FICHA TÉCNICA



Título obra Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho

Autoría Gerardo Mancebo del Castillo Trejo

Dirección Mauricio García Lozano

Elenco Juan Carlos Vives, Mónica Huarte, Romina Garibay

Escenografía Philippe Amand

Iluminación Philippe Amand

Vestuario Adriana Olivera

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Humor no demasiado convencional”, en Tiempo Libre, núm. 952, 6 agosto 1998, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Humor no demasiado convencional

Bruno Bert

En nuestro teatro no abundan realmente los trabajos sostenidos al mismo tiempo por el humor y la calidad. Acabo de ver un producto que, como en un intento de desmentido, justamente tiene esas características. Se trata de Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho (o de cómo los elefantes aprendieron a jugar a las canicas), de Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, un apellido real o literario que armoniza bastante con el título, ¿verdad?, y bajo la dirección de Mauricio García Lozano.

Tardé unas semanas es verla porque la confundí, por el diseño de su nombre, con un espectáculo infantil y en lo personal prefiero no cubrir esa área. Pero no, de lo dedicado a niños sólo toma algunas reminiscencias de lenguaje, tanto verbal como escénico, pero ubicándolo de inmediato como efecto constructivo en una obra para adultos capaces de ejercer un humor no demasiado convencional.

El autor nos plantea dos planos, que de inmediato se vuelven tres por la presencia del público. El de la fantasía, el cuento, el espectáculo y el de la "realidad" vista desde el ámbito de las convenciones y estereotipos. En el primero se halla la Capitana Gazpacho y su tripulación (asumida toda ella por un sólo personaje enamorado de su jefa); en el segundo dos hermanas con reminiscencias burlescas a lo Carrol y una pareja constituida por Honorosa la Mujer y Pompeyo el Domador de Esposas.

Un paso más acá, vinculado con los personajes a través de sus textos, acciones y miradas, nosotros, como una prolongación natural de esta fauna. Y la escala se hace aún más visible a través de la sencilla e inteligente propuesta escenográfica de Philippe Amand, que en el pequeño espacio de La Gruta plantea como fondo un Torito como de cabaret de principios de siglo, donde se encuentra fija la balsa de La Capitana Gazpacho, con un excusado como trono, puesto de mando y bandera, todo esto rodeado de cielo y mar en pintura ingenua. Un metro adelante nos hallamos con una pasarela, ámbito de las hermanas y los esposos.

Y así, cada uno ve a los otros como una proyección que destierra cualquier ilustración para caer de lleno en lo creativo. Hasta que los planos se confunden y las dos realidades se mezclan para gusto y complicación de los personajes del cuento y del público.

Complicación gozosa, sin duda, porque nos obliga a jugar diversos planos de interpretación en forma simultánea. Y lo interesante es que de inmediato sentimos tanto al autor como al director —perfectamente embonados en manejos de lenguajes complementarios— como aliados nuestros en el juego. La sorpresa, la ingenuidad (como recurso y no como carencia), la velocidad de los afectos, la variedad de referentes, las dobles o triples lecturas en escenas vertiginosas, la capacidad lúdica de los personajes y los actores... todo está para el disfrute y no para el hermetismo... aunque la frondosidad de la propuesta haga que muchas cosas queden en el rabillo del ojo a través de una primer visión.

Supongo que Jarry y Carrol son como el abrevadero básico en el que se nutre la obra, junto con ciertas reminiscencias de las estéticas de las vanguardias, pero lejos de parecer un homenaje al pasado el espectáculo —pequeño cubo de formas y colores recombinables— es absolutamente contemporáneo y apela simultáneamente a nuestra sensibilidad, a nuestro humor y a nuestro conocimiento.

Excelente el trabajo de cada uno de los que participan: Susana Garfel Durazo, como la lésbica capitana; Gerardo Mancebo del Castillo Trejo (sí, el autor) como un extraordinario Catalino, el irredento enamorado de la Gazpacho, y Mónica Huarte, Juan Carlos Vives, Romina Garibay y Ana Francis Mor como las hermanas y los esposos. En todos ellos campea como una línea que acepta al mismo tiempo reminiscencias de la comedia del arte, del vodevil y del trabajo de composición de cierto teatro para niños.

Un sólido equipo, una propuesta no convencional y un teatro joven que no abandona el pasado sino que lo convoca para transformarlo.