FICHA TÉCNICA



Título obra Loco por ti

Autoría Ken Ludwig

Dirección Rafael Perrin

Elenco Manuel Landeta, Lisset, Angelita Castany

Música George Gershwin e Ira Gershwin

Espacios teatrales Teatro San Rafael

Productores Manolo Sánchez Navarro

Referencia Bruno Bert, “Lograda puesta al día”, en Tiempo Libre, núm. 937, 23 abril 1998, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Lograda puesta al día

Bruno Bert

La época de oro de los hermanos Gershwin —allá por los treinta— fue también, prolongándose hasta fines de los cuarenta, el apogeo del musical americano. El momento en que se multiplican los filmes y las obras de Broadway deslumbrantes de colorido, derramando millones de dólares en puestas fabulosas con elencos enormes de gran calidad, con estrellas capaces de bailar, hacer tap, cantar, entregar todo el charme del mundo e ¡incluso actuar en algunas oportunidades!

Indudablemente la historia del espectáculo ligero guarda de aquellos tiempos la imagen de la burbuja de champagne y ha vuelto mítico todo lo que lo evoque. De allí que no es de extrañar que hace seis años se hayan "recuperado" fragmentos musicales de los hermanos Gershwin y construido a su alrededor un nuevo musical ambientado en los "años locos" que se llamó Crazy for you (Loco por ti) que se estrenó (lógicamente en Nueva York) con gran resonancia de público y crítica.

Hoy, ese material ha sido remontado en México, conservando la puesta original, a través de las producciones Fábregas, en su primer gran montaje luego del fallecimiento del "Sr.Teatro". El encargado de la puesta en nuestro país es Rafael Perrín, mientras que los diseños de iluminación y la producción ejecutiva fue tomada por Manolo Sánchez Navarro, otra generación que emerge de la misma familia, hoy encabezada por Fela Fábregas, aquella luchadora del teatro que está en todo (y todos los saben) aunque finalmente ni siquiera figure en programa.

Como casi todos los grandes musicales, Loco por ti apenas si transita por una leve estructura anecdótica (en este caso a cargo de Ken Ludwig) que naturalmente se ambienta en Estados Unidos, convocando la polaridad pueblo-ciudad (nada menos que Nueva York-Nevada) en los tiempos de las crisis para algunos y de la gran abundancia para otros. Allí se da la consabida historia de amor entre la muchachita emprendedora y valiente de la provincia, hija del dueño de un teatro venido a menos, y un joven empresario humanizado y talentoso para el baile que decide abandonar la banca por los escenarios.

Si la música juguetona y reconocible de los Gershwin es eje rítmico del trabajo, será lo complejo y variado de la escenografía (Robin Wagner) y la fastuosidad del vestuario (Ivey Long) aquello que intente constituirse en el principal atractivo para el espectador. En este tipo de puestas los objetos, su disposición, su rápido cambio, la sincronía de su uso y el brillo de su apariencia, originalidad y terminación, son tanto o más importantes que el equipo humano... aunque teóricamente deben funcionar como el fastuoso engarce de las gemas que los actores y bailarines representarían en esto del gran musical, que el gusto de los treinta calificaba como de "joya escénica", una alhaja no siempre auténtica pero seguramente vistosa y relumbrante donde todos saben que el dinero corre a raudales y se fabrican estrellas y estrellados en abundancia durante las vertiginosas semanas de ensayo.

Los intérpretes son Manuel Landeta en el estelar masculino, con un buen rendimiento y un prestigio previo dentro del género y Lisset, en el protagónico femenino. Aquí es un verdadero lanzamiento y resulta una figura no solamente bella sino con un desempeño de mucha presencia en cada una de sus apariciones, manejando las distintas habilidades que se le exigen con un plus de gracia que la hace centro de mirada en casi todas sus apariciones. Lo que aún le falta de madurez lo tiene de entrega, y con una voz sumamente atractiva.

El elenco es numeroso, y en los papeles principales se hallan Nitzi Arellano, Claudia Silva, Eugenio Montesoro, Angelita Castani y Simone Brook, entre muchos otros. El desempeño es parejo tanto en las figuras como en el reparto con una excelente coreografía de corte clásico, especialmente compleja y artificiosa, debida a la mano de Robin Wagner.

En definitiva, que nos hallamos ante el contra ataque de las producciones Fábregas a la ola de musicales que los tiempos derraman sobre nuestros escenarios. Y un contra ataque que debe estar a la altura del recuerdo de quien fuera admirada cabeza de familia y que tantas veces dentro del teatro comercial mexicano impusiera rumbos y estilos. Creo que es una lograda puesta al día... lo demás lo dirá el público.