FICHA TÉCNICA



Título obra Angelina Belof, aguafuerista rusa, su mujer

Autoría Elizabeth Solís

Dirección Eduardo Escobar

Elenco Elizabeth Solís, Emilio Urióstegui, Samuel Escobar, Elizabeth Rebollo, Gonzalo Blanco, Tayde Mejía, M. D. Barquera

Espacios teatrales Teatro del Museo del Carmen

Referencia Bruno Bert, “Un aire un tanto amateur”, en Tiempo Libre, núm. 941, 21 mayo 1998, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Un aire un tanto amateur

Bruno Bert

Los amores de Angelina Beloff y Diego Rivera han generado en nuestro medio un par de obras dadas un poco como a escondidas. La primera, hace ya unas cuantas temporadas, era la ópera prima de Arturo Sastré y significó un pequeño trabajo de cámara, sumamente acertado, en base a las cartas que la artista rusa le mandó a su ingrato amor mexicano desde París. En esa oportunidad el material fue montado en el propio estudio de Diego Rivera. Ahora, Eduardo Escobar lleva a escena la que también es ópera prima de Elizabeth Solls, que bajo el nombre de Angelina Beloff, agua fortista rusa, su mujer... trata en definitiva del mismo tema.

Se toman los años franceses de Rivera y un primer acierto es que él es una figura por ausencia a la que nunca vemos en el escenario sino sólo a través de las referencias de los que lo rodean. Lo que intenta la autora en los primeros cuadros es mostrarnos el pensamiento y los hábitos de ese grupo de intelectuales y artistas, para luego ir perfilándonos la guerra y la partida del pintor mexicano, la crisis de Angelina y finalmente su propio viaje a América abandonando para siempre aquel espacio y aquellos amigos.

Existe una ambientación única, que es la buhardilla de la pareja en Montparnasse, algo sencillo, pero con algunos puntos de interés en cuanto intenta superar la ilustración. En ese espacio, como una caja de resonancia se dan o comentan —sobre todo esto último— las alternativas tanto sociales como personales. En la mano de la autora —una joven que además asume el rol protagónico— se ve capacidad y también sensibilidad no sólo frente al tema elegido sino incluso en los sesgos del mismo que nos muestra. Sin embargo, lo que aún adolece es de experiencia y entonces la estructura, a pesar de su posible interés, se reviste de manera un poco primaria, de forma entre esquemática y didáctica. No profundiza en ningún aspecto, sino que más bien intenta abarcar eficientemente los distintos elementos que componen el fresco y esto hace que nos quedemos en la superficie de las motivaciones, en los enunciados de las ideas, en las frases armadas y en las escenas de ilustración. Podemos seguir las preocupaciones de la autora, pero no podemos adentrarnos en ellas.

A la falta de pericia autoral se le suma un equivalente en la dirección. Eduardo Escobar, también estrenando rol con esta obra, no siempre encuentra la manera más interesante de decirnos algo o incluso de resolver un problema de carácter técnico, y esto da a todo el montaje un aire un tanto amateur,no en el sentido de desenfado sino de desconocimiento práctico de resoluciones de lenguaje. Hecho que se prolonga en los vestuarios, que, algunos acertados y otros no tanto, se nos muestran como agregados al cuerpo de los actores y no haciendo parte de un mundo, un aire, una circunstancia inconsciente para quien la vive. Es decir, que las partes embonan con dificultad unas en otras: las ideas con los textos, éstos con las acciones, las mismas con los elementos y así el lenguaje final hace dificultoso que intenciones que son correctas y planteos que pudieran ser interesantes lleguen de manera contundente al espectador.

En lo que hace a los actores, encabezados por la propia Elizabeth Solís, están bastante desiguales en su desempeño, con algunos puntos a favor de las mujeres, y con la necesidad de tablas y técnica para casi todos los varones, que más plantean esquemas que desarrollan personajes.

Pero lo que estoy diciendo simplemente es no hay experiencia, y supongo que esto es algo que no se adquiere si no se trabaja, y para esto sirven los ciclos de "ópera prima". Así que bienvenido este equipo de El Puente (así parece llamarse el grupo) que, a juzgar por los textos del programa de mano, tienen grandes ambiciones. Y creo que así debe ser, en un panorama bastante rastrero como es el nuestro, sólo que para construir las enormes catedrales hay que adquirir experiencia con los humildes ladrillos o nunca se llegará a las torres. Ojalá que ambición y humildad se conjuguen en la próxima porque hacen falta nuevas voces en nuestra escena.