FICHA TÉCNICA



Título obra Cándida

Autoría George Bernard Shaw

Dirección Ignacio Ibarra

Elenco Ángeles P. de Ibarra, Yerye Beirute, Enrique Álvarez, Enrique Aguirre, Ingrid Cederwall, Jorge Fernández de Castro

Grupos y compañías Teatro Universitario de Puebla

Espacios teatrales Teatro Principal, de Puebla

Referencia Armando de Maria y Campos, “Representación por el Teatro de la Universidad de Puebla de la comedia Cándida de G.B. Shaw ”, en Novedades, 21 diciembre 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Representación por el Teatro de la Universidad de Puebla de la comedia Cándida de G.B. Shaw en el coliseo principal de la capital poblana

Armando de Maria y Campos

El Teatro Universitario de Puebla ha llevado a escena los días 18 y 19 del presente mes la comedia en tres actos de George Bernard Shaw Cándida, bajo la dirección de don Ignacio Ibarra, y por aventajados estudiantes de la universidad poblana, en el viejo teatro Principal de la ciudad angelopolitana.

Esta es la segunda salida del Teatro Universitario de Puebla –la primera fue en 1940, representando la pieza de Marcel Pagnol Topacio–, cuidadosamente preparada durante varios meses del año que termina, bajo el vigilante entusiasmo del rector –un joven abogado aficionado al teatro–, que se propone dotar a Puebla de una Escuela de Arte Dramático, que empezará a funcionar el año próximo. Honrado con una invitación especial de la Universidad y del director del grupo, presencié la primera representación de Cándida, admirable por muchos conceptos, la mejor, desde luego, que se ha visto en Puebla desde hace muchos años, y que será una sorpresa para el público de la ciudad de México cuando sea presentada en la Sala Latina, en los primeros días del mes de enero próximo.

El Teatro Universitario de Puebla se ha propuesto un plan ambicioso para el año de 1950. En seguida de su visita a México presentará en Puebla El tiempo es sueño de Lenormand, y La petición de mano de Chejov, en programa doble. Simultáneamente a la preparación del segundo programa con El admirable Cricton de Barrie, abrirá un concurso entre los escritores nacidos en Puebla para premiar una comedia en tres o más actos con tema poblano; después de esta representación que será en junio o julio, preparará para septiembre u octubre la de Volpone de Ben Jonson, según la versión de Araquistán, y para fines de año, Our town de Thornton Wilder.

A mi modo de ver, la elección de Cándida de Shaw, fue un acierto. Cándida es una de las más bellas obras de la primera época de Shaw. El lector enterado no ignora que Shaw escribió teatro durante largos años sin lograr ver representada ni una sola de sus obras; y téngase en cuenta que mientras escribía teatro oscuramente ejercía la crítica (musical) en un importante diario de Londres –The star–. cumplidos los 30 años comienza Shaw a escribir teatro; de 1892 a 1896 hizo las siete comedias que publicó en 1896 con el título de Comedias agradables y desagradables; entre éstas, Cándida fue representada por primera vez en 1903, en Dresde. Un año después Agnes Sorna y Max Reinhardt la dieron a conocer en Berlín. Ese mismo año el actor norteamericano Arnold Daly la montó en Nueva York, con éxito también. Ante este triunfo de Shaw en Alemania y en Norteamérica, los ingleses salieron de su indiferencia, y cuando Granville Barker, actor, y autor y codirector del Court Theatre, puso en escena Cándida –con otras piezas shawianas–, todo el público fue a aplaudirlas. Y no el público ordinario de los teatros, sino un público escogido. ¡Todos los blasones de Inglaterra y de Escocia aplaudían al fin a Bernard Shaw, que triunfaba después de doce años de espera, gracias a su genio y a su tenacidad! El fracaso de Cándida en el Teatro de las Artes de París, en 1908, abrió una serie de discusiones que afirmaron su consagración continental. Triunfante Cándida en Alemania, en Inglaterra y en Norteamérica, su representación en los países nórdicos, eslavos y latinos estaba asegurada. La conoció casi toda Europa antes de la guerra del 14; en España después de esta guerra; en México la hizo una fina e inteligente actriz mexicana, Gloria Iturbe, el año 1931. Ahora vuelve como pieza de teatro universitario, y alcanza una excelente interpretación de parte de una adolescente bachillera de 19 años, que los cumplió minutos después de la representación a que asistí, Ingrid Cederwall, mexicana, de Orizaba, aunque de ascendencia sueca; de un estudiante de tercer año de medicina, Yerye Beirute, costarricence de 23 años, aunque de ascendencia libanesa, y de Jorge Fernández de Castro, guanajuatense de 18 años que cursa el primer año de leyes, inspirado poeta y que es tan buen actor como ya es excelente actriz la dulce y bella Ingrid, oro y nácar en lo físico, fino y dúctil temperamento y clara inteligencia De Beirute puedo afirmar enfáticamente que nació actor, no importa que la vida lo lleve a los gabinetes de Esculapio, y que puede enorgullecerse de empezar por donde muchos, muchísimos actores de oficio o experimentales, acaban...

