FICHA TÉCNICA



Título obra Filicidio

Autoría Cecilia Lemus

Dirección Cecilia Lemus

Elenco Lourdes Echeverría, Martha Sánchez, Mario Balandra, Gustavo Muñoz, José Patiño, Fernando Briones

Escenografía Fabiola Hidalgo

Iluminación Fabiola Hidalgo

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Bruno Bert, “Acto Bizarro”, en Tiempo Libre, núm. 925, 29 enero 1998, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Acto Bizarro

Bruno Bert

Estamos aún en el periodo de reposiciones. La obra que acabamos de ver corresponde a un estreno cercano al fin de año que muy pocos tuvieron la oportunidad de apreciar en el teatro La Capilla, en Coyoacán. Se trata de Filicidio, un espectáculo creado por Cecilia Lemus muy dentro del sistema de lenguaje y la poética que la caracteriza.

Una vez más el medievo aparece como un espacio fértil para sus reflexiones y para lo abigarrado de sus imágenes, cercanas a aquellos tapices franceses donde se narra la leyenda del unicornio, sólo que aquí todo es menos luminoso y mucho más batailliano. De nuevo, la fascinación por el universo de formas de aquellos tiempos se relaciona también con su manera de hacer teatro, con muchos de los "cuadros vivientes" de aquel entonces, sus carromatos ambulantes, sus reclamos tamboriles y sus telones y cortinas que no esconden sino más bien permiten intuir y esperar el estupor de la escena siguiente. El teatro como juego abierto, como interpretación declarada con trampas y trucos a la vista, pero también con la inquietud que puede despertar la transgresión encarnada en el actor, ese personaje multiforme, polifacético, tan cercano a lo angélico y a lo demoniaco como para ser expulsado no sólo del seno de la iglesia sino hasta de la tierra sagrada de los camposantos, siempre perdido o salvado por el límite mismo del riesgo que asume sobre la escena en el espejo peligroso del personaje, como un abismo insondable en el que se sumerge en cada representación. Naturalmente estamos hablando desde la perspectiva del espectador medieval, tal vez más ingenuo pero seguramente tan ávido como el actual de ser introducido a un mundo donde sorprenderse, distanciarse, entretenerse y aprender, en la crueldad de un extraño teatro didáctico, inserto en un mundo que tenga una relación activa con él y no sólo le produzca el leve sopor que casi todo el teatro produce en los espectadores actuales. Esto no quiere decir que Cecilia Lemus logre exactamente en sus obras este desideraturn, pero se lanza con dientes y uñas para alcanzarlo y seguramente lo halla en una minoría a los que considera sus interlocutores. Es un teatro que tiene mucho de infancia, no por lo edulcorado sino por lo pesadillesco, ya que al niño real, sus miedos y deseos se le vuelven imágenes frecuentemente terroríficas. De allí la recurrencia a la magia, esa forma prelógica de aferramiento de la realidad, y la importancia de lo sexual, acaballado a ambos márgenes de la frontera entre la posesión y la entrega, el instinto y el amor, término este último medular en el discurso de Filicidio, palabra que por supuesto significa matar a los hijos.

La anécdota de la obra tiene todo el sabor de las leyendas y por supuesto no faltan brujas, torres encantadas que tienen encerrados a príncipes, y también asesinatos rituales con padres que devoran a sus hijos y madres abismales que fornican con enanos jorobados a los que finalmente asesinan, en una mezcla entre la mitología pagana y las consejas de los cuentos medievales. Es interesante que el grupo haya dedicado la obra a los padres, claro, pero también a todos los locos del mundo.

En el plantel de intérpretes destaca el trabajo de Lourdes Echeverría, en el papel de la bruja enamorada montada en un enorme pez (la boca del mismo en el teatro medieval significaba el infierno) y de Mario Balandra, como la reina madre, un personaje y un trabajo que por momentos cobraba reminiscencias de Alejandro Reyes, ese actor de muy grato recuerdo.

En definitiva, un trabajo que decíamos lleva el sello de la identidad artística de Cecilia Lemus, y que por lo tanto porta todo lo bueno y también lo débil que por momentos caracteriza a su teatro. Un material que seguramente gustará a su público habitual y a todos aquellos a los que les atraiga un espectáculo bizarro, como pintado a grandes trazos en la cripta de alguna iglesia (o algún subconsciente) ya desacralizada. Para los demás la cartelera es amplia.