FICHA TÉCNICA



Título obra El loco amor viene

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Dirección Lorenzo Mijares

Elenco Enrique Arreola, Alejandro Benítez

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Infidelidad a Ibargüengoitia”, en Tiempo Libre, núm. 910, 16 octubre 1997, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Infielidad a Ibargüengoitia

Bruno Bert

El nombre de Jorge Ibargüengoitia siempre ha provocado irritación dentro de la literatura mexicana, más después de su muerte acaecida en 1983, y más aún si se trata de sus textos de teatro. Una y otra vez se los ha asumido desde la culpa, como un desagravio frente al fracaso declarado que éstos tuvieran en vida del autor; y una y otra vez se ha pretendido de ellos una monumentalidad y una trascendencia que está totalmente fuera de las verdaderas perspectivas con que hay que ver esos materiales. Y así, sin mucha frecuencia pero tampoco con excesiva distancia, nuestra escena va presenciando la reposición (y a veces el estreno, ya que varios de sus trabajos jamás llegaron al escenario) de los títulos que conforman el corpus de su dramaturgia. Ahora se está presentando en La Gruta del Helénico un juguete escénico que se llama El loco amor viene.

En lo personal no he tenido la oportunidad de conocerlo sino a través de los muchos comentarios de los dramaturgos de la generación de Vicente Leñera (quien por cierto le dedicó un interesante libro hace ya varios años, que parafrasea en el título una de sus obras narrativas), o de sus escritos mismos a los que he leído con mucho placer, sobre todo en el caso de sus nove- las. Pero mi opinión es que a Ibargüengoitia hay que gozarlo por su ligereza, por su sentido del humor, por su capacidad fluida para construir situaciones, por un interés por la realidad circundante que no lo obliga a la pesadez del testimonio sino a la imaginación irónica que transforma, lo que es por lo que podría ser y sobre todo por no haber matado a través del oficio a una especie de niño permanente que se escapa todo el tiempo entre sus páginas haciendo guiños de complicidad. Como lector le estoy agradecido no porque me haya dejado grandes enseñanzas ni insuflado pensamientos insuperables y profundos, sino porque con él pasé muy buenos momentos, inteligentes, leves y sabrosos como esos platillos que tantas veces describe en sus obras. Y eso es más de lo que puedo decir dé muchos famosos escritores de la literatura universal.

El hecho es que ahora podemos ver El loco amor viene. Es una fábula —transformada, claro porque ahí está el chiste—con su natural pizca de crueldad y su historia de amor entre Juan el peregrino y María, la muchacha raptada y esposada por el gigante. La anécdota es clásica: Juan es un romero que va en peregrinación a un santuario cumpliendo una manda.

En el camino se cruza con la casa de María, la honesta esposa de un gigante invencible que la raptara años antes, y se enamora de ella. Por ese amor se hace valiente y lucha con el esposo raptor en un duelo que habrá de terminar indefectiblemente, con la muerte del pretendiente para poner a salvo la virtud del matrimonio legítimo. Y así sucede, pero sin embargo... y aquí Ibargüengoitia vuelve el cuento moderno y con una gran finura de trazo manda al cuerno al mundo convencional, imponiendo esa particular visión de la mujer, entre pervertida y pervertidora, que tantas críticas le atrajera por lo reiterada.

La dirección de la puesta es de Lorenzo Mijares, que además es también responsable —junto con Martha Jauffred— de una escenografía de tela como teatrino de marioneta. Hecho acertado porque bien puede montarse como tal. Mi única crítica es una pérdida absoluta de ritmo, que vuelve a toda la narración lenta, y pesada cuando posiblemente ganaría muchísimo de haber sido trabajada —dentro de la misma línea— en el sentido contrario: ágil, juguetona, con mucho más sentido musical y picardía, equilibrio entre la remembranza "infantil" y una ironía entre poética y de cabaret; dada cuenta que en definitiva se trata de una obra para adultos cuya tesis es que hay que tirar a los maridos (bueno, tal vez a algunos, los que ya han criado panza de cocodrilo) al barranco, para poder así llorarlos con las manos (y la cama) libres. Los actores son Martha Claudia Moreno (María), Enrique Arreola (Juan) y Alejandro Benítez (Pedro). Los tres están muy bien en lo suyo, destacando la mujer y el joven que da la vida por amor.

En definitiva, que creo que la mejor forma de mantener viva la memoria de Ibargüengoitia es acoplarse al goce, a veces un poco torturado y melancólico pero goce al fin, que se desprende de sus trabajos... incluyendo los dramatúrgicos.