FICHA TÉCNICA



Título obra Las ventajas de la Epiqueya

Autoría Luis de Tavira

Dirección Philippe Amand

Elenco Carlos Cobos, Víctor Hugo Martín, Juan Carlos Vives

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, “Ejercicio combinatorio para amigos”, en Tiempo Libre, núm. 959, 24 septiembre 1998, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ejercicio combinatorio para amigos

Bruno Bert

Luis de Tavira es esencialmente un creador de la escena, un director con una poética determinada, capaz de generar propuestas a partir de las sugerencias de un texto. Y hacerlo con gran fuerza e identidad. Claro que es difícil sustraerse a la sugestión de la palabra como instrumento rector y también ha compuesto como dramaturgo algunas obras, aunque esta tarea no esté entre lo más interesante y significativo de su producción.

Ahora acaba de estrenarse, bajo la dirección de Phillippe Amand, uno de los textos tavirianos, compuesto creo que por el 93, pero ensoñando situaciones que ya son pasado histórico. Se trata de Las ventajas de la epiqueya, que con producción de la UNAM se presenta en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón.

El material es algo así como un thriller político barroco. Lo primero porque involucra asesinatos, persecuciones, robos y demás elementos del género, lo segundo porque asienta sus sugestiones en la política local de reciente data y lo último debido a que las técnicas de construcción y partes del lenguaje están extraídas de las comedias de enredos del Siglo de Oro, incluyendo sus componentes amorosos y filosóficos.

Todo esto nos da como resultado algo que se encuentra desde el título: un divertimento profundamente intelectual, cargado de referentes, que más involucra el pensamiento que las emociones. Es decir que se trata de un producto que aparentemente debiera tener el calor de la actualidad —desde Colosio al Cardenal Posadas—, la seducción de lo popular —tipo cómic ilustrado de pistoleros— y el ritmo de un danzón sangriento y compartido. Y en cambio lo que vemos es frío, distante, sobre elaborado y bastante ajeno al espectador.

Es decir que en lo que hace al aspecto dramatúrgico está más cercano a un ejercicio combinatorio para amigos que a la visceralidad de una obra que ironiza con aspereza sobre nuestro pantano político. Hay conocimiento y hay oficio pero se halla ausente el sabor de lo vital aunque supuestamente se lo esté colocando en primer plano.

Phillippe Amand asume la escenografía y dirección acentuando este diseño de líneas frías. Su propuesta visual, como un cubo metálico al que podemos observar por dentro y por fuera, tiene que ver con lo carcelario, con el manicomio y con todo aquello que deja a lo humano un paso atrás, mientras se combina y recombina como un mecanismo eficaz e implacable, destructor de todos sus componentes. Es bello en el sentido dramático del término —lo mismo que la iluminación de Angel Ancona—pero juega a dejarnos un paso atrás de cualquier involucración. Se vuelve, cercano al texto, en un juego casi autista de habilidades, en donde el público queda como un observador que difícilmente puede aprehender lo que se le presenta enfrente. Y algo parecido sucede con la dirección de actores, y esto es más extraño, porque muchos de ellos —como Emma Dib o Carlos Cobos, por ejemplo— son naturalmente cálidos y casi pasionales en sus formas de vinculación con el público. Aquí hasta las emociones están congeladas. Y me refiero sobre todo a los espacios de la poetización y de la ironía, en donde podríamos involucrarnos lúdica y emotivamente.

Veamos entonces: una fantasía sobre nuestras antropofagias políticas y nuestros juegos legales para la impunidad de las altas jerarquías (justamente, las ventajas de la epiqueya) con un alto nivel de elaboración conceptual y formal. Un teatro que debiéramos gustar por su pertinencia, el cuidado que en él se ha puesto y el compromiso que han desarrollado los componentes de su equipo, pero que sólo nos cabe ver, allá, lejos y ajeno. Es de lamentar que, parafraseando, la vida haya quedado en otra parte, fuera de este helado, desangrado y puramente mental juego de talentos.