FICHA TÉCNICA



Título obra Triángulo

Autoría Alexei Arbuzov

Dirección Miguel Córcega

Elenco Marcelo Buquet, Serrana, Fabián Ibarra

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Figuritas acartonadas”, en Tiempo Libre, núm. 953, 13 agosto 1998, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Figuritas acartonadas

Bruno Bert

Alexei Arbusov fue un escritor soviético que tuvo sus mayores éxitos entre las épocas de Stalin y Brézhnev es decir en tiempos donde los primeros ministros dictaminaban normas sobre .el arte válido para el pueblo y el realismo socialista era norma imperativa para no ser excluido.

El que fuera ampliamente honrado ya nos demuestra que no solamente era un buen dramaturgo sino también un convencido y obediente servidor de las normas del partido y del gobierno. Aquí en México era muy poco conocido hasta que en la temporada pasada su compatriota, el director Evgueni Làzariev llevara a escena Una comedia a la antigua. Hoy, Miguel Córcega nos trae otro de sus productos en el pequeño foro de La Gruta.

Se trata de Triángulo, con apenas los tres personajes que sugiere el título de la adaptación mexicana. Dos hombres y una mujer en un pequeño departamento de Leningrado (ex Petrogrado, hoy de nuevo San Petersburgo). El arco de la historia abarca desde 1942 a 1959, es decir, desde el famoso cerco alemán hasta el auge de la coexistencia pacífica de Kruschov. Y es una historia de amor "a la soviética". Quiero decir con esto que no intervienen en ella personas de carne y hueso sino las ideas que el partido y los susodichos primeros ministros tenían al respecto. Ahí van las normas: la historia debe siempre mostrarse como el motor de todos los acontecimientos; la heroica lucha del pueblo ruso contra las fuerzas fascistas debe estar presente; no debe haber críticas contra el gobierno (dado que éste y el pueblo son una misma cosa), al que se lo debe mostrar siempre preocupado por el bienestar general; el progreso es siempre ascendente y el hoy mejor que el ayer; los caracteres de los personajes son siempre positivos (salvo que sean enemigos del pueblo, claro) y sus reacciones tenderán al comportamiento heroico; lo sicológico debe estar siempre enmarcado y justificado por lo social y no se pintarán individuos disolventes, anárquicos o asociales... No le sigo porque este espacio es breve. Con estas (y otras muchas) estructuras-corsé, es evidente que nadie puede escribir algo medianamente interesante (aunque sea hábil y talentoso como Arbusov) y a que todo se carga con el doble peso de lo falso y estereotipado, y hoy además anacrónico.

El tema es doble: la inadaptación de los que lucharon en la guerra a las nuevas condiciones sociales y el valor de la amistad (única forma en que el amor puede darse entre los hombres, claro). Los dos elementos temáticos son entonces muy interesantes, pero la forma de desarrollarlos es insoportable: figuritas acartonadas en donde los socialistas y el Palacio de Hierro concuerdan en que a la mujer se la distingue porque llora todo el tiempo. La visión sobre lo femenino es nefasta y son los hombres los que deciden y ella la que acepta como lo más natural si debe ir con uno o con el otro, claro que bajo el manto de una muy leve apariencia de libertad... algo así como en la época victoriana, digamos. Y en el plano social es claro que el gobierno ha hecho y sigue haciendo todo lo posible e imposible (estudios, puestos, edición de obras, departamento nuevo, contratos, viajes...) para ayudarles a superar sus traumáticas experiencia de guerra, y en el aire queda la impresión que en definitiva todo irá bien y que cada uno hallará su camino hacia la plenitud y la felicidad porque han sido educados para ser hombres íntegros y probos. Lejos la posibilidad de verdaderos y feos conflictos o la inmoralidad de un triángulo aceptado. Esas son las basuras morales de occidente.

Bien, sobre esta estructura se superpone por parte de la dirección otra aún más rigurosa (si es posible) de poses, claroscuros y manejo de actores, que vuelve todo una gran telenovela en capítulos para cada cuadro, con sus cierres emocionantes, sus lágrimas prontas y su suspenso hasta el cuadro u acto siguiente. Una señora anciana sentada detrás mío (y juro que no bromeo) lloraba y suspiraba exactamente como frente a la pantalla chica y la novela preferida. La comprendo. Naturalmente, los actores —Marcelo Buquet, Serrana y Fabián Ibarra— no son más que máscaras estereotípicas dentro de todo ese marco aleccionador y didáctico destinado a mostrar cómo son las actitudes del "hombre nuevo". Es una pena que toda esta parafernalia moralista haya sido desmentida por la historia reciente de una manera un tanto categórica.