FICHA TÉCNICA



Título obra ¿Quién mató a Seki Sano?

Autoría Adam Guevara

Dirección Adam Guevara

Elenco Miguel Flores, Carlos Cobos, Antonio Algarra

Escenografía Anna Irene Meneses

Iluminación Mario Mendoza

Vestuario Anna Irene Meneses

Espacios teatrales Teatro Salvador Novo

Referencia Bruno Bert, “Subjetividades”, en Tiempo Libre,núm. 927, 12 febrero 1998, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Subjetividades

Bruno Bert

Adam Guevara es un autor y director que siempre se ha sentido atraído por un teatro vinculado a la abierta defensa de las luchas sociales; a las rememoraciones del 68 y a los cuestionamientos ideológicos al interno de la estructura familiar. Claro que ese teatro político y combativo ha ido sufriendo modificaciones a través de los años y las coyunturas que los acompañan.

Así, sus últimos trabajos —siempre en el doble rol de autor y director— conservan lo esencial de esos postulados, pero intentan una mayor poetización tanto de la imagen como del texto, una mayor inclusión de la imaginación sobre el documentalismo. Ahora, acaba de reponer en el teatro Salvador Novo de la EAT un material estrenado muy a fines del año pasado. Me refiero a ¿Quién mató a Seki Sano?

Para los que no están directamente vinculados con el teatro y su historia particular, conviene recordar que Seki Sano (1905-1966) fue uno de los grandes maestros de teatro, que introdujo en México una muy particular visión del trabajo de Stanislawski. Y junto con ese rigor técnico por una interpretación veraz y vivencial, también se hizo famoso por una profunda ética personal y un fuerte compromiso social de izquierda que le costó un largo peregrinar por el mundo (desde su Japón natal, pasando por la Rusia bolchevique hasta llegar a México) expulsado abiertamente en algunas oportunidades o negado para cualquier apoyo en muchas otras.

Guevara, en esta obra, no nos hablará de Seki Sano en tanto persona histórica concreta, sino que evocará ese temple y esa manera de encarar el teatro y se preguntará quién y cómo ha matado esa concepción que en última instancia es justamente la que siempre compartió corno creador y hombre social. Entonces, la historia es un cuento de fantasmas en este hoy como tiempo de transición, que sucede por supuesto en un escenario tal vez ya perdido y contiene a un viejo maestro que va siendo olvidado en medio de homenajes que sólo cubren su memoria de palabras, de circunstancia, y el empresario-funcionario que será el responsable de la formación de los nuevos planteles de actores y del nuevo concepto funcional del teatro... pese a quien pese y caiga quien caiga.

Es interesante porque el tiempo es implacable y quedarse a la zaga del mismo significa necesariamente ese olvido que Guevara denuncia con rabia e incluso con un poco de ingenuidad artística; pero adherir acrílicamente a las nuevas circunstancias también puede significar el aceptar esa imposición de la "excelencia" ramplona e infantiloide que intenta en estos momentos imponerse en nuestros escenarios con el descaro de los millones de dólares y sus incondicionales empleados de publicidad lanzados a vender lo que sea... y como sea, en su correlato de concesiones éticas y actitudes caníbales.

El discurso del teatro, para ser vivo y actual, debe saber encontrar un tercer camino, sin nostalgias por lo que ya pasó ni fascinación por las nuevas piedritas de colores. Tal vez equidistante del panfletarismo y la evasión. Y en este sentido resulta interesante ver este ¿Quién mató a Seki Sano? porque seguramente encontraremos en él material para la polémica, y una honestidad de posturas que no puede ocultar sin embargo algunas debilidades en la factura del discurso tanto dramatúrgico corno escénico. Tal vez demasiadas palabras, tal vez poca sustancia en las imágenes y esa ingenuidad que antes mencionábamos, que es virtud por momentos y debilidad en otros. Afortunadamente, se cuenta con el trabajo central de tres actores de interés: Miguel Flores en el protagónico, con un muy buen rendimiento, acompañado por Carlos Cobos y Antonio Alga-rra. Ellos sostienen realmente el trabajo.

En definitiva, un material con varios puntos de interés que nos muestra a un Guevara actualizado en preocupaciones pero fijado asimismo, a un espectro teatral que nos habla del tiempo viejo. Un discurso que hoy se ve superado por el de las nuevas generaciones de dramaturgos y creadores, parados desde otra perspectiva tanto estética como histórica. Hay tal vez algo de cansancio, un mucho de empeño, tiempo de experiencia y un puñado de momentos que reclaman la atención. Es algo... aunque no lo sea todo.