FICHA TÉCNICA



Título obra Don Juan en Chapultepec

Autoría Vicente Leñero

Dirección Iona Weissberg

Elenco Demián Alcázar, Eugenia Leñero, Mauricio García Lozano

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, “Lecturas diversas de un Don Juan”, en Tiempo Libre, núm. 926, 5 febrero 1998, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Lecturas diversas de un Don Juan

Bruno Bert

En la temporada pasada la Compañía Nacional de Teatro varió su perspectiva tradicional de elección de obras decidió acercarse a temas que pudieran ser çonfrontados desde distintos puntos de vista. El primer objetivo elegido fue el tema del Don Juan, uno de los grandes arquetipos de la literatura española. De allí nacieron básicamente tres productos: El burlador de Tirso, creado y dirigido por Héctor Mendoza; Don Juan, de Molière, en una adaptación dirigida por Ludwik Margules y Don Juan en Chapultepec, de Vicente Leñero bajo la dirección de Iona Weissberg. Los dos primeros espectáculos ya fueron comentados en su momento y ahora acabo de ver el último recientemente repuesto en El Granero.

Es imposible no compararlos porque en definitiva para eso fueron construidos, pero las diferencias son tan grandes en cuanto a concepción y objetivos que indudablemente cobran una fuerte independencia entre sí. Digamos que tal vez el de Leñero es el más modesto en objetivos, y posiblemente por eso mismo también el más logrado de los tres como producto final de autoría y dirección.

Anecdóticamente se centra en las relaciones de Don José Zorrilla —el autor del celebérrimo Don Juan Tenorio tan montado entre nosotros todos los años— con Maximiliano y Carlota durante el periodo en que él vivió en México y fue encargado por el emperador para crear un "teatro nacional" bajo la bandera realista. El texto resulta atractivo desde distintos puntos de vista. Por un lado en el hecho mismo de cercanía a lo mexicano, por el otro en su capacidad de tejer lo íntimo y lo social, la ficción y la realidad de una manera muy equilibrada y por último por permitir una lectura ideológica sobre el tema, sin ilustraciones ni didactismos inmediatos. Así, el Don Juan y el "donjuanismo" pueden verse por la presencia del texto homónimo y de una manera crítica por el propio autor, pero también a través de los enredos amorosos y desgraciados del propio Zorrilla, de Carlota y del mismo Maximiliano, formando un insólito triángulo que puede leerse en lo inmediato, rescatando el sentido de la pasión intrínseco al tema, pero también a través del sentido efímero de conquista y fracaso que implicó la aventura del imperio.

Entonces, un texto inteligente, muy hábilmente estructurado, con una multiplicidad de sentidos en la lectura sin una innecesaria complejidad o hermetismo en la trama. Y también una dirección capaz de rodear con limpieza los sentidos del texto para poder poner lo suyo sin exceso, pero con clara presencia, no sólo en el manejo de los actores, sino en el juego del montaje, donde la lectura dramática se enriquece sin entorpecerse en su traslación escénica. Muy acertado, por ejemplo, el juego simbólico de las danzas entre Zorrilla y los dos integrantes de la pareja real, sea esto un hallazgo del autor o del director.

El espacio está manejado por Gabriel Pascal, aunque su nombre aparece vinculado a Tolita y María Figueroa, incluyendo en un solo rubro la escenografía, el vestuario y la iluminación. Interesante el logro de conjunto. Todo tiene un aire de teatrino o de esas casas de muñecas a las que eran tan afectas las niñas ricas de la época victoriana. Y así de nuevo el juego de cajas y lecturas, porque se hace presente el teatro dentro del teatro en la constante presencia de los reflejos tanto en las imágenes como en los sentidos e incluso en la circularidad propuesta por Leñero en la construcción dramatúrgica.

Zorrilla está asumido por Demián Alcázar, Carlota por Eugenia Leñero y Maximiliano por de Mauricio García Lozano. El trabajo de los tres es homogéneo y de corte naturalista, pero hay una cierta dureza —sobre todo en la pareja imperial, que no es clara si se halla en la concepción de la dirección (como una cierta reminiscencia de muñecos o personajes) o si se debe a los actores. Creo que podría ganar en calidad si fuera más claro el punto. Asimismo, en Carlota se encuentra tal vez un exceso de cotidianidad no cortesana, más bien popular y clasemediera, en confrontación con las elaboradas y artificiales maneras de su esposo. Recuerdo aquella etiqueta que obligaba a los amantes nobles a tratarse de usted, para conservar distancia que salvara las formas. En fin, tal vez la "locura" de Carlota...

Para cerrar, un espectáculo breve, gustoso y que vale la pena aprovechar en la temporada que comienza.