FICHA TÉCNICA



Título obra Las gallinas matemáticas

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Carmen Beato, Nicky Mondellini, Fernando Jaramillo

Iluminación Gabriel Pascal

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Ausencia de substancia”, en Tiempo Libre, núm. 957, 10 septiembre 1998, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ausencia de substancia

Bruno Bert

El título de la última obra de Héctor Mendoza podría tener ecos en aquella otra de Molière que se llamó Las preciosas ridículas, tal vez con la diferencia de que allá el autor ridiculizaba a una cierta clase de mujeres de la corte, y aquí la burla las involucra a todas en general y sin distingos. Me refiero claro a Las gallinas matemáticas, que se ha estrenado recientemente en el foro Sor Juana Inés de la Cruz, del Centro Cultural Universitario.

El maestro Mendoza es hábil en la construcción de diálogos, en el manejo de tramas, en la apelación al humor, y aquí trenza esas tres cualidades en un divertimento no muy substancial y bastante tendencioso que imagino habrá "divertido" a más de una espectadora, un poco confusa entre el gusto y el disgusto como la que se me acercó por casualidad al término de la función de estreno.

La trama de esa pequeña farsa en un acto —que por supuesto tiene mucho que ver con la realidad social mexicana— es la relación entre dos mujeres que han tenido y perdido al mismo hombre, una especie de vividor musculoso y ególatra que las dos desean por todo y a pesar de todo, sea cual sea el costo por obtenerlo y conservarlo, a pesar de la conciencia de lo nefasto de sus actos. Siendo aparentemente opuestas entre sí (joven/ madura; inteligente/ tonta; rica/ pobre) terminan siendo iguales —todas, no sólo las protagonistas, ya que no hay mujer que escape a los rubros de esta clasificación— frente a los estímulos del sexo que las vuelve inertes y balbucientes ante el macho que las usa y explota a placer. Es claro que en definitiva la mujer es prácticamente una gallina o, como dicen los propios personajes, peor, aún más estúpida que ella, ya que ni siquiera sabe poner huevos. De esto el maestro Mendoza ha expresado en el programa de mano que la obra era una "mínima contribución al proceso de dignificación de la mujer, al marcar algunas contradicciones entre la idea reformadora y la realidad que de momento manejamos en la praxis feminista". Que mujeres así las hay no hay dudas, y abundantes además; pero que esta obra sea una contribución a su dignificación me parece muy poco convincente.

A niveles formales la farsa que nos presenta es correcta, casi como un ejercicio de estilo, pero también con la frialdad del mismo. Como un trabajo de oficio de quien que lo domina con soltura pero no ha puesto en él más que su bagaje de conocimientos técnicos. Hay ausencia de sustancia si exceptuamos el contenido ideológico y este último no es para rasgarse las vestiduras pero tampoco para entusiasmar, salvo a aquellos que piensan que todo lo que produce un creador famoso es digno de alabanza a priori de su valor real.

Seguramente un creador de la envergadura de Mendoza —que aquí vuelve a fungir como autor y director simultáneamente— podría generar un divertimento sumamente atractivo justamente porque no necesita preocuparse por cuestiones formales y estilísticas, que maneja sin problemas tanto por su talento como por su amplia experiencia. Pero allí donde debiera comenzar el genio de Mendoza, proponiéndonos estructuras novedosas, imágenes sorprendentes, estilizaciones substanciales, un humor renovado y sobre todo una perspectiva de juicio desde donde enfocar la situación, allí es justamente donde termina Las gallinas matemáticas dejándonos un sabor extraño por lo convencional e incluso contradictorio a la experiencia.

Las actrices son Carmen Beato y Nicky Mondellini, mientras que el actor, con una participación más bien breve, es Fernando Jaramillo. El trabajo de los tres es, de nuevo, correcto, lo que nos dice que el director por supuesto sabe manejar tanto el género como el estilo elegido. Sin embargo, tampoco en ellos hay ese plus que entusiasma por lo brillante, lo atrevido o lo especialmente ingenioso del diseño. Se trata de una puesta evidentemente de circunstancia donde todos los ingredientes están en su lugar menos el sabor y las ideas, el primero por ausencia y lo segundo por lo adocenado de los términos aunque se proponga con la intención contraria.