FICHA TÉCNICA



Título obra Música

Autoría José Caballero

Notas de autoría Basado en una novela homónima de Yukio Mishima

Dirección Raúl Quintanilla

Elenco Juan Carlos Colombo, Monica Dionne, Verónica Merchant

Escenografía Philippe Amand

Iluminación Philippe Amand

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, “La música de Mishima”, en Tiempo Libre, núm. 914, 13 noviembre 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La música de Mishima

Bruno Bert

José Caballero parece estar especialmente interesado por la obra de Mishima. Hace unos años le vimos un interesante montaje de La Marquesa de Sade, y ahora, no ya como director sino como dramaturgo —creo que es la primera vez que veo un trabajo suyo, en este rol— se acerca nuevamente a la producción del polémico escritor japonés, creando una adaptación teatral de su novela Música. No es ésta una de sus obras más difundidas y en lo personal no la he leído, así que juzgaré el material a partir del propio Caballero, de lo que de él podemos ver en el escenario, y no de Mishima al que en todo caso tan sólo usaré como un posible referente.

La trama se desarrolla en torno a las relaciones de un sicólogo, por un lado, con una paciente y por el otro con su pareja, otra doctora a la que va narrando las incidencias del tratamiento sin ocultar el cierto grado de fascinación que siente por la joven y bella muchacha. Estas relaciones paralelas como ejes de la historia y el sucederse todo en el ámbito cerrado de las emociones y las cabezas, han sugerido al escenógrafo e iluminador Philippe Amand, un espacio cerrado de amplias dimensiones con tres grandes ventanales al fondo, reminiscencia tal vez de este particular "trío". El vano de dos grandes puertas, a cada lado, deja pasar dos rieles longitudinales que a vista del público acercan, alejan, cortan o unifican el espacio de la acción a partir de muebles, que queda así único y plural al mismo tiempo. Predominan los colores neutros y pálidos para poner en contraste, a través de la luz de las ventanas y las ropas de los personajes, la situación anímica correspondiente a cada bloque de escenas. Como verán es todo un juego de "buen gusto", que aquí entrecomillo porque se relaciona al mismo tiempo con los valores predominantes en ese personaje central que es el sicólogo. Tal vez no casualmente el director del espectáculo, Raúl Quintanilla, está vinculado profesionalmente con la sicología además del teatro, como actividades paralelas y en este caso posiblemente complementarias. Es decir que seguramente la visión del director tuvo aquí un peso de especial importancia en la elección de un entorno que habla tanto como el texto mismo. Pero más allá de las presunciones, digamos que existe un excelente acuerdo entre el texto de Caballero y la escenografía e iluminación de Amand para la generación de un discurso complementario.

Otro acierto se encuentra en la manera en que el director aceptó el fraccionamiento de los textos pero los continuó sin embargo en la línea visual, creando así un continium que aligera y trenza más ajustadamente la narración.

El tema central es la idea, posiblemente muy occidental, de que atada a la cola del hilo de la "verdad" va de seguro la salud y tal vez hasta la felicidad humana; contrariamente a esa pluralidad oriental donde las muchas posibles verdades recrean mundos autónomos que no necesariamente se miden con nuestros parámetros de dicha o desgracia. De allí el sicólogo y su recorrido a través de la ambigüedad de la historia. Aquí ese referente que tendría que ser el propio Mishima se encuentra visible a través de la obsesión por la muerte, lo torturado de los caminos en busca de un placer sexual de difícil alcance y un cierto barroco recreo de las ideas, que Caballero ha •tratado de suavizar a través de un lenguaje cotidiano y una ubicación mexicana para la acción, esto último tal vez más divertido que necesario.

Tenemos como actores en los roles principales a Juan Carlos Colombo asumiendo al sicólogo, Verónica Merchant en la paciente y Mónica Dionne como esposa-colega Los tres muy sólidos y disfrutables, aunque tal vez un poco excesivamente superficiales (la mano del director, sobre todo en el segundo acto, acerca peligrosamente la obra a una comedia, creando algunos desequilibrios en la intención de agregar algo de humor), incluso más de lo que admitiría el soporte dramatúrgico. Van acompañados por Luis Artagnán, Guillermo Larrea, Gabriel Ronquillo y Valeria Osuna. En ellos se da una extraña tendencia a la simplificación, creando, seguramente por indicación de Quintanilla, como perfiles casi distanciados de cualquier carnalidad.

En definitiva, un material interesante, con perfiles muy creativos en todos sus roles y también algunos puntos un tanto cuestionables.