestro panorama teatral.