FICHA TÉCNICA



Título obra Isabel, tres carabelas y un charlatán

Autoría Darío Fo

Dirección Adalberto Rosseti

Grupos y compañías Compagnia Italia

Espacios teatrales Teatro de las Artes

Referencia Bruno Bert, “Un Fo a lo grande”, en Tiempo Libre, núm. 967, 19 noviembre 1998, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Un Fo “a lo grande”

Bruno Bert

Cuando hace poco más de un año Darío Fo recibió el premio Nobel, era de esperarse un alud de montajes con sus obras. No sucedió así en nuestro medio, y apenas uno que otro director optó por ellas. Hoy, tal vez como un homenaje tardío aunque siempre merecido, la Compañía Italia, que trabaja vinculada al Instituto italiano de Cultura, llevó a escena en coproducción con el Festival Internacional Cervantino Isabel, tres carabelas y un charlatán.

Se trata de un texto de principios de los sesenta, es decir, justo en el momento en que la compañía familiar Darío Fo-Franca Rame, su esposa desde el 54, tiene un enorme éxito difundiendo por toda Italia un teatro inconformista, antinaturalista, de clara raigambre política de izquierda, con obras escritas por ellos y para ellos, que junto con dos cuñadas cubren todos los roles de base del trashumante grupo. La estructura de sus obras tiene algo que va a medias entre los canovaccio de la Comedia dell Arte y los guiones de cine, con grandes efectos y centrándose siempre en la figura omnisciente de Fo para los protagónicos. De hecho, en la obra de la que estamos hablando el dramaturgo asumirá el papel de actor protagónico, Cristóbal Colón, y Franca por supuesto compondrá la doble figura de la Reina Isabel La Católica y su hija Doña Juana La Loca.

Es un material que originariamente podía montarse con poca producción y casi en cualquier parte. Hoy se le ha "vestido" con un interesante apoyo escenográfico, de efectos y de iluminación, que lo vuelve más un trabajo de Festival, sin perder sin embargo la vocación inicial de juego y relación indirecta con el público.

Estamos en España, a fines del medioevo y el tema por supuesto es la relación con el poder. Las múltiples relaciones con el poder. En la base está el actor. Aquel que va a ser condenado a muerte en carnaval y se le pide que represente la historia de Colón y la Reina Isabel tomando al patíbulo como escenario. Y él aceptará trabajar para retardar un poco su condena, en espera de posibles absoluciones. La parábola es casi transparente. Y sobre esta base de representación abierta donde hasta el verdugo asume roles y sueña con tomar el papel de joven galán, comienza a narrarse la historia de Cristóbal Colón visto desde la perspectiva de alguien deseoso de hacerse del poder a través de su viaje a las Indias y su habilidad para el trato con algunos poderosos...

Adalberto Rosseti es el director, al que ya habíamos visto accionar en el montaje de una obra de Pirandello, en italiano, hace un par de temporadas dentro del Centro Nacional de las Artes. Aquí se maneja con seguridad, con un autor con el que parece sentirse incluso más cómodo y un sentido del ritmo muy apropiado al espectáculo, que necesita ser casi vertiginoso, alternando lo lúdico con las intenciones satírico políticas que Fo va trenzando a lo largo de su texto. Su trabajo es hábil y logra una puesta sostenida capaz de divertirnos sin dejar de lado el aspecto "didáctico" presente en casi todas las obras del Nobel italiano. Claro, hay elementos específicos relacionados a la cultura y la historia de Italia que aunque presentes en las referencias, se nos escapan porque nos son ajenos. Sin embargo logra el objetivo fundamental de hacer del texto un hecho vivo y cercano a nosotros.

Cuenta para esto con un colaborador muy efectivo: Uberto Bertacca, que lleva la responsabilidad de la escenografía, vestuario e iluminación, y lo hace de manera muy pertinente, junto con la música de Fiorenzo Carpi y Erando González. Ambos rubros forman un ajustado cañamazo de sostén al trabajo del director.

Los actores son muchos y no muy parejos en su rendimiento. Destaca Lucero Trejo, con una presencia y una calidad que ya le conocemos de otros trabajos y que aquí renueva y confirma. Más voluntarioso y menos efectivo resulta Eduardo Ramírez España en el papel de Colón, que logra imponerse a partir del esfuerzo empleado más que por el talento invertido. La veintena de actores restantes embona correctamente con algún que otro bache que mejor olvidar en mérito a la puesta.

En definitiva, un Fo "a lo grande", con muy buenos momentos, una clara lectura de textos y la capacidad de hacernos gozar del teatro como herramienta de comunicación y cultura.