FICHA TÉCNICA



Título obra Con el nudo en la garganta

Autoría Steve Berkoff

Dirección Lía Jelin

Elenco Gerardo González, Ana Karina Guevara, Luis Enrique Navarro, Miguel Couturier

Escenografía Laura Rode

Iluminación Laura Rode

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “Un fuerte sentido de la realidad”, en Tiempo Libre, núm. 975, 14 enero 1999, p. 16.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Un fuerte sentido de la realidad

Bruno Bert

Una de las caracterizaciones que pudiera hacerse de la clase media podría ser a través de su enorme capacidad para sentir miedo. Miedo al fracaso, al ridículo, al que dirán y hasta al éxito llegado el hipotético caso. Miedo. Un sentimiento que se somatiza como angustia, rabia, frustración y toda una cohorte de provocadores de stress con su secuela de úlceras y nudos en la garganta, nombre este último de una obra que acaba de estrenarse y que justamente trata sobre el asunto.

El original es de Steve Berkoff, que en tono de comedia toma a dos mujeres y tres hombres y los desdobla permanentemente entre lo que dicen y quisieran decir, entre lo que hacen y lo que les apetecería realmente realizar. Ese juego entre texto y subtexto, entre el naturalismo de lo intrascendente cotidiano y el desborde fársico de lo reprimido, es el puente entre lo que sucede en el escenario y una platea que se ve identificada y puede así reír de las miserias que tan frecuentemente lleva en su propia bolsa.

Transitamos tiempos tormentosos y complejos donde los miedos naturales se ven ampliados considerablemente por [as circunstancias sociales. Por lo tanto, este tipo de teatro encuentra a un público especialmente ávido de una especie de catarsis liberadora de tanto fantasma rondando los sueños de cada quien. Por eso aquí los temas están relacionados con el inmediato con el que se tropieza cada mañana: las frustraciones con la pareja, las dificultades con la familia, la soledad, los erotismos insatisfechos, la falta de dinero y los empleos esclavizantes. No hay mucho para pensar y teorizar, sino más bien tropezar con la mediocridad más elemental y su secuela de consecuencias físicas y sicológicas y poder reír de ellas en el caso que no se las puede cambiar.

El chiste del libreto no es obviamente el tema, que desde los vodeviles del siglo pasado hasta estos actuales ejemplos insisten una y otra vez sobre los mismos tópicos. La efectividad está en el tratamiento y en la actualización del mismo al sabor de los vientos que corren, Es decir, ese juego de desdoblamientos que mencionábamos más arriba y el lenguaje, que va incorporando los giros reconocibles y las "audacias" a la moda, que como en este caso pueden ser los deseos homosexuales del personaje protagónico.

Y sobre esta estructura efectiva se presenta el montaje de Lía Jelin, la misma directora de Confesiones de mujeres de treinta y Nosotras que nos queremos tanto, materiales teatralmente emparentados, incluso por la producción, que han tenido —sobre todo la primera— un considerable éxito de público. La habilidad de esta profesional, creo que de origen argentino, no se encuentra tanto en la capacidad de enriquecer artísticamente lo que recibe, sino sobre todo porque la lanza a trabajar casi exclusivamente lo que considera esencial, abandonando o al menos relativizando sensiblemente todo lo demás. Y lo esencial en estos casos, claro, es el ritmo y la efectividad (que no necesariamente siempre se traduce en calidad) de los actores, para sustentar los gags verbales y corporales del texto y la puesta. Esto lo logra y supongo que sienta las bases para una buena empatía con una platea que posiblemente (todos deseamos que el público llene las salas de teatro) habrá de seguirlos por una temporada larga. Laura Rode se ocupa de la escenografía y la iluminación. Se trata de una creadora con frecuente presencia en nuestras carteleras que no tiende a generar espacios diferenciados e identificadores (como Amand, Nava o Luna, por ejemplo) sino más bien a perderse y diluirse en estructuras de soporte correctas tal vez, pero no demasiado personales. Un cierto ascético anonimato que no siempre favorece a los productos Finales.

Pero bien, ahí están los actores: Ana Karina Guevara, Gerardo González, Luis Enrique Navarro. Maricruz Nájera y Miguel Couturier. Los he visto en primera función y creo que en estos casos hay un natural nerviosismo al que hay que agregar la necesidad de pasadas, para flexibilizar y dar al trabajo ese amoldamiento al personaje y a la obra que sólo se logra como el uso de la buena ropa: habiendo calidad de base y dando tiempo. Materia prima no falta, nombres tampoco. Tal vez un poco más de trabajo con la dirección para que lo bocetado se vuelva más personal, más cachondo, menos marcado. De todas maneras logran su función básica y los de platea no se muestran indiferentes.

En definitiva, una temporada que inicia literalmente Con el nudo en la garganta, en el sentir de casi todos los que hacemos teatro. Ojalá podamos sobrellevarla con este humor para poder hallar verdaderos puntos de salida para un momento de crisis de nuestro teatro.