FICHA TÉCNICA



Título obra Hermanos de sangre

Autoría Willy Russell

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Julissa, Benny Ibarra, Alex Ibarra, Aracely Arámbula

Escenografía Jorge Ferro

Iluminación Jorge Ferro

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Bruno Bert, “Apenas un profesional desempeño”, en Tiempo Libre, núm. 942, 28 mayo 1998, p. 22.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Apenas un profesional desempeño

Bruno Bert

En la comedia musical por lo general no tiene demasiada importancia el argumento. La historia suele ser apenas una excusa que soporta aquello que debe llegarnos: el gran espectáculo, con su deslumbrante escenografía, brillante vestuario, excelente música, impresionante iluminación, asombrosos efectos especiales y actores capaces de bailar, cantar, y moverse con acrobática agilidad en incomparables coreografías... y si además actúan, pues ¡qué maravilla! Todo este rosario de adjetivos viene al caso sólo para remarcar que a un inconsistente argumento sólo se le olvida cuando existe lo demás, porque de lo contrario nos lo llevamos por delante a cada paso.

Ahora se estrenó en el Insurgentes Hermanos de sangre, de Willy Russell, bajo la dirección de José Luis Ibáñez y es a esta obra a la que estamos haciendo referencia.

La estructura anecdótica se basa en ese tema tan reiterado de la cultura popular de la sirvienta pobre y cargada de hijos que al tener gemelos regala uno de ellos a su patrona estéril con la esperanza de darle un futuro mejor. Y a lo largo del trabajo vemos como los niños primero y los muchachos después, se encuentran y eligen como hermanos a través de la amistad, hasta que al aparecer una mujer en sus vidas, de la cual ambos están enamorados, etcétera, etcétera. Un cuento de hadas que mientras se mantiene en tono de comedia hace innecesario observarlo críticamente. Pero aquí varios inconvenientes. Y éstos están esencialmente constituidos por ese entorno al que cargábamos de adjetivos al principio, porque todos los rubros son dignos, pero ninguno amerita ni el asombro ni el deslumbre, sino apenas un profesional desempeño que alimenta pero no deleita a los que los consumimos desde platea.

La escenografía e iluminación se hallan a cargo de Jorge Ferro, que recurre a estructuras modulares desplazables que van cubriendo las distintas necesidades de espacio, mientras que generalmente en el centro ubica la doble casa de los dos hermanos, usando como fondo un ciclorama en el que se proyecta un cielo cambiante como los ánimos que imperan. Las modificaciones se hacen a la vista y al ritmo de la puesta. Correcto y funcional como vemos, pero nada que nos lance hace un especial esfuerzo ni económico ni imaginativo. Lo mismo sucede con el diseño de vestuario de Graciela Castillo del Valle, aquí incluso pecando de un poco de ingenuidad (no de vestuario, que sería correcto con el referencial cincuentero de Marilyn, sino de concepto) e ilustración.

Las coreografías de Joan Mondellini en un principio se plantean como medulares, pero en realidad se vuelven totalmente accesorias, casi con timidez de pasar a primer plano y llamarnos la atención a partir del ingenio o la dificultad. Y entonces sólo nos quedan los actores y la bendita historia de fondo que nunca debiera pasar a primer plano.

Aquí los protagónicos son Julissa y sus dos hijos Benny y Alex Ibarra. Julissa es suficientemente famosa como para obviarnos juicios de calidad; en cuanto a los muchachos encontramos que Benny tiene una interesante voz y buenas posibilidades actorales si deseara desarrollarlas, y que Alex está dirigido como si fuera el Chavo del ocho o la estrellita de la última telenovela, lo cual por supuesto no lo ayuda a dejar emerger una personalidad y un histrionismo que seguramente serían atractivos si no los estuvieran cercenando todo el tiempo para sustituirlos con estereotipos muy poco originales. Hay energía, posibilidades y muchísimos vicios vendidos como virtudes y gracia. De los demás destaca Aracely Arámbula, con un panorama muy similar a Alex Ibarra, en cuanto a potencialidades, gracia y deformaciones profesionales.

Y así la estructura, de ese fondo-excusa que debiera ser, pasa a primer plano y muestra impúdicamente todas sus debilidades e inverosimilitudes. Y eso a pesar de contar con un director como José Luis Ibáñez, que es reconocidísimo maestro en materia. En el segundo acto la comedia se va tiñendo de melodrama, las cosas se ponen serias, aparecen intenciones de crítica social, se acumula la droga, el desempleo, la violencia y el engaño y todo termina como una "absurda telenovela" según, palabra más o palabra menos, dice la canción final. Y los que estamos en platea no damos crédito que aquel cuento de hadas del inicio se haya transformado en algo pretencioso, conceptual y formalmente insostenible y con arrestos de tragedia.

En fin... ¡Con lo bellas que pueden ser las comedias musicales jugándolas a fondo como tales!