Shaw calificó su comedia Cándida de "misterio". La verdad es que si la subtituló –o definió– como "misterio", es simplemente porque a su final el poeta parte con su secreto, que es un misterio para Cándida y su marido Morell. Bien, pero, se preguntará el lector ¿qué es Cándida? Es, sencillamente, una comedia "de situaciones" –en el teatro de Shaw las "situaciones" son "ideas" o símbolos–, que se tuvo, cuando fue representada por una obra muy avanzada. Júzguese por lo que de ella dijo el crítico francés Hamon, en 1908: "Cándida es el símbolo de la mujer nueva, emancipada de todo lo convencional, sin perjuicios, sincera, cándida como su nombre, franca, y viendo la realidad de las cosas". Antítesis de la Nora ibsesiana. Nora, como se sabe, se liberta al abandonar el hogar; Cándida, puesta a elegir, o a escoger, entre dos caminos o dos amores, se queda; permanece al lado de su marido. La acción material de la pieza es simple. en el hogar muy unido del pastor Morell, se encuentra como buen amigo un joven poeta, Eugenio, un niño grande. Eugenio ama a Cándida y lo confiesa a su marido; éste, después de un lógico arrebato de celos, desea que Cándida escoja entre los dos. Cándida escoge a su marido, y Eugenio se marcha. Esta es la acción material en extremo simple, pero las situaciones de afectos y de ideas que plantea son múltiples, y evidencia varias clases de amores: el amor egoísta, reducido y sexual de Morell a Cándida; el amor ideal, novelesco, de Eugenio a Cándida –una Cándida etérea, inmaterial–; el amor firme, hondo y físico de Cándida por Morell, el amor maternal de Cándida por Eugenio; el amor sexual de Proserpina (la dactilógrafa del pastor Morell) por éste. Todos estos amores, al desarrollarse y precisarse en las almas de los personajes, dan lugar a intensos dramas interiores; todos sufren, y el espectador se da cuenta de estas luchas interiores. Cándida, una mujer común y corriente, de treinta y tres años, espíritu grande, eminentemente intuitiva, que sabe leer en las almas y ve las cosas desnudas, tal como son en realidad, desprovista de prejuicios y convencionalismos, permanece serena sin lucha interna. Así es como puede, sin dificultad, elegir entre el marido que le gusta y el soñador candidato a amante, al primero, simplemente porque así lo siente y así debe ser. La acción real de Cándida –comedia escrita con ese sentido del humor y del ridículo tan característico de Shaw– en la concreción en personajes de diferentes concepciones del amor y los conflictos resultantes de estos amores puestos frente a frente.

El culto director Ignacio Ibarra obtuvo de sus aventajados alumnos una interpretación psicológica y exacta de las situaciones y estados de ánimo que se suceden durante las doce horas en que se supone pasa todo aquello en el hogar de Morell, y en el corazón de éste, de Cándida y de Eugenio. Y la representación resultó admirable, por lo humana, honda y profunda; cómica a ratos como corresponde a personajes shawianos. Hay que insistir en la naturalidad adorable de la hermosa señorita Cederwall, en el dominio y gran intuición de Beirute, en la espontaneidad y naturalidad de Fernández de Castro; y no olvidar a Ángeles de Ibarra –Proserpina–, a Enrique Álvarez –Mill–, a Enrique Aguirre –Burgess– y a la iluminación, que representó también importante papel en esta representación de mise en escena muy propia y cuidada, a la que el director Ibarra quiso poner un delicado toque de hogar poblano, con una Purísima de Cabrera, dulce testigo de las pasiones en choque en el por unas horas agitado hogar tranquilo del pastor Morell.