FICHA TÉCNICA



Notas El autor hace un balance crítico del teatro en 1998

Referencia Bruno Bert, “Paisaje escénico, I”, en Tiempo Libre, núm. 972, 24 diciembre 1998, pp. 18-19.




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Referencia Electrónica


Teatro

Paisaje escénico / I

Bruno Bert

Que el año que concluye ha sido uno de los más terribles desde el terremoto hasta el presente no hay quien lo ponga en duda (salvo que usando la ironía me pregunten si me refiero al temblor del 57). Con el agravante que los resquebrajamientos, derrumbes y desastres allá eran evidentes y aquí resultan permanentemente maquillados en un pro- ceso donde, como es "natural", la cultura recibe constantes andanadas traducidas en recortes y reducciones. Vamos a dedicar dos notas a un recuento somero de lo sucedido este año dentro del espacio teatral.

Las producciones

Lo primero que nos resulta visible y también llamativo es que si por un lado hubo una disminución en la producción global, con una gran cantidad de estrenos arrastrados hacia el fin de año, por el otro el nivel medio de los mismos siguió un ritmo ascendente que ya iba perfilándose desde el año anterior. Más crisis, menor cantidad de producciones pero mayor calidad de las mismas. Tal vez el esfuerzo, cada vez más denodado, por conseguir fondos provocó que todos los que no estuvieran más que seguros de su producto (o de sus contactos, claro) desistieran frente a los inconvenientes.

Y en este panorama destaca la presencia mucho más contundente de productos de las nuevas generaciones, varios de los cuales parecieron no destacar especialmente, cuando sin embargo se trata de propuestas sumamente atractivas y variadas. Vamos a mencionar algunas de ellas: Una de las que me produjo más interés fue Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho (La Gruta) de Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, bajo la dirección de Mauricio García Lozano. Un autor que al parecer procede de los talleres del maestro Margules y que muestra la energía y el talento necesarios como para tenerlo en la mira de sus próximas producciones, asumiendo ésta como una apetitosa experiencia en busca de identidad. Lo mismo pasa con el director, y a ambos como actores, ya que una de las características de esta nueva generación es la capacidad de rotar papeles y hacerlo además eficazmente. Hay una búsqueda de renovación en los lenguajes, un buen sentido del humor y una preocupación por temas que permitan airear al teatro de nuestro medio.

Otro material que debió continuar en temporada es Becket o el honor de Dios, la conocida obra de Anouilh, que aquí montó Claudio Valdez Curi en las escaleras del convento ciel carmen, ail! donde se estrenara hace unos años Lo que cala son los filos. Una puesta de excepcional calidad tanto por su imaginación como por la calidad y cuidado de sus partes, que renueva un texto que parecía decaer en su eficacia y aquí resulta totalmente reverdecido.

Una tercera, dentro del mismo estrato de creadores jóvenes, es Polvo de mariposas, la adaptación que hiciera Sandra Félix, directora además del espectáculo, de la conocida novela de Virginia Woolf, Las olas (Santa Catarina). Un material sumamente adecuado, producto tanto de un muy difícil trabajo de adaptación literaria, como de una puesta de valor impresionista que dice a las claras de un lenguaje que se decanta y de un particular talento abocado a dar voz especialmente a lo femenino e intimista. Esta, afortunadamente, pienso que continuará en cartelera en la próxima temporada ya que prácticamente

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se estrenó sobre el fin de año. Una buena oportunidad para no dejarla escapar.

Los tres casos mencionados, muy distintos entre sí, tienen la común característica de abandonar el terreno de lo trillado y lo fácil, para intentar abordar construcciones que devuelvan al teatro no sólo el valor de lo artesanal sino también de lo artístico. No aparece en forma directa el horizonte de lo social y lo mexicano, pero trenzado en los temas existen muchos puntos de reflexión que hacen de estos trabajos algo que no resulta ajeno a las preocupaciones de este momento y esa generación.

Las dos últimas producciones que quiero mencionar están en manos de directores ya consagrados. Uno es Martín Acosta, con Fausto, del autor norteamericano John Jesurun, y la otra es el Molière de Sabina Berman llevada a escena por Antonio Serrano luego de un prolongado silencio teatral. En el primero de los casos, volvemos a ver a un creador que muchas veces resulta de calidad oscilante, pero que posee un indudable talento y que en esta obra se muestra en uno de sus mejores momentos. Al igual que los dos últimos ejemplos, el soporte dramatúrgico corresponde a un autor extranjero, en este caso norteamericano y prácticamente desconocido para nosotros, pero con una visión que es totalmente compatible con otro autor nacional con el que Martín Acosta suele trabajar. Me refiero a Luis Mario Moncada, con el que Jesurun establece ciertos contactos tanto formales como de interés conceptual. Una propuesta de gran unidad, no poco sentido de un ácido humor y un eje de soledad muy a tono con nuestro momento histórico. Y si la metafísica impera en este espacio cargado de destrucción y vacío, la obra que se le contrapone abarca por el contrario una enorme apetencia de vida y toma al artista y sus posibles relaciones con el poder como eje temático. Me refiero, claro, al Molière de Sabina Berman que contrapone la biografía de este clásico de la comedia francesa con la su contemporáneo Racine. Biografías con libertad, claro, porque no se trata de describir objetivamente sus vidas sino más bien de usarlas como pretexto para un gran juego teatral que permita a sus dos autores (Berman-Serrano) plantear el valor del erotismo, la castración que impone la apetencia del poder y la ética como un valor reivindicado entre el imperio de la manipulación y el acuerdo a cualquier costo... de tan contemporánea pertinencia en nuestro propio medio teatral y social. Un espectáculo de gran brillo que de alguna manera reivindica aquellas grandes puestas del barroco, con gran despliegue de recursos y en constante competencia entre lo lucido de las imágenes y lo jugoso del texto.

Y casualmente los escenógrafos de estos dos últimos trabajos: Philippe Amand para Fausto y Gabriel Pascal para Molière son quienes dentro de su especialidad se han mostrado más fértiles y propositivos en este 98 que concluye.

Cinco obras que no excluyen otras alternativas valiosas (Stabat Mater, Más allá, La Malinche, Crónicas funámbulas, Las musas huérfanas, Horizonte de sucesos)