FICHA TÉCNICA



Título obra Al pie de la letra

Autoría Óscar Liera

Dirección José Enrique Gorlero

Elenco Lucía Saldaña, Ariel Miramontes, Gustavo Thomas

Espacios teatrales Teatro en Espiral

Referencia Bruno Bert, “Inquietante”, en Tiempo Libre, núm. 948, 9 julio 1998, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Inquietante

Bruno Bert

Como prácticamente cualquier creador, la obra de Oscar Liera no es homogénea, y en ella coexisten materiales maduros, de muy elaborada factura, junto con otros que fueron casi experimentos formales, no siempre logrados, sobre ternas que lo asaltaban. He visto llevadas a la escena apenas un puñado de sus obras, pero algunas incluso de manera reiterada, sin que estas últimas fueran necesariamente las mejores. Es el caso de Al pie de la letra, una pieza breve que recibió diversos nombres y que estrenara hace unos años Marta Luna con muy poca fortuna en un tapanco de Santo Domingo. Luego la volví a encontrar en una muestra nacional y también entre los exponentes de una muestra regional en no recuerdo ya que estado. Siempre me pareció un producto que Liera no terminó de elaborar, que muestra fracturas muy notorias e incluso quiebres qué prácticamente desvirtúan su intención, siendo elegida con frecuencia tal vez sobre todo debido a sus pocos actores y a la truculencia de la anécdota.

Cuando José Enrique Gorlero decidió montarla le pregunté por qué elegía un material tan endeble siendo que Oscar Liera (que fuera su amigo muchos años) tenía en su haber productos mucho más sólidos y elaborados. El insistió que la mala impresión que yo tenía de Al pie de la letra era el resultado de pésimos montajes y no de los defectos del texto. Nos vimos el día que terminó el proceso de trabajo de puesta y sólo le quedaba una semana de pasadas para el estreno. Por supuesto, volvimos sobre el tema pero yo salía diez días al exterior y decidimos posponer la discusión a la visión de un material al que preferí no acercarme durante el proceso de elaboración. Partí esa noche y él, súbita e inesperadamente, murió menos de veinticuatro horas después. Finalmente asistí ya a una función de la controvertida obra.

Creo que los dos teníamos razón, pero el peso de la suya es más contundente. Porque esa hora y minutos que yo supuse sería de nostalgia por el amigo y de aburrimiento por el trabajo, se transformó en tensión, atrapado totalmente por el espectáculo.

Al pie de la letra transcurre en un pequeño apartamento y compromete a tres personas: dos jóvenes amigos y la amante común de ambos que ha quedado embarazada para felicidad de la mujer y disgusto de los dos hombres que quieren hacerla abortar a como dé lugar. El tema que corre por debajo de esta estructura anecdótica es el de la responsabilidad y el miedo. Ellos en realidad se desean entre sí, pero lo niegan a pesar de que la mujer los acepta en esas condiciones, y entonces el aborto del que estamos hablando adquiere más de un valor, que así trasciende la lectura lineal, para hablar de sentimientos, opciones y posibilidades de vida abortados por el temor a asumirse homosexuales.

Pos: el de los dos hombres que esperan, el de la relación entre los tres, y el largo desenlace. La puesta de Gorlero define perfectamente cada uno de los estadios, y los encadena con habilidad entre sí. Las dificultades de la obra en cuanto estructura, sobre todo en el quiebre de la última parte, por supuesto continúa existiendo, pero es claro que el director ha sabido sacar el máximo de provecho de lo que ese texto ofrecía. Y al mismo tiempo le permite trabajar con mano segura —no olvidemos que fue un excelente maestro—sobre los actores, a los que hace florecer por encima de las debilidades formales de la autoría atrapándonos con ellos.

Los tres intérpretes son Gustavo Thomas, Ariel Miramontes y Lucía Saldaña. El acento está especialmente colocado en la eficacia de los climas, en el valor de los silencios y en el tejido de sobreentendidos emocionales que son lanzados constantemente como lluvia de una información negada al consciente. Es esta mezcla de deseo, miedo y transgresión la que va aumentando de forma sostenida arrastrando consigo a los espectadores. Buen trabajo de los tres, con un especial acento para Ariel Miramontes. Tenía razón Gorlero en que la obra podía ser eficaz conducida por buena mano.

Supongo que Liera estará felicitándolo en donde se encuentren. Mientras tanto nosotros bien podemos darnos una vuelta por el Teatro en Espiral para ver un trabajo inquietante y recordar a una dupla de jóvenes creadores que desgraciadamente dejaron al teatro mucho antes de lo deseable.