FICHA TÉCNICA



Notas El autor hace un balance crítico del teatro en 1997

Referencia Bruno Bert, “Bajo el signo del fuego, II y última”, en Tiempo Libre, núm. 921, 1 enero 1998, pp. 12-13.




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Referencia Electrónica


Teatro

Bajo el signo del fuego / II y última

Bruno Bert

La semana pasada hablamos exclusivamente de los dramaturgos extranjeros que poblaron nuestros escenarios durante la temporada 98. Hoy mencionaremos otros fenómenos que caracterizaron el mismo periodo. En primer lugar es justo mencionar aquellos espectáculos que nos merecieron mayor interés.

Supongo que existe prácticamente consenso entre la crítica en relación a que El caballero de Olmedo, en la puesta que Luis de Tavira hiciera de la obra de Lope, ha sido uno de los trabajos más logrados de la temporada. En definitiva es justo que ese eje de interés por los clásicos que mencionábamos en la nota anterior, diera al menos un fruto maduro y sabroso. Pienso que esencialmente fue un juego de estilo, un desafío interesante para un creador avezado. No se pone en juego la complejidad de un discurso conceptual, sino sobre todo la articulación del mismo con estructuras formales que resulten al mismo tiempo contemporáneas y barrocas, de gran atracción y espectacularidad. Y, repitiendo lo que siempre afirmo al hablar de esta obra, Philippe Amand desde su función de escenógrafo e iluminador, se vuelve uno de los pilares fundamentales del trabajo, confirmándose como el más sólido profesional del área. Una pena que por su elenco tan numeroso y lo enorme de sus estructuras no nos haya podido representar en Cádiz, en lugar de alguno de los productos un tanto débiles que para allá viajaron.

Otro trabajo memorable pasa por las antípodas del que acabamos de mencionar, porque abarca apenas cuatro trazos en el espacio y compromete a un solo actor. Me refiero a Maquillaje, la obra de Hisishi Inove, que bajo la dirección de Wendell Cordtz pusiera en escena Angélica Aragón. Aquí lo fascinante pasa por una investigación de lenguaje, ya que la caracterización queda distanciada de una copia a una actuación japonesa de teatro clásico, aunque tiene raíces de ello. Tampoco es el ejemplo de una visón folclórica del oriente por una actriz occidental, aunque ella sea en definitiva la base, ni es solamente un ejemplo de teatro popular tradicional. Son la suma de estos tres componentes en manos de una intérprete no sólo dúctil sino también conocedora de las diversas técnicas empleadas, lo que hace que Maquillaje haya significado un punto de indudable interés y calidad en nuestra temporada 98. Tal vez no fue acompañada de la cantidad de público que siguió a El caballero de Olmedo, pero también es cierto que su lenguaje era mucho más complejo para el gusto y la costumbre de un espectador medio.

Y para alejarnos del valor de la palabra escrita o hablada, quiero mencionar como tercer material relevante la creación de un director sumamente parco en sus productos. Me estoy refiriendo a Pablo Mandoki. De él habíamos admirado aquel Baile de una pieza sin música hace ya casi diez años. Ahora trajo este Informe meteorológico, que siguiendo una misma línea de investigación y un grado no desdeñable de pesimismo, nos puso de nuevo sobre los intereses de los creadores alternativos mexicanos. Un poco pintores solitarios de alucinaciones sociales y personales. Tampoco aquí el público

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abarrotó la sala ni formó largas colas fuera del teatro, pero ya sabemos que calidades y cantidades no siempre vienen hermanadas.

También otros fenómenos aparte de las puestas son interesantes de recordar dentro del proceso de este año. El primero de ellos es la extensión y características que está tomando el teatro comercial en México. Este espacio tradicionalmente fue de reducidas dimensiones en relación al teatro institucional, careciendo además de pretensiones propiamente artísticas en una clara delimitación dentro del espectáculo "de entretenimiento", con figuras más o menos conocidas en ese espacio o procedentes de la televisión. Sólo algunas excepciones intentaban algo de mayor vuelo, yá sea comprando puestas internacionalmente probadas durante largas temporadas o arriesgando algunas producciones especiales. Incluso los productores eran, como los Fábregas o Silvia Pinal, por ejemplo, artistas y empresarios simultáneos largamente queridos por todos. Pero la "muerte del Estado", ese fenómeno que abarca a todo el continente y aquí viene produciéndose a través de una larga agonía de muchos años, va dejando sin trabajo a grandes planteles de actores, directores, escenógrafos... creadores que antes canalizaban sus obras a través de los presupuestos oficiales. Y ese espacio va cubriéndolo un nuevo tipo de productor que tal vez tenga a Ocesa como ejemplo más claro y paradigmático.

Por último quiero mencionar algunos hechos que hablan de procesos de transformación en las estructuras que rodean a los espectáculos. Por ejemplo, este año se llevó a cabo el Primer Encuentro Nacional de Escuelas Superiores de Teatro. El primero. Ya era hora que todos los involucrados se pusiesen a pensar juntos sobre las deficiencias formativas de nuestros planteles de creadores y las formas de modificar esto. También se realizó el Primer Encuentro Nacional de Críticos y Periodistas Teatrales, otro verdadero hito, donde la prensa especializada comienza (¡y también era hora!) a debatir tanto la vinculación entre provincia y capital, como la definitiva necesidad de profesionalizar y elevar el nivel de la tarea de los críticos con una verdadera y sistemática formación académica.

Habría mucho más de qué hablar, pero lo iremos desglosando en las notas del año. Decíamos que se está fraguando un teatro nuevo, que por ello estamos bajo el signo del fuego. Apuesto que esas llamas nos fortalezcan y no sólo nos quemen.