FICHA TÉCNICA



Título obra Abismos

Autoría Carlos Haro

Dirección Carlos Haro

Elenco Américo del Río, Nelly Horsman, Carlos Santín, Sabrina Gómez Madrid, Claudia Cañedo

Espacios teatrales Foro de La Conchita

Referencia Bruno Bert, “Carga de lastres innecesarios”, en Tiempo Libre, núm. 956, 3 septiembre 1998, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Carga de lastres innecesarios

Bruno Bert

El tema de la muerte ha sido siempre una de las fascinaciones de nuestra cultura, por lo que no es de extrañar el que los dramaturgos mexicanos la convoquen con más o menos frecuencia a los escenarios a través de distintas estéticas y diversidad de ángulos. En esta oportunidad el oficiante es Carlos Haro, que funge al mismo tiempo como autor y director de Abismos, un material que se está dando en el Foro de La Conchita.

El espectáculo abarca siete sketches, en los que la muerte se presenta de muy diversas maneras: en un primer encuentro después de un suicidio; a través de una alegoría casi cósmica donde se cuentan cuentos y se coleccionan ojos como si fueran estrellas; en juegos burlescos de erotismo travesti; como el tiempo congelado de lo que nunca fue en el mundo de los deseos y hasta con visos de serial como thriller terrorífico. La propuesta sobre la que se construye el libreto resulta interesante y variada. Sin embargo, ya volcado a escritura encontramos que el material tiene momentos muy desiguales.

Algunos interesantes, poéticos, con buen nivel tanto en la trama imaginada como en los diálogos que la desarrollan, mientras en otros el vuelo es muy bajo, el lenguaje se vuelve farragoso y los lugares comunes aparecen por aquí y por allá dañando la solidez del producto.

Esto tal vez podría ayudare a superarse desde la puesta, pero no es muy seguro que un mismo creador en el libro y el montaje sea la mejor solución. Y digo esto porque a Carlos Haro vuelve a sucederle en la imagen lo que ya le pasó en la palabra: las ideas son correctas y fértiles pero su ejecución en escena se entorpece y carga de lastres innecesarios, perdiendo oportunidades o extendiendo situaciones plásticamente pobres. Veamos algunos ejemplos: en El suicida el texto es pleonástico y por ende reiterativo en relación a sí mismo y a las imágenes propuestas. Y cuando estas logran una cierta afectividad — como en el caso de la muerte vestida como una anciana prostituta— son desaprovechadas en sus posibilidades reales, insistiéndose en lo que ya está comprendido por todos en lugar de explorar nuevas posibilidades. En La niña calva se logra un buen impacto inicial, tanto en lo visual como en lo textual, pero queda empantanado en una sola situación que no tiene desarrollo ni matices y termina por girar sobre sí misma hasta agotarse y eliminar su propia efectividad. En La mujer del espejo y el ahorcado se confunden los caminos del humor, lo macabro y lo ridículo, inhibiéndose los efectos entre sí hasta que la gente ríe donde se supone la sonrisa debiera quedar congelada y se muestra indiferente en los momentos en que el absurdo impera. Los gags son excesivamente largos, y la historia se desmorona sin terminar de construirse. Esto para no mencionar algunos cuadros que no tienen solución porque contienen quiebres en todos los terrenos, como en el caso de El crimen, con el que justamente se cierra el trabajo. Aquí la historia es absolutamente previsible y en lo visual no hay nada que pueda sostenerla. Se supone que contiene locura, crimen, fantasmas y todo lo que constituye la materia prima de las películas "Z" al estilo de Viernes 13, pero es obvio que si el cine y sus recursos no salvan a esos productos imposibles, mucho menos lo hará el teatro, y encima un teatro modesto en recursos como es el caso.

Entre los actores tenemos a Américo del Río; que nos parece necesitado de apoyos formativos; a Nelly Horsman, interesante pero en un solo tono durante todo el tiempo; Claudia Castañedo, con momentos atractivos pero un desempeño muy desigual, y otra serie de actores, en general débiles, con algunos momentos logrados a lo largo de los distintos cuadros.

No hablamos de escenografía ni de iluminación porque no existe ninguna de las dos. Seguramente estos roles fueron asumidos por el propio elenco, con un criterio eminentemente funcional y no creativo ni de expresión.

En fin, el Foro de La Conchita ha sido recientemente premiado por su labor dentro del teatro independiente mexicano. Es justo que abra sus puertas a elencos alternativos. Por otra parte Carlos Haro —del que hemos visto productos mucho más interesantes y sólidos— ha hecho diversos ciclos en este espacio. Podría ser una alianza interesante si se eleva el nivel de exigencia en relación a los productos teatrales que finalmente nos entregan. El público les quedará agradecido.