FICHA TÉCNICA



Título obra Evita

Dirección Larry Fuller

Elenco Rocío Banquells, Luis Gatica, José Lavat, Sergio Acosta, Perla Aguilar

Coreografía Larry Fuller

Música Andrew Lloyd Webber

Notas de Música Tom Rice / letra original

Espacios teatrales Teatro Silvia Pinal

Referencia Bruno Bert, “Agonía de Eva”, en Tiempo Libre, núm. 929, 26 febrero 1998, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Agonía de Eva

Bruno Bert

Eva Perón es una figura eminentemente latinoamericana que entró al mito de la mano de millones de argentinos que hicieron de ella su bandera reinvindicadora. Claro que además del talento indudable que manejó en vida, se daban en ella todos los componentes para que la imagen fraguara: desde belleza y juventud hasta una muerte prematura en el pináculo mismo de su fama; sumándole una procedencia más que humilde y un claro rencor de clase contra los mismos enemigos que tenía ese pueblo que la apoyó y encumbró ai poder. Por supuesto fue una mujer polémica, contradictoria, de facetas muy acentuadas que no excluyen conos de oscuridad, pero continúa representando —y esto ya a niveles mundiales— una imagen de lucha.

Desde otra perspectiva, pero con elementos muy similares e igual nacionalidad, hallamos al Che Guevara. Dos figuras símbolos que hoy se vuelven de una interesante pertinencia. Y son ellos dos justamente (que nunca se conocieron, ni tuvieron vinculación alguna) los que el musical Evita toma para enfrentarlos y disolverlos. Claro que dentro de un espléndido espectáculo con excelentes canciones y un gran despliegue en la puesta. Han transcurrido alrededor de 25 años desde su estreno mundial y hoy volvemos a verlo en él. Silvia Pinal, con Rocío Banquells en el protagónico al igual que en su primera versión mexicana.

Recuerdo que cuando lo vi en origen (fuera de México) me sentí indignado y fascinado al mismo tiempo. Lo primero por la degradante manipulación ideológica de las dos figuras y lo segundo por la indudable capacidad de volver ese mensaje deleznable en un producto brillante, atractivo, conmovedor por momentos, con todo el talento, el oficio y también todo el dinero, por supuesto. Ha pasado mucho tiempo y la puesta que nos presentan hoy no tiene ni la precisión, ni la novedad ni el impacto de aquella vista hace tantos años, aunque en lo esencial sea la misma. Más bien uno tiende a hacer comparaciones con la versión fílmica, más cercana en el tiempo y con los rostros de Madona y Antonio Banderas en los polémicos protagónicos. Y así como el film no funcionó a pesar de las figuras que lo poblaban y los largos antecedentes de haber sido un éxito escénico, hoy tampoco la versión teatral interesa demasiado al público, que asiste muy parcamente y aplaude los distintos números con más cortesía que entusiasmo.

Sin embargo, no creo que la falta de repercusión se deba a las consideraciones ideológicas. Es más bien que esta versión está como asordinada a pesar del intento de entrega que se advierte en el elenco. Todo está como si el material original les quedara grande. No hay un desborde de energía que nos invada, que exceda el marco de la puesta para volcarse en la conquista del público. Todos están como un paso más atrás, tratando de llenar un traje que los supera. Ese meterse en la "camisa de once varas" que expresa el refrán.

Así, no hay una crítica específica que hacer a tal o cual interprete —aunque son sólo cinco los de peso— o incluso a las habilidades coreográficas del nutrido elenco, sino que en general, como espectadores recibimos la sensación que se nos está entregando un producto agónico y desdibujado.

Rocío Banquells no dibuja mal a Eva, aunque parece manejarse constantemente entre el fastidio y la desesperanza. Luis Gatica, al menos para mi gusto, resulta demasiado apegado a la remembranza de Banderas, que es un pésimo actor. Creo que debiera lavarse el referente y otorgar más personalidad a su personaje. Y en lo que hace a José Lavat, su trabajo es correcto pero a kilómetros de la personalidad avasallante de Perón. La voz de todos, con algunos altibajos, mantiene la presencia que pocas veces da, en cambio, el cuerpo.

En definitiva, Evita descanse en paz.