FICHA TÉCNICA



Título obra Entre bobos anda el juego

Autoría Francisco de Rojas Zorrilla

Notas de autoría Rosenda Monteros / adaptación

Dirección Rosenda Monteros

Elenco Fernando Santos Santos, Óscar Narváez, Virginia Gimeno, Julio Palacio, Marco Salcedo

Música Juan Carlos Nieto Chao

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Referencia Bruno Bert, “No es lo mejor pero...”, en Tiempo Libre, núm. 906, 18 septiembre 1997, p. 15.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

No es de lo mejor pero...

Bruno Bert

El Foro Dramático de México, dirigido por Rosenda Monteros, ha estrenado un nuevo trabajo en el teatro Jiménez Rueda, espacio donde ya pudiéramos apreciar su puesta anterior. Es una adaptación, bastante fiel al original aunque reducida en tiempos, de Entre bobos anda el juego, de Francisco de Rojas Zorrilla.

Evidentemente éste es un año que se presenta inusualmente pródigo en referencia a montajes de ejemplos del barroco español. En este caso, con un autor bastante conocido en cuanto a nombre pero muy poco solicitado por los directores de nuestro medio es la primera obra de él que veo en los últimos diez o doce años, que indudablemente prefieren a Lope, Tirso o Calderón para confrontarlos con el gusto contemporáneo.

Entre bobos anda el juego o Don Lucas del Cigarral, como también se llama, es un material de madurez, suficientemente atractivo como para servir de modelo a dramaturgos de la talla de Corneille, Scarrón o Lasage, que la tomaron casi literalmente para su propia literatura.

Se trata de una comedia de enredos que impone en este tipo de teatro el personaje de "figurón", es decir un co-protagónico ridículo en sus actitudes casi molierescas (y estamos hablando de escritor anterior al autor del Tartufo), singularmente antipático cuando más se juzga noble y digno. Por supuesto el núcleo anecdótico es una historia de amor, y siendo comedia tendrá un final feliz. No falta el padre despótico y necio, la pareja de enamorados, las parejas secundarias, los criados astutos y por supuesto el figurón de marras, en este caso pretendido marido y verdadero protagónico del que toma nombre la obra.

El estilo es perfectamente reconocible porque es el de Calderón, con sus mismas vertientes culteranas y esa cierta propensión lírica. Sin embargo, aunque el modelo es muy superior, tenemos en Rojas algunas características que le son propias, justamente en el plano de los personajes, de la manera de tratarlos, y en esto es especialmente distinguible la función de la mujer, excepcionalmente lúcida de sus derechos aunque éstos no sean respetados por la sociedad de su tiempo. Esto es particularmente importante porque sus protagónicos femeninos están así llenos de vida, con una inteligencia que no necesariamente se muestra dependiente de los gustos del hombre de turno, sea padre, hermano o marido.

Pero bien, para no extendernos demasiado en consideraciones al autor, digamos a manera de síntesis que éste presta al director un material sabroso que no tiene por supuesto la altura de los grandes del Siglo de Oro, pero sí la consistencia de un buen y experimentado dramaturgo. Rosenda Monteros sabe podar con inteligencia en la fronda barroca y lo que deja no muestra huellas de mutilaciones. Y con esto se lanza a una puesta que hallamos muy hermanada en lenguaje con la anterior: escenario despojado, vestuario más bien acotado (y aquí vinculado al siglo XIX, lo que nos da una relación implícita entre los enredos y corridas de la comedia barroca con los del vodevil decimonónico); fuertes participaciones corales, ritmo sostenido sobre todo por estructuras coreográficas, etcétera. Ventaja porque va generando un estilo, inconveniente porque se cae en repeticiones. De todas maneras es una puesta ágil, con un poco de didáctico y recursos mínimos a niveles económicos.

El elenco está compuesto por una docena de elementos, algunos de los cuales reconocemos como integrantes estables del Foro Dramático de México. Su desempeño coral es parejo, pero sus intervenciones particularizadas no siempre lo son. En este sentido, Marco Salcedo —interesante en su participación en el anterior espectáculo por lo específico de su habilidad—aquí se le ve necesitado de una mayor soltura para el juego específicamente actoral. Simpática la creación de Fernando Santos Santos con Don Lucas del Cigarral, claro que dejándonos una imagen contradictoria de un "figurón" que más bien debiera resultarnos ridículo y rechazarte. Demasiado cercanas las creaciones de Virginia Gimeno y Alicia Levy como ama y criada, cuando la tipología de ambas debieran ser complementarias pero muy distintas en ritmos y proyección. En fin, que tal vez ameritaría un trabajo más detallado sobre la construcción de los personajes, posiblemente con el apoyo de algún especialista en el género, así como se recurre a uno por lo que hace al uso del verso. Esto ayudaría también a que algunos actores proyecten la voz y no sólo griten. Pero no se tome esto como lapidario sino más bien un intento de colaboración para el crecimiento profesional del elenco.

En definitiva, un material del que debiéramos opinar como de su dramaturgo: no es lo mejor de la temporada, pero si usted gusta del teatro clásico puede verlo con placer.