FICHA TÉCNICA



Notas El autor hace un balance crítico del teatro en 1997

Referencia Bruno Bert, “Bajo el signo del fuego, I”, en Tiempo Libre, núm. 920, 25 diciembre 1997, p. 11.




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Referencia Electrónica


Teatro

Bajo el signo del fuego / I

Bruno Bert

En la visión panorámica que hicimos hace un año, veíamos en el teatro mexicano un territorio donde apuntaban los primeros signos de cambio, de transformación de una etapa ya agotada hacia otra aún incierta, sin rumbos claros. Hoy, esa tierra de transición se ha profundizado y de ella extraemos algunos elementos de reflexión. En primera instancia, el balance de la temporada que acaba de concluir debe destacar un fenómeno: la abundancia y variedad de autores extranjeros que han interesado a nuestros directores. Y esto como una mirada lanzada de manera plural hacia todos los tiempos y geografías creando dos variables de importancia.

La primera es un eje que busca en los clásicos, sobre todo del siglo XVI y XVII, un nuevo aire de inspiración, y la segunda es una cosecha de autores con una variedad muy llamativa.

Ese convocar autores de época se entiende como un ir a las raíces del teatro de texto occidental y contemporáneo.

De hecho hasta la misma Compañía Nacional de Teatro favoreció esta tendencia lanzando el mito de Don Juan como temática sobre la que varios directores convergieran para darnos su visión del tema con producción del INBA. La idea parece fértil. De allí nacieron El burlador de Tirso, con texto y dirección de Héctor Mendoza y Don Juan, la adaptación que hizo Margules del homónimo de Molière. Dos de nuestros más destacados hombres de teatro de la "vieja guardia" saliendo a la palestra del aggiornamento de los clásicos, a mi entender con no muy afortunados resultados. Pero muchos otros han abrevado por las mismas fuentes cuando hasta apenas el año pasado era raro que hubiera más de dos o tres títulos de cartelera sobre esta vertiente. Estamos hablando de El caballero de Olmedo de Lope con dirección de Luis de Tavira; Entre bobos anda el juego, de Francisco de Rojas, montado por Rosenda Monteros; El retablo de las maravillas, de Cervantes; El mercader de Venecia y Hamlet, ambos de Shakespeare, montado por Martín Acosta este último; Las mujeres sabias, de Molière, por Pepe Caballero... y las que me dejo en el tintero por cuestión de síntesis.

Salvo una rara excepción, en ninguno de los casos este abrevar de las fuentes dio productos que asombraran por su calidad o la riqueza de su relectura. Fueron puestas decorosas que implicaron muchas más preguntas que respuestas.

Pero al menos estas quedaron formuladas y creo que eso también es valioso. Y a otros que también se les preguntó por nuestro teatro, usando el de ellos como distancia reflexiva fue a esa asombrosa variedad que mencionábamos antes. Estuvieron los orientales, por supuesto encabezados por Mishima, con Sotoba Komashi y la adaptación de Música.Pero también de Japón fue Maquillaje de Hisashi Inove. Y aquí las preguntas fueron tanto filosóficas como formales, en relación al lenguaje del actor, que en el primero de los casos usa como referencial al Nô, en el segundo al teatro occidental de últimas horas y el último a una extraña y fascinante muestra entre el teatro popular de Japón, las influencias tradicionales y las escuelas de occidente. No es de extrañar que Angélica Aragón, que asumió ese monólogo que esMaquillaje resultara premiada por su excelente trabajo.

También se convocaron a autores geográficamente más cercanos, como pueden ser los (norte) americanos, de los que vimos ejemplos de Lanford Wilson (¡Al fuego!) y una interesante adaptación teatral de El cuaderno rojo, de ese gran escritor que es Paul Auster. En este caso los interrogantes son mucho más directos y vinculados con las preocupaciones de la última generación de creadores mexicanos. Pero ¿a quién no se convocó?, ingleses, antiguos (Bernard Shaw) y modernos (Albee o Shaffer), españoles, como es nuestro ya tan conocido San-chis, y también adaptaciones de Millas, por ejemplo; italianos tan poco recordados entre nosotros como puede ser De Filippo y hasta noruegos o hindúes, como Lars Noren o Radha Bharajwaj, para nuestro público completamente desconocidos.

Hace poco di una charla sobre pedagogía teatral que titulé Los caminos del retorno. Creo que viene al caso con lo que estamos hablando, porque también aquí, en nuestros directores, hay una clara necesidad de salir (a través de estas dramaturgias que mencionábamos) para volver con las alforjas llenas de nuevas ideas y de horizontes lejanos que den profundidad y sentido a nuestra propia historia y a nuestros propios lenguajes en una escena viva que se está forjando ahora, poniendo a nuestro teatro bajo el signo del fuego. Pero ésta es sólo la primera parte del balance de este año. Le seguimos la semana que viene.