FICHA TÉCNICA



Título obra Houdini

Autoría Antonio Calvo, Patricia Perrin y Rafael Perrin

Dirección Rafael Perrin

Elenco Enrique Chi, Lupita Sandoval, Lorena de la Garza

Música Calvo Sotelo

Espacios teatrales Teatro Benito Juárez

Referencia Bruno Bert, “Musical con cojera”, en Tiempo Libre, núm. 919, 18 diciembre 1997, p. 16.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Musical con cojera

Bruno Bert

Las comedias musicales en México, bajo los nuevos vientos de productoras como Ocesa, están cobrando una nueva dimensión y ocupando un lugar que hasta ahora resulta inédito. Y dentro de ese panorama de reubicación del concepto de teatro comercial en nuestro medio, acaba de estrenarse Houdini, la magia del amor, con un libreto de Antonio Calvo, Patricia y Rafael Perrin bajo la dirección de este último.

La historia narrada, en rasgos generales, es la vida de este mago y escapista considerado tradicionalmente como norteamericano, que tuviera gran éxito a principios de siglo, falleciendo a consecuencias de un accidente en 1926 a los 52 años. Su fama fue tan grande y duradera que su nombre aún hoy nos resulta familiar a todos, a pesar que posiblemente aquellas maravillas de habilidad no tengan para el público contemporáneo el mismo impacto que supusieron para nuestros abuelos o bisabuelos. Pero esa sensación de fama y la palabra "magia", son los elementos que probablemente sirvieron de piedra de toque que desencadenó la organización de este musical. Y una vez aquí, el gran Houdini se vuelve simplemente en la excusa soporte para desatar bailes, canciones, trucos y una historia de amor "capaz de mantenerse aún después de la muerte", que es realmente el material que se ofrece al público.

Por sobre todas las cosas se intenta el "gran espectáculo". En este sentido el teatro Benito Juárez no parece el espacio más ajustado, porque se trata de una sala pequeña, apropiada para teatro de cámara, y no para un gran despliegue con proyecciones, trampillas, escenarios múltiples, voladoras y demás implementos que exige un musical con pretensiones de gran envergadura. De hecho es evidente que el teatro entero, desde su butaquería hasta su equipamiento técnico, ha sido profundamente modificado y puesto al día, pero sigo pensando en espacios más grandes como posibles contenedores efectivos de obras como Houdini. Incluso porque aquí el público está demasiado cerca de los actores y de toda la parafernalia escénica, cuando la magia exige una cierta distancia para gustar de los efectos.

De todas maneras, el espectáculo, en su estructura, es bastante endeble, poco interesante, con largos momentos de caídas pronunciadas y un final no demasiado feliz, climáticamente hablando. Valen los impecables juegos de magia al interno, algunos números muy bien logrados en cuanto coreografías y el trabajo de los actores, que muestra un sentido profesional que no es muy habitual entre nosotros, con esa pluralidad de habilidades (cantar, bailar, hacer magia y además actuar) que más bien se da dentro de los espacios formativos norteamericanos. Es decir que en Houdini, más que ver un gran espectáculo, lo que estamos presenciando es el proceso de desarrollo de un concepto de hacer teatro que hasta ahora aquí se practicaba poco y se conocía más bien por importación. Así, se advierten aún los desajustes en relación a los modelos originales y un cierto grado de fatiga para poder competir con ellos con la misma grandilocuencia y eficacia. Sin embargo, por supuesto, lo primero que asombra es el manejo de la precisión, virtud fundamental en un artista, aquí indispensable y sin embargo bastante poco presente en el resto de nuestro teatro.

Houdini está interpretado por Enrique Chi. No puedo decir que sea un gran actor, pero sí un artesano muy hábil capaz de asumir todos los roles que antes mencionábamos y hacerlo con eficacia, lo que evidentemente no es poco, ni por parte de él ni por parte del director que lo guía en su trabajo. El elenco es muy extenso para nombrarlos a todos, pero digamos que los dos protagónicos femeninos —madre y esposa— son llevados con agilidad por Lupita Sandoval y Lorena d'la Garza. Los demás forman un grupo, con momentos de solistas y un buen nivel en ambos desempeños.

En definitiva, que nace la exigencia de un nuevo tipo de actor comercial en un mercado tal vez todavía parco en producir en serie este tipo de intérpretes. La calidad de la estructura es mejorable y la fórmula global del "musical mexicano" exige ajustes a pesar de llevar bastante avanzado el camino. Los famosos escapismos de Houdini están llevados a cabo con impecabilidad, aunque comprobemos, que aún en la magia, las cosas cambian y, tal vez junto con el circo, ya no tengan aquel fuerte impacto de antaño en el público actual. De todas maneras, toda una zancada en el teatro de distracción.