FICHA TÉCNICA



Título obra Becket o el honor de Dios

Autoría Jean Anouilh

Dirección Claudio Valdés Kuri

Elenco Luis Artagnan, Gerardo Trejo Luna, Enrique Arreola, Gastón Yanes

Espacios teatrales Teatro del Museo del Carmen

Referencia Bruno Bert, “El talento vence a la fortuna”, en Tiempo Libre, núm. 955, 27 agosto 1998, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El talento vence a la fortuna

Bruno Bert

Dos antecedentes a mi visión de Becket o el honor de Dios que se está escenificando en el Museo del Carmen: una soporífera y ampulosa puesta de fines de los sesenta (la obra es del 59 y no recuerdo haber visto ninguna otra versión posterior) y el hecho de usar como escenario la escalera donde se creara Lo que cala son los filos, ese gran trabajo de Mauricio Jiménez. Dos antecedentes que pesaban negativamente.

A esto se suma que la obra está constelada de personajes y aquí el elenco se reduce a cinco actores que, salvo los protagónicos, multiplican por seis o siete sus papeles. Asistí sin esperanzas pero, como decían los hombres del medioevo, a veces el talento vence a la fortuna.

Las obras de Anouilh en general han sentido bastante el paso del tiempo. Es un teatro de la palabra que reitera una obsesión del autor a través del tema de los héroes, a los que generalmente rescata en su fracaso y su tragedia, y simultáneamente en su capacidad de superar lo cotidiano a partir de renunciar a lo que los humanos mortales llamamos felicidad. Se nutre muchas veces de la historia y la leyenda, y así una buena parte de su producción tiene el eco de lo conocido, nombres que él reinterpreta a través del prisma de la visión de este siglo y de su particular filosofía (muchas veces predominantemente pesimista) como dramaturgo. Lo que es innegable es su habilidad para el diálogo y la capacidad de sintetizar en sus textos el pensamiento del sentido común... aunque muchas veces deba traicionar a la historia para plegarla a sus tesis.

En este caso le tocó a la figura de Becket, ese cortesano amigo de Enrique II (siglo XII) que llegó primero a Canciller del reino y posteriormente a Arzobispo primado de Inglaterra y que se enfrentó con el soberano en la defensa de los intereses de la iglesia, hasta que éste lo mandó matar, siendo santificado pocos años después. Aquí se privilegia la figura del cortesano/ obispo en detrimento de la del Rey, al que se lo presenta como un bruto dominado por las pasiones. La realidad histórica es totalmente otra (Enrique II fue uno de los políticos más hábiles de la historia de Inglaterra), pero aquí no estamos haciendo historia sino teatro y lo que importa es el desarrollo de la tesis de que el hombre necesita primero una identidad y luego ser fiel a ella hasta el final. Pero lo que importa del espectáculo de hoy no son tanto las palabras de Anouilh, ya conocidas y probadas, sino la habilidad de Claudio Valdez Kuri para transformarlas en actos que constantemente se suceden encadenados entre sí, armando una estructura visual de sostén de las ideas con la misma' fuerza que contienen las palabras del autor. Y sin atarse a la estética de Jiménez, de la que toma sólo sus elementos esenciales: dinámica, originalidad y una sabrosa combinación entre seriedad y burla. Es más, el par de acciones acrobáticas directas que se permiten (un zambullirse y un ponerse de cabeza) suenan como agregadas e innecesarias a la riqueza del planteo dramatúrgico del director, que en general evita lo explícito de las estructuras al desnudo. Todo un logro al competir con la memoria de otra puesta exitosa en ese mismo espacio y no resultar desfavorecido sino incluso afirmado en una poética personal aunque acepte antecedentes. Dentro del equipo está Mario Iván Martínez, que seguramente es responsable junto con Magda Zalles, que figura en el programa de mano, no sólo del vestuario, absolutamente pertinente y bello además en su factura, con el regusto por el detalle y la alusión implícita a ciertos hechos y costumbres históricas, sino también de la asesoría musical, que en este caso implica el uso en vivo de instrumentos medievales, que dan a la puesta un calor y una vitalidad del todo especial.

Los actores son Luis Artagnán (Enrique II), Gerardo Trejoluna (Becket), Carolina Politti, Enrique Arreola y Gastón Yanes. Su trabajo es homogéneo, manejando una misma línea de desarrollo y un mismo lenguaje con igual efecto y creatividad, lo que significa una sólida conducción de parte de Kuri, capaz de hacer crecer a cada uno pero de contenerlos a todos, y una innegable entrega y habilidad del plantel de intérpretes. A mi gusto, creo que algunos excesos fársicos podrían volverse más sutiles (como la escena del Papa, por ejemplo), el Rey admitiría menos elementalidad y Becket, ya Arzobispo, un punto más de la línea anterior y no tanto hieratismo de candidato a santo. Pero son detalles en un trabajo repleto de imágenes acertadas, de hallazgos formales y de un discurso que está rescatado desde lo que tienen de más sólido y contemporáneo. Creo que vale la pena verlo, comentarlo, discutirlo y disfrutarlo.