FICHA TÉCNICA



Título obra Muerte deliberada de cuatro neoliberales

Autoría Alejandra Trigueros

Dirección José Caballero

Elenco Eugenia Lenero, Larissa Guzmán, Román Walker, Gabriel Porras, Joaquín Rodríguez, Olga González, Alberto Castillo

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Manida quietud”, en Tiempo Libre, núm. 905, 11 septiembre 1997, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Manida quietud

Bruno Bert

Una vez más La Gruta, el pequeño foro del Helénico, y media docena de actores bajo la dirección de Pepe Caballero. Una obra de Alejandra Trigueros (la tercera que escribe y estrena) y el tema de la educación neoliberal, en las universidades norteamericanas, de los que serán nuestros economistas y tecnócratas. Y naturalmente una evocación de Darío Fo tanto en el título como en la manera de encarar teatralmente el asunto, crítica humorística y mordaz a la visión pequeño burguesa (¡Uf, qué vejez terminológica!)

También la estructura anecdótica es de corte "clásico", y convoca una cena de colegas en cualquier ciudad gringa donde se encuentran estudiando.

Es al término ya de sus carreras y coincide con la primera nevada de invierno. Son tres economistas dispuestos a lanzarse al mercado de trabajo ocupando altos puestos en nuestro gobierno, y la esposa de uno de ellos, ajena al culto a Keynes, más bien lectora de Selecciones y casualmente dueña de casa. Esa noche reciben a una pareja amiga del anfitrión, ambos mexicanos, un tanto trasnochados y dedicados a la antropología social. Como vemos, se han sembrado las estructuras básicas para desarrollar en el tono que sea —fársico por momentos, en este caso— una crítica a la pareja, al malinchismo, a los funcionarios cipayos, al momento político que nos toca vivir y a algunos elementos más que van implícitos en el desarrollo de las situaciones (el machismo homosexual, la tendencia al alcoholismo social, el rol de la mujer, etcétera).

Pertrechada con este modelo, la autora se lanza a la construcción de su obra. Para esto recurre a situaciones comunes en las relaciones de amistad y pareja y a frases comunes del léxico de los estudiantes de economía (o de cualquier cosa) que ven el mundo contenido entre los estrechos márgenes de lo recién aprendido... corresponda o no a su realidad social. Claro que tanto transitar por lo trillado está bien como elemento demostrativo para los personajes, pero no para la autora si se queda en el mismo punto. Y es lo que hace.

El inconveniente no radica tanto en la posibilidad de eficacia o fracaso de la fórmula, sino más bien en lo manido de la misma, a la que necesariamente nos vemos en la obligación de exigirle un plus de originalidad sea en la puesta, la escenografía o los actores, para no quedarnos con la sonrisa deslavada a la que apelamos frente a lo ya muy conocido. Y de hecho, que los hombres tiendan constantemente a menospreciar y dominar a sus mujeres —más allá de la clase y oficio; que las reuniones entre "amigos" se develen en realidad entre caníbales; que los antropólogos no son menos ciegos y esquemáticos que los economistas, y que a todos les valga madres lo que aquí realmente sucede... en fin que todo esto ya está muy visto y si se lo muestra así, en bruto, una vez más, sucede simplemente que deja de interesarnos por más verdades que contenga. Y en este caso no hay ningún renglón que aporte ese elemento, esa visión extraordinaria que permita "perdonar" lo demás. Ni luces, ni escenografía (a pesar que pertenecen a Philippe Amand, al menos como asesoría), ni actores. Sólo un trabajo de rutina en todos los niveles, incluyendo por supuesto el de dirección.

El montaje se muestra disparejo, con momentos de acierto y originalidad conviviendo con otros mucho menos eficaces, llevándonos por escenas y abandonándonos en otras a manos del "oficio".

Los intérpretes son todos bastante conocidos y solventes: Estela Leñero, aquí apenas destacable cuando la hemos visto en trabajos sumamente atractivos; Larissa Guzmán, Roman Walker, Gabriel Porras, Joaquín Rodríguez; Olga González y Alberto Castillo. Nombres todos que evocan obras más o menos recientes, algunas de ellas incluso de excelente factura. No hay malos desempeños, pero tampoco existe un horizonte de la altura necesaria como para gustar a cada uno como una invención particular y original acompañada realmente por una creativa dirección de actores.

En definitiva entonces, una muerte deliberada que no apena a demasiados, a pesar que material, tanto humano como temático, es claro que no faltó, aunque a último momento no fuera utilizado con la intensidad necesaria